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| 10/1/1990 12:00:00 AM

CADA COSA EN SU LUGAR

La perspectiva y la composición caracterizan la obra reciente de Fernando Dávila.

Las pinturas de Fernando Dávila semejan un bodegón de figuras humanas. Cada una está ubicada en un lugar preciso, con su mirada fija en el detalle que corresponde, con sus movimientos calculados. Incluso en el fondo, donde surge la calle o el paisaje, los elementos se han dispuesto con exactitud. Tanto así, que el artista se vale en ocasiones del mínimo detalle para darle un nombre a su cuadro, como ocurre en "Incendio", en el que hay que descubrir el humo que brota tímidarnente tras la montaña, luego de apreciar a una familia entera que descansa sobre la hierba.
Vale decir, entonces, que el culto a la figura, la composición y el respeto por la perspectiva pura caracterizan la obra reciente de Fernando Dávila que se expone por estos días en la Galería Alfred Wild, de Bogotá. Eso en cuanto a la forma. En el fondo, en lo íntimo de cada óleo, la motivación ha sido un sicoanálisis del propio artista. Por eso cada figura corresponde a un símbolo. Por eso el color hay que entenderlo en el marco del mensaje, pues no se trata de pintar un sillón rosado o de darle un matiz fucsia a una montaña para perseguir un efecto visual, sino para identificar un estado de ánimo.
Si se compara esta muestra con la que expuso en el F.I.A.C., en París, hace cuatro años, el cambio es drástico. La figura se ha vuelto más perfecta, los colores son ahora más festivos. Y de la angustia, de la reflexión ejercida entre las cuatro paredes de un apartamento de latino en Nueva York, Dávila se ha destapado para mostrar espacios abiertos y gestos de esperanza.
El artista juega con los personajes para lograr sentimientos contrastados. En "Farsa", vista a través de un yate que se aproxima a la tormenta, el temor se enfrenta con la indiferencia. En "Parodia" la juventud y la vejez se mezclan, y con ellos el recuerdo y la ilusión. Es, al fin y al cabo, la gran ópera del mundo, en la que se representan todos los papeles. El hilo conductor hay que descubrirlo más allá de la figura humana. En el contorno, tal vez en el color.
La muestra actual de Fernando Dávila deja en claro la alegría del reencuentro con Colombia. Luego de su exilio voluntario en Norteamérica, las paredes cercanas dieron paso al aire puro, al mar, a las montañas. Lo que no ha cambiado es el apoyo en el dibujo, porque su obra, ante todo, es la exaltación de la figura.
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