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| 10/23/2015 10:00:00 PM

La crónica periodística conquista a los libros

El Nobel a Svetlana Alexiévich confirma que atraviesa por uno de sus mejores momentos.

Cuando el poeta y escritor Darío Jaramillo Agudelo terminó de leer más de 1.000 crónicas para la compilación que hizo de este género en América Latina, seleccionó material suficiente como para tres volúmenes. Le dolió tener que dejar varias joyas fuera de su libro, Antología de crónica latinoamericana actual. No le importó: la noticia era buena.

Esa cantidad desbordante le ratificó que la crónica de calidad se expande en la región y, lo mejor de todo, que ya se le da un lugar dentro de la gran literatura. Y esto quedó confirmado con el Premio Nobel de Literatura otorgado este año a la bielorrusa Svetlana Alexiévich, la primera vez que alguien recibe este galardón por su obra periodística.

Sin duda hace mucho tiempo se le debía esa reivindicación al periodismo narrativo, un género que sigue vigente a nivel mundial, sobre todo en América Latina. Aquí muchos creen que la crónica vive un nuevo boom gracias a varios trabajos que en los últimos años se ganaron un espacio importante entre lo mejor de la propuesta literaria.

A la crónica no le ha afectado que en los medios tradicionales ya no cuente con el espacio que solía tener por diferentes razones: la inmediatez de la noticia, la prioridad del periodismo investigativo y la mala fama ganada por la ligereza o falta de rigor de algunos autores.

Y no la ha afectado porque encontró otros lugares donde es gran protagonista. En las últimas décadas surgieron publicaciones que priorizan el periodismo narrativo como Gatopardo y Letras Libres (México), Etiqueta Negra (Perú), El Malpensante y SoHo (Colombia) o Rolling Stone (especialmente en su edición argentina).

Pero ante todo, la crónica se ganó un lugar en las editoriales y aparecieron las antologías. En 2012 salió, además de la de Jaramillo Agudelo, Mejor que ficción (Anagrama), del escritor español Jorge Carrión, que recoge relatos de viajes de 21 escritores, 19 de los cuales son latinoamericanos. También se han reeditado los mejores textos de los colombianos Gabriel García Márquez y Germán Castro Caycedo o clásicos internacionales como el Premio Pulitzer Hiroshima (PRH, 2015), de John Hersey. El momento también da para explorar nuevos formatos, como Crónicas (PRH, 2015) de Mauricio Gómez, en el que en cada capítulo hay un código QR, una tecnología que permite ver la versión audiovisual.

Entre tanto, algunos libros repasan momentos históricos mediante la crónica. Es el caso de 1985. La semana que cambió a Colombia (Semana Libros), que sale en los próximos días, en el que nueve reconocidos periodistas colombianos –como Antonio Caballero y Alfredo Molano- relatan lo sucedido entre el 6 y el 14 de noviembre de 1985, cuando se presentaron la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero y, extrañamente, se realizó el Reinado Nacional de la Belleza.

Las cifras de los grandes sellos editoriales no mienten: en el caso de Penguin Random House se han publicado este año 19 libros de crónicas cuando en 2014 se publicaron seis, el mismo número que en 2013. Mientras tanto, en Planeta ya salieron ocho libros en lo que va corrido de 2015, mientras en 2014 salió uno y en 2013 dos. Además, de 22 libros de periodismo en esa editorial en los últimos tres años, la crónica es el género líder con 11 publicaciones. Aunque no venden como best sellers tienen sus lectores, y si el autor es reconocido, como Alberto Salcedo o Leila Guerriero, mucho mejor, sobre todo entre el público joven.

Las universidades también aportan con la publicación de libros como Aprendiz de cronista, Periodismo narrativo universitario en Colombia 1999-2013 (Fondo Editorial Eafit, 2014), de Carlos Mario Correa Soto, o La fuerza del ombligo, Crónicas del conflicto en territorio nasa (Editorial Universidad del Cauca, 2015) de José Navia. Se suma un clásico de la academia: La pasión de contar, El periodismo narrativo en Colombia. 1638-2000 de Juan José Hoyos, editado por la Universidad de Antioquia.

Y no hay que olvidar las propuestas que surgen en blogs y en revistas digitales que tienen en las redes sociales un gran aliado. Se destaca el trabajo de Revista Anfibia (Argentina), Sala Negra (El Salvador) y Jot Down Magazine (España), entre otros.

Las razones siguen apareciendo. Los foros, los talleres, los seminarios y los premios que organizan desde hace más de 20 años instituciones como la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) o la Fundación Tomás Eloy Martínez también han sido fundamentales.

En esos espacios se han llevado a cabo en talleres liderados por referentes del género como Alberto Salcedo Ramos, Juan Villoro, Martín Caparrós y Leila Guerriero, quien dijo a SEMANA que “cada vez hay más gente interesada, con gran avidez para capacitarse y que se da cuenta de que también puede hacer buena crónica”.

Así, el periodismo narrativo logra mantener un reconocimiento cultural, una tradición que, como resalta Jaime Abello Banfi -director de la FNPI-, ahora está en auge gracias a la buena cantidad de propuestas y al entusiasmo de los lectores.

Y es atractiva por los temas que aborda y por su estilo. Para Darío Jaramillo Agudelo es fundamental que el cronista sepa a la perfección que por nada del mundo puede aburrir al lector con sus escritos, a diferencia de lo que pasa a veces en la literatura de ficción, donde los escritores pueden jactarse de su capacidad de abstracción. Ante una crónica el lector supone que se va a encontrar una buena historia y un texto bien escrito, agradable de leer. La escritora Piedad Bonnett señala otra razón por la que la crónica no pasa de moda: “A la gente siempre le fascina lo real, lo que se escribe con base en hechos reales, pues eso sube la intensidad de las emociones”.

Y la realidad de América Latina produce muchas historias: las migraciones, la violencia, los barrios marginales, las pandillas, las persecuciones políticas, los pueblos olvidados por las noticias, las grandes celebridades, las estrellas del deporte en decadencia y toda una serie de personajes singulares.

Alberto Salcedo Ramos señala otra de las cualidades de la crónica: “La noticia a los diez minutos ya es vieja…una crónica permanece en el tiempo porque la belleza la hace sobrevivir y convertirse también en una herramienta para construir memoria”.

El Nobel otorgado a Alexiévich hace que los cronistas saquen pecho. “Le estamos diciendo a la gente que el periodismo bien hecho tiene la misma categoría, desde el punto de vista de la creatividad, que la literatura de ficción”, añade Guerriero. Para otros, lo más importante es que este reconocimiento sirve para dejar atrás el debate, ya desgastante, sobre si es mejor la literatura de ficción o la de no ficción. Cualquier trabajo, si está bien hecho, se celebra.
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