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| 7/30/2011 12:00:00 AM

Bright Star

La señorita Fanny Brawne se encuentra a sí misma en una inmortal historia de amor con el poeta romántico John Keats. *** 1/2

Título original: Bright Star

Año de estreno: 2009

Género: Drama

Guion y dirección: Jane Campion

Actores: Abbie Cornish, Ben Whishaw, Paul Schneider, Kerry Fox, Edie Martin, Thomas Brodie-Sangster.

"Cuando no sé de él -le confiesa Fanny Brawne a su madre-, es como si me fuera llegando la muerte: si recibo una carta suya, si leo de nuevo sus palabras, vuelve a existir la realidad para mí". Se refiere al poeta londinense John Keats, su vecino en la casa partida en dos de la familia Dilke, que se ha enamorado de ella para siempre porque "nada brilla con tanta firmeza en el cielo", porque solo ella, entre todas las mujeres, es capaz de ser ella. Todo ha sido testigo del amor que se tienen, pero todo ha querido impedir que se casen: los celos de un amigo, las preocupaciones de las familias, la tragedia de una enfermedad, la tuberculosis, que parece incurable. Pasarán a la historia de la literatura por sus cartas apasionadas y quedarán en la antología de los grandes amores, Keats será recordado años más tarde como uno de los principales poetas románticos ingleses y Brawne como una mujer valiente que se hizo a sí misma, pero por lo pronto, en los tres años, de 1818 a 1821, que cuenta la conmovedora Bright Star, el matrimonio sigue siendo un contrato desalmado.

Bright Star es, a todas luces, una película de la cineasta neozelandesa Jane Campion: una de las buenas. Campion ha descrito siempre, en obras tan perturbadoras como Sweetie (1989), Un ángel en mi mesa (1990), El piano (1993), Retrato de una dama (1996) y En carne viva (2003), la inagotable soledad de las mujeres. Con un talento crucial para la composición de imágenes contundentes, prueba de su pasado de pintora, ha logrado poner en escena dramas de mujeres indoblegables que se atreven a tener una voz en un mundo que no ha conseguido dejar de ser un coro de hombres. Bright Star, que toma su título de un extraordinario soneto que Keats le escribió a la señorita Brawne (el último terceto: "despertar siempre en dulce agotamiento, / quieto, quieto en los restos de su aliento, / y así vivir por siempre hasta morir"), cuenta de paso la brevísima historia de aquel poeta enfermizo, pero en verdad narra la búsqueda de Brawne.

Brawne, quien diseña su propia ropa como diciéndole a su sociedad que no hay una mujer igual a otra, y que en la primera parte de la película reconoce "no estar preparada para descifrar la poesía" (la interpretación de Abbie Cornish, del extravío a la fe, es una gran revelación), encuentra su voz frente a la voz de Keats más temprano que tarde: convertida, a fuerza del amor, en la persona que encara al poeta, consigue ser ella misma en un mundo en que conviene ser idéntica a las otras. Eso ha sido, hasta hoy, lo extraordinario del cine de Jane Campion: que no ha caído en discursos de ninguna clase, que ha retratado a las heroínas de sus largometrajes como seres irrepetibles, pero que, en el proceso de narrar mujer por mujer, ha ido descubriendo para nosotros que todas tienen en común el triunfo sobre una sociedad que se ha empeñado en someterlas.
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