Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/04/12 00:00

Bucarest 12:08

Esta sátira rumana, en apariencia sencilla, consigue reírse de un mundo que aún cree que la vida sólo sucede en los medios. ???1/2

Tres personajes cansados, el señor Jderescu, el señor Manescu y el señor Piscoci, recuerdan la revolución de 1989 en un patético programa de televisión

Título original: A fost sau n-a fost?
Año de estreno: 2006.
Dirección: Corneliu Porumboiu.
Actores: Mircea Andreescu, Teo Corban, Ion Sapdaru, Mirela Cioaba, Luminita Gheorghiu, Cristina Ciofu, Lucian Iftime, Annemarie Chertic, Petrica Sapdaru.

No se puede negar. Es cierto que, una vez incorporadas las ideas del Dogma 95 al mundo del cine, una vez probado que no hay que gastar millones de millones de dólares para hacer una buena película, son los cineastas rumanos los que les están dando lecciones de principios a los directores de hoy. Quien vea La noche del señor Lazarescu (2005), de Cristi Puiu; Bucarest 12:08 (2006), de Corneliu Porumboiu, y 4 meses, 3 semanas y dos días (2007), de Cristian Mungiu, las tres producciones rumanas más exitosas de los últimos años, redescubrirá la belleza de los planos largos, la inteligencia de las cámaras que esperan con paciencia la llegada de los personajes, la fuerza de las actuaciones contenidas, lo maravillosas que son las tramas simples, lo difícil que es escapar de los temas políticos, el suspenso que se vive en las cosas de todos los días y lo ridículos (lo patéticos, lo tristes, lo conmovedores) que pueden ser ciertos gestos humanos.

Revisemos, por lo pronto, el caso de Bucarest 12:08. Que no le teme a mostrar durante varios minutos una misma imagen, que no trata de resolver en el montaje lo que no se hizo en escena y que se queda ahí, quieta, en los lugares del relato, como si fueran igual de importantes que las personas. Bucarest 12:08, que sucede en un pueblo pequeño llamado Vaslui, cuenta el encuentro de tres hombres viejos, antipáticos, cansados de todo, en un decadente programa sobre la revolución rumana del 22 de diciembre de 1989. El primero de ellos es un antiguo vendedor de textiles, el señor Jderescu, que se ha convertido en un arrogante presentador de la televisión regional. El segundo es un profesor endeudado por cuenta del alcoholismo, el señor Manescu, que quiere demostrarles a todos que fue vital para la revuelta. Y el tercero es un pensionado malencarado, el señor Piscoci, que se ha vuelto una figura del lugar a fuerza de vestirse de papá Noel en las fiestas navideñas. Los tres, animados por las llamadas de los poquísimos televidentes que los siguen, tratan de responder una pregunta: “¿hubo o no una revolución en nuestro pueblo?” Se cumplen 16 años de la caída del dictador Nicolás Ceausescu.

Las actuaciones son impecables. El suspenso se da en una serie de escenas cotidianas en las que se sugiere que algo estallará algún día. El realismo, que incluso en la vida real resulta imposible de sostener, da lugar a un humor melancólico que pone en duda la verdad detrás de los hechos de un país, la buena fe de esa historia oficial que trata de probarnos que sí existen los héroes, la existencia de las grandes revoluciones. Y todo en apenas 89 minutos. En una primera parte en la que se sigue a los tres protagonistas en sus rutinas llenas de gestos ridículos. Y en una segunda que se ríe, con una habilidad inusual, de este mundo que aún cree que la vida sólo sucede en las películas, en los libros, en los medios.

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