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| 12/12/1988 12:00:00 AM

CAMA PARA DOS

Falto de intensidad y poco novedoso, el último montaje de El Local no pasa de ser uno más.

CAMA PARA DOS CAMA PARA DOS
Miguel Torres, fundador y director del Teatro El Local, en tránsito hacia su futura nueva sede, se detiene momentaneamente en la sala del TPB con un montaje entretenido, de una obra superficial y anecdótica que, sin embargo, quiere servir de espejo de cierta situación típica para las parejas de esta época: "Una pareja abierta de par en par". Ya se ha advertido como esta tendencia de los grupos de teatro que sumidos en una crisis de continuidad o de sobrevivencia, intuyen con este tipo de obras la dirección que los llevará a una situación más favorable para ellos y para el público.
De la manera como la obra de Darío Fo ha sido montada y sobre todo interpretada, puede deducirse ese sentimiento de transitoriedad, de inestabilidad algo precaria, de la que resulta la inocultable falta de interes en el trabajo. Es como si ante la necesidad de ir tomando fuerzas al interior de un ideal rico del teatro, se hace una concesión y de paso se prueba, un poco a la ligera, suerte ante el gusto del público.
Con un montaje realizado en un estilo de transición, limpio, pero esquemático, convencional y frío, la obra representa la edad de la crisis; crisis conyugal y no amorosa; representa también las mixtificaciones culturales y pseudointelectuales, el desconcierto de los valores, que vemos mover como objetos de un lado a otro en la sala y presumiblemente de la alcoba, el melodramatismo como ingrediente gelatinoso de la vida cotidiana y también las fluctuantes estrategias del poder en la pareja, todo concebido profesionalmente dentro de la consabida tensión de la guerra de los sexos.
El discurso teatral de Darío Fo es ante todo humorístico, pero a la manera de un pasatiempo: carece completamente de estructura dramática, de los tiempos del desarrollo escénico y de la concepción del personaje, que es obviamente en donde el montaje de Miguel Torres encuentra sus mayores dificultades. Y no es raro que así sea.
Quien conoce a Dario Fo comprendera que sus textos teatrales son a la vez sus estrategias teatrales. Un texto de Dario Fo sin su propia interpretación corre el riesgo de quedarse en una negación insipida del propio discurso, que en si mismo es alusivo, y divertido, pero que carece de suficiente fuerza teatral, por su reiteración y monotonía al ser interpretado cómica o dramáticamente, bajo un caracter mal comprendido. No se trata quizas de un descuido. Y es posible que la apatía del personaje, Pablo Aparicio, este calculada milimétricamente, como es muy probable que todo aquel palpable escepticismo, que es lo que da unidad a la forma y al contenido del montaje, nos este hablando de la trivialidad del mundo, de la vacuidad de las relaciones, de la inutilidad de la escena conyugal, porque todo no es más que simulación, como lo es el teatro mismo. Y aunque de hecho esto lo va diciendo "Una pareja abierta de par en par", se llega pronto a una interrogación: recuperar este texto del histrionismo puro para volcarlo sobre el dudoso prestigio de la apatía, ¿no es también arrogarse un dudoso privilegio? Quizas existen razones y buenas razones para justificar esta puesta en escena, pero sin duda las habrá mejores que justifiquen un trabajo teatral mas serio y riguroso, mas intensamente teatral, como tantos otros que ha realizado MiGuel Torres a lo largo de su carrera.
Con la indiferente y casi desdeñosa actuación de Torres y el gracioso papel de Carmenza Gómez, que en sus excesivos registros pasa de la italianidad a la dicción vernacular costeña, el conjunto declina el compromiso ante la práctica de un teatro de alguna importancia.
Aunque allí todo sea profesional e impecable, en sus condiciones técnicas, el montaje de El Local presentado en el escenario del TPB está a la altura de cualquier teatro que cumple una función pasiva dentro de la cultura de un país.
E.P.

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