Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/11/07 00:00

Buenas nuevas del barrio

Desde el corazón cultural de Cali, Toño Barrio se ubica como la orquesta de salsa más enérgica de los últimos tiempos.

Buenas nuevas del barrio

¿Una carátula ocre para un disco de salsa? De entrada puede ser impactante, sobre todo tratándose de la orquesta caleña Toño Barrio. Tengo el recuerdo de haberlos visto por primera vez apoltronados en un sofá descomunal, desiguales como ellos solos: cada uno era una estatura, un peinado, un color de camiseta. Y cuando, días después, los escuché tocar, entendí que funcionaban como equilibrados ingredientes para una de las recetas más sabrosas que ha dado la música urbana en el último año. Así que, con excepción de la carátula, todo es color y calor en el primer álbum de Toño Barrio.

El grupo nació cuando varios jóvenes del occidente colombiano se fueron a Cali a estudiar música. Unos ingresaron al Conservatorio de Bellas Artes y otros a la Universidad del Valle, pero el azar terminó reuniéndolos en una casona en el tradicional barrio San Antonio. En repetidas tertulias exploraron ritmos como el latin jazz y el reggae, pero tal vez la ubicación del barrio, sobre una colina mirando hacia la urbe, les dio la perspectiva de lo que realmente necesitaba la ciudad.

El sonido de Toño Barrio es sólido, menos desparpajado que el de sus homólogos bogotanos de La 33 y mucho más centrado en el modelo cubano de agrupaciones como Irakere. Las voces son fuertes y los instrumentistas tan versátiles, que se permiten esporádicos diálogos con otros lenguajes musicales. Justamente ahí puede estar la verdadera riqueza de su aporte. Por instantes logran traernos ecos de cumbia (El otro negro José), de porro chocoano (El cangrejo) y hasta de ritmos a los que la fugacidad de la moda había desterrado de las pistas de baile, como el cha cha chá (Reventando). El disco se convierte entonces una sucesión rumbera que no parece acabar nunca.

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