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| 5/13/1996 12:00:00 AM

CAMBIO PROFUNDO

EN SU ULTIMO, EL ARTISTA EDGAR NEGRET SUSTITUYE LA MAQUINA POR LA MARIPOSA Y LA TECNOLOGIA POR EL ESPIRITU.

La exposición que Edgar Negret mantiene en la casa-galería que lleva su nombre es una fuente permanente de reflexiones y sorpresas. En estos momentos se exhiben sus últimas esculturas, piezas que si bien conservan el impulso constructivo y los materiales tradicionales de su producción (aluminio, pintura, tuercas y tornillos), poco tienen que ver con el carácter, los conceptos y las implicaciones de sus obras anteriores. Su trabajo ya no constituye una apología a la tecnología ni refleja su fascinación por los adelantos de la ciencia. Atrás quedó su admiración por las máquinas, los puentes y las naves espaciales. Su producción ha dado un vuelco de 180 grados evidenciando ahora un creciente escepticismo por los métodos y objetivos de la modernidad. La naturaleza en sus más delicadas y sutiles manifestaciones ocupa últimamente gran parte de la atención del maestro. Algunas de sus construcciones aluden a crisálidas y mariposas poniendo de presente la exquisita simetría en el diseño de sus alas o su etérea majestuosidad. En otras piezas expresa su entusiasmo por algo tan distante de la idea modernista de progreso como las civilizaciones precolombinas, en especial, por la exquisita decoración mural de Tierradentro y por el carácter funerario-religioso de su arquitectura subterránea. Para el tratamiento de estos temas ha puesto un nuevo empeño en la definición de los detalles o partes menores de las obras, y ha enriquecido el color (que se limitaba a blanco, negro, azul, rojo y amarillo), con la aparición de nuevas tonalidades (lila, verde, marfil) que coinciden con la intención aérea y liviana de algunas de las esculturas o con la ordenada concatenación y los contrastes de los rombos y estrellas aborígenes. Con la colaboración de estas formas y colores, y como por arte de procesos relacionados con la alquimia, el artista ha logrado transformar visualmente sus materiales de origen industrial, bien en elementos ligeros y volátiles cuya calidad resulta adecuada para referirse a los seres más efímeros y vulnerables, o bien en construcciones que suscitan la misma sensación de espiritualidad que los mencionados hipogeos. Este cambio de inspiración o de temática obedece naturalmente a una variación en sus objetivos y definiciones artísticas. Si antes el maestro consideraba la escultura como un medio propicio para la expresión de su optimismo sobre el destino de la humanidad, hoy sus construcciones implican pesimismo sobre el futuro del hombre y el planeta; y si antes la física y la técnica estimulaban su imaginación, hoy son los misterios sobrenaturales y lo inmaterial e indefinible los incentivos de su creatividad. Es decir, Edgar Negret, quien hasta hace poco era uno de los más coherentes exponentes de los argumentos progresistas del arte del siglo XX, con sus últimos trabajos se ha convertido en uno de los más brillantes impugnadores de esos mismos argumentos. Este viraje radical patentiza que el maestro _como muchos jóvenes artistas_ ha olvidado las prioridades del estilo y se identifica plenamente con el impulso espiritual y las cruzadas por la vida que han empezado a nutrir las definiciones artísticas en los umbrales del siglo XXI. De exposición.
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