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| 10/25/1982 12:00:00 AM

CAMARA A DOS MANOS

En medio de la exhibición de una muestra de cine brasilero, se abre discusión en torno a los pro y los contra de una co-producción entre Colombia y Brasil.

Si usted conoció las noches en "El Fantasio" de Cali, durante los festivales de Arte auspiciados por Fanny Mickey, o se ha aventurado a un Festival de la Subienda en Honda, o visita, de vez en cuando, circos de pueblo y si además le gusta el cine con una tendencia latinoamericana que lo ha llevado a fascinarse con "El pez que fuma", usted, como dicen los críticos norteamericanos, "amará" a "Bye Bye Brasil", la película que abrió la muestra del cine brasilero en Bogotá y que fue presentada en lugar de "Eu Te Amo", por temor a los conflictos morales que esta cinta pudiera desatar en el embajador del Brasil y en su comitiva colombiana.
Viva, vibrante, creativa, profunda, "Bye Bye Brasil" simplemente repasa la idiosincrasia de un país, dándole un tratamiento adulto y conformando una propuesta cinematográfica nacional tan válida como lo puede ser el último cine norteamericano. El clima, la atmósfera, la densidad de la escena son el nuevo objeto de ese cine contemporáneo con figuras como Ridley Scott en "Blade Runner" o Steven Spielberg en "E.T. El Extraterrestre" "Poltergeist" en donde la textura de la situación va creando el ambiente que es, a la larga, el gancho que atrapa al espectador.
"Bye Bye Brasil" abría uno de los festivales de cine más interesante en cuanto a las películas y a la comitiva acompañante, muy a la manera de los antiguos del cine francés cuando venían las estrellas de moda como Delon o Seberg; se trajo a una gigantesca delegación que cubrió estrellas tan importantes como Sonia Braga, reconocida como la primera mujer sexy que aporta Latinoamérica al cine internacional.
Sonia Braga apareció en varias fiestas y premiéres siendo considerada por algunos como "insignificante" quizá debido a su comportamiento en nada parecido al de una estrella de Hollywood y a sus vestidos y peinados tan descomplicados y abultados como los que usa casi toda la gente chévere. Y Vera Fisher, desconocida en Colombia, brilló por su belleza natural y su tranquilidad.
Ambas mujeres son el agua y el aceite. Mientras la primera tiene el sabor de Carmen Miranda, la otra semeja una copia latina de Grace Kelly. Las dos participan en la película más interesante del festival, a nivel de cine de autor: "Eu te amo" Sonia se crece como una nueva estatua de la libertad sexual rompiendo mitos, sexy, felina, huidiza. Una verdadera "vamp" que confirma su presencia internacional después de "Doña Flor" y que demuestra cómo ella puede ser la anodina mujer pueblerina o la intelectual liberada que recita a Rimbaud, sin parecerse a otra estrella de cualquier latitud.
Vera, por su parte, sensitiva pero glacial, utiliza el más atroz lenguaje posible en una mujer, mientras nos regala una de las escenas más violentas cuando frente a una serie de televisores, ella increpa a su amante despidiéndose para siempre, y dejándole como último regalo, su ropa más íntima.
Paralelo al público que asistía a la muestra ocupando permanentemente casi el 70% de las butacas y a las estrellas que cubrían las primeras páginas de las revistas en un estallido de popularidad, un insólito movimiento se realizaba entre los señores de Embrafilme y Focine ante la expectativa del gremio cinematográfico: el acuerdo de coproducción Colombo-Brasilero.
El suspenso era aún doble. La presencia de Alberto Forero, en reemplazo temporal de Isadora de Norden, había creado en el medio (directores, productores) un ambiente de excitación por la dirección que parece seguirá Focine. A un nivel especulativo y de acuerdo con las palabras que Forero pronunció en las distintas ruedas de prensa parece que él ha entendido que el Instituto no puede convertirse en un banco prestamista y para que esto no suceda hay que comercializar las películas, buscarle mercados, promocionarlas en el exterior y proteger, dentro del país, a los quijotes que hacen cine de los distribuidores y dueños de teatros simplemente poniendo en práctica las leyes ya escritas. Ahora el suspenso se duplicaba con la reacción de Focine ante el encuentro programado meses atrás por otra administración y otro gobierno. La pregunta era: Y ¿por qué Brasil quiere hacer un tratado de coproducción con Colombia...?
Si es por el dinero: Los productores colombianos independientes apenas han pasado el límite de los cinco millones de pesos en películas como "27 horas con la muerte". Focine, por su parte, tiene un récord de 13 millones para préstamo por película. El costo de un filme brasilero está entre trescientos mil dólares.
¿Quién coproduce en dinero? Focine tendría que ampliar su cuota de millones.
Si es por la ley cinematográfica:
Está escrita. El artículo 2288 y su corrección rezan: "A partir del año 1978 la cuota de pantalla para largo metraje nacional será de treinta (30) días". ¿Quién la cumple?
Forero tendría que controlar su cumplimiento.
Si es por impuestos:
La película, los equipos, los laboratorios pagan entre un 15 y un 35% de impuestos si se compran aquí o si se importan. No hay protección arancelaria para el trabajador del cine.
El gobierno deberá revisar su posición ante los trabajadores del cine.
Si es por los actores:
Ni siquiera el gordo Benjumea tiene mercado en el Brasil. Ellos por lo menos pueden mostrar no sólo a Sonia Braga sino a Lucelia Santos que ha penetrado en el mercado colombiano como la esclava Isaura o a Claudia Ohana que interpretará a la Erendira en la película de Ruy Guerra. Aún en el caso específico de utilizar algunas de nuestras estrellas, su paso por la televisión ha mermado su capacidad, envueltas por la inmediatez, la rapidez en la ejecución de las telenovelas el apuntador electrónico y las alabanzas de los periodistas faranduleros que acaban por convencer al artista de que llegó a su cúspide cuando apenas comienza a subir la primera loma de la montaña. (los mejores actores de teatro, los del Teatro Libre tienen prohibido actuar en cine).
El problema es tan individual que cada uno debe resolverlo según su criterio.
Si es por técnicos:
Quizás el mejor nivel es el sector de la producción. La tradición viene desde 1915 cuando se filmó "El drama del 15 de octubre de los hermanos Di Doménico", intermitente, hasta finales de los setentas cuando ha comenzado a dispararse. Sin embargo, la mayor parte de la gente que trabaja en el cine olvida las otras artes, no lee, no va a teatro, no oye música, no se cultivan.
Los efectos, en esos casos son patéticos y fatales para su producción.
Su relación con Brasil enriquecerá su nivel técnico, el intelectual depende de cada cual.
Si es por la ideas:
La gran película colombiana era, hasta abrirse el festival del cine en Cartagena de este año: "Pura Sangre".
La crítica la recibió tibiamente y el público cinéfilo apenas la defendió técnicamente. (En diciembre el espectador común y corriente tiene la palabra). Como en esta película, hay un temor en el cine colombiano a profundizar un tema, a sacarle el jugo y las entrañas.
El director soslayó el problema de la coca entre la vida cotidiana colombiana y superficializó el sentido homosexual de los crímenes del "monstruo de los mangones". Las demás películas apenas vale la pena tenerlas en cuenta: a nuestros guionistas se les ha olvidado que el cine es una empresa (o una industria) en donde para triunfar hay que hacer un patrón, por vez. Hay casos de buenos guiones premiados por Focine, pero o son supercostosos o están prohibidos.
Si es por los directores:
Es posible que en este campo sólo se requiera citar la entrevista que Mauricio Gómez le hizo a García Márquez a propósito del próximo rodaje de "La cándida Eréndira y su abuela desalmada" en una coproducción México-Francia. Allí se habló que Colombia no pudo entrar a coproducir porque Focine pedía un director colombiano y el escritor deseaba a Ruy Guerra, con quien a la larga se va a hacer. García Marquez dijo también que era la junta directiva quien había rechazado el proyecto.

