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| 10/27/2007 12:00:00 AM

Calidad no es ‘rating’

La adaptación colombiana de 'Desperate housewives' es un gran ejemplo de calidad en la factura, pero diariamente pierde televidentes. ¿Por qué caen estas 'Amas de casa'? Análisis de Camila González.

DESDE HACE cinco semanas el canal RCN ofrece la versión colombiana de Desperate housewives, una de las series más vistas de todos los tiempos, que retrata la tragedia de las amas de casa desde la perspectiva de mujeres con vidas y personalidades diferentes. En principio, una demostración de que en Colombia es posible hacer producciones de mucha calidad y apostar por ideas distintas a la trilogía telenovela, reality y noticiero.

Sin embargo, la respuesta del público no ha sido la esperada para semejante esfuerzo técnico y de actuación, la alta inversión realizada por el canal y Vista Producciones, que construyeron en las afueras de Buenos Aires el barrio-estudio Manzanares. El rating ha venido en descenso desde su estreno y los espectadores han optado más bien por reírse con la chabacanería de Nuevo rico nuevo pobre. ¿Por qué?

El simple hecho de aventurarse a producir la serie más vista en 2004 en Estados Unidos (cerca de 28 millones de televidentes) deja un sabor positivo en medio de las quejas de que nuestra pantalla estrena más y más de lo mismo. Para el libretista Mauricio Navas, es sano que existan alternativas distintas. "Me parece gratificante que el canal se aventure por un género tan incierto como adaptar una serie extranjera".

Coincide el analista de televisión Germán Yances al decir que "es una gran producción en términos de lo que usualmente se hace en la televisión colombiana", a lo que agrega que la falla es que está basada al pie de la letra en el formato norteamericano, lo cual resulta un obstáculo para que el público se identifique con el contenido. "El público colombiano, cuando mira el 'prime time', busca lo colombiano".

Quizás esa sea una de las razones de peso por las cuales la sintonía de Amas de casa... no ha sostenido una audiencia fiel. El día de su estreno marcó 48 por ciento de share y para el lunes 29 de octubre la media era de 36,3. Sin embargo, la última semana ha intentado recuperarse desde cuando tiene de rival a Montecristo, de Caracol, y ya no el fuerte contrapeso de Nuevo rico nuevo pobre, sin duda una mala jugada de programación por parte de Caracol.

Por su parte, la versión argentina, realizada por Buena Vista International y Pol-ka para Canal 13, desembarcó en 2006 y se convirtió en uno de los unitarios más vistos de la televisión de ese país. Luego, en mayo de este año, salió al aire la versión colombiana en la pantalla ecuatoriana de Teleamazonas, con un share sobre 12 por ciento que no supera el promedio de la cadena y no le permitió ubicarse entre los 50 programas más vistos de 2007 hasta hoy. La crítica ecuatoriana también reclamaba la esencia latina de la serie.



Lo que no atrae

Este formato surgió cuando el estadounidense Marc Cherry conversaba con su mamá al ver un reportaje sobre una mujer condenada por ahogar a sus cinco hijos. Él comentó que no entendía cómo había podido hacer algo así, cuando su mamá dijo: "Yo me he sentido igual".

De hecho, la tragedia femenina se hace extensible a otras culturas. Ese buscar con desespero la forma de rehacer la vida después de que el esposo un buen día se va con la secretaria; el dejar la vida profesional por la imposición social de ser mamá para descubrir que no estaba hecha para eso; el creer que la misión es tener una casa, una familia y una vida perfectas en apariencia, sin reconocer que más vale ser feliz; o la búsqueda de un hombre para llenar espacios del ego como si fuera el trofeo, son situaciones que atañen al género femenino más allá de los idiomas.

Sin embargo, esa tragedia universal se debe poner en contexto. Al parecer, el lujo de unos inmigrantes colombianos inusualmente ricos en Buenos Aires, la belleza de unas amas de casa que más bien parecen modelos desesperadas y ciertos toques de humor de pastelazo en la cara pueden haber espantado a un grupo de espectadores.

Según Yances, "tiene un tufillo extranjero, no es la narrativa, la estética ni las claves culturales nuestras. Aunque los conflictos son generales, no están plasmados a la colombiana". Quien la compara con la original se da cuenta de que está hecha muy al pie de la letra. Incluso, por ejemplo, si en cierto capítulo un personaje utiliza una pijama de seda rosada, en la versión nacional es la misma. Fue poco lo que se cambió. Y si el 74 por ciento de los colombianos tiene cable en sus casas, una gran mayoría ha podido comparar la adaptación con la original y, como dice Yances, "no sale bien librada la colombiana".

Aunque una adaptación es de las cosas más difíciles de hacer, la pregunta que queda en el aire es si se hacen más traspolaciones que adaptaciones. De igual forma, cabe la reflexión de Navas: "Importar historias indica una crisis de escritores y creadores, que no se soluciona comprando formatos. Urge generar espacios de cultivo para el talento local".

Amas de casa desesperadas a la criolla merece más que un aplauso. Pero si se mira con ojo crítico, esta serie refleja un mundo demasiado perfecto para los colombianos, que está bien para los gringos de Wikipedia Lane. n?
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