Naturalmente hay varias razones brasileras para la coproducción:
Un país que en 1981 ganó 26 premios internacionales y en éste ya llevan 8, con un Instituto de promoción que ha conseguido aumentar el número de películas promedio, con estrellas de talla internacional, con directores que pertenecen a la historia del cine mundial, con técnicos y laboratorios a la altura de Estados Unidos, es un país que requiere abrir nuevos mercados, así sólo le produzcan entre 3 y 7 millones de pesos por película. Ellos mismos lo explican muy sutilmente:
"Somos los pueblos más parecidos de Latinoamérica, pero mientras ustedes miran hacia el norte, nosotros estamos volcádos hacia él sur".
Igualmente no deja de ser interesante para el brasilero la apertura de la censura en nuestro país y el fabuloso mercado de sus películas que por ahora inundan Bolivia, Chile, Argentina.
Como balance del festival cinematográfico merecen destacarse las películas que muestran una fuerza de identificación violenta con su país aunque cada una de ellas con un pero común: se alargan.
Pero a pesar de todo, siempre hay un sabor de interpretación brasilero, una madurez en la forma de abarcar los temas, una identidad que ha costado 20 años desde las películas del "Cinema novo" para llegar a un público distinto de los cineclubes y un conocimiento y autocrítica de un país que se "comunica" al espectador con emoción.
Aunque aparentemente se presenta al cine nacional en un callejón sin salida, este acercamiento de Brasil no es más que un campanazo para organizar el futuro que se nos vino encima, porque todo lo expuesto es susceptible de mejorar.
Creo que si el tratado de coproducción se realiza, Colombia va a ganar, pero mucho más, el cine latinoamericano como unidad. No hay un país en Latinoamérica, fuera de Brasil, que como Colombia, se haya lanzado al cine en forma tan desesperada por triunfar.
Henry Laguado
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