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| 1/31/2015 10:00:00 PM

Cartas cruzadas y libros usados

Una historia real entre dos personas que nunca se conocieron pero compartieron su gran amor por los libros.

Helene Hanff
84, Charing Cross Road
Anagrama, 2013
126 páginas


Esta es la historia más bella que he leído sobre el amor a los libros. Se trata de una historia real: la relación epistolar entre Helene Hanff, una guionista de televisión que vivía en Nueva York, y Frank Doel, el librero de Marks & Co., una librería de libros usados situada en el 84 de la calle Charing Cross Road, de Londres.

En octubre de 1949, Helene Hanff lee un anuncio en la Saturday Review of Literature en la que se decía que Marks & Co. era una librería especializada en libros agotados y antiguos. Ella les escribe una carta con una lista de libros en los cuales está interesada. No sin cierto temor: Helene apenas sobrevive con sus trabajos free lance y -les aclara- no podrá pagar ejemplares que cuesten más de cinco dólares. La respuesta no se hace esperar, 20 días después recibirá las dos terceras partes de su pedido, que incluye los ensayos de Hazlitt y de Stevenson y con una factura en libras esterlinas equivalente a 5,50 dólares. “Los libros llegaron bien, y el de Stevenson es tan bello que hasta abochorna un poco a mis estanterías hechas con cajas de naranjas. Casi temo tocar estas páginas de tacto tan suave que semejan el pergamino y de un fuerte color crema. Acostumbrado al blanco apagado y a las cubiertas de cartón rígido de los libros americanos, jamás supuse que un libro así pudiera proporcionar un placer tan gozoso al sentido del tacto”.

El estilo de la relación epistolar queda definido: de una parte, una expresiva y desenfadada norteamericana y, de la otra, un contenido y parco inglés. “¿qué porquería de biblia protestante es esta?, dirá Helene en la siguiente carta. “Lamento el error cometido con la Biblia latina; trataremos de encontrarle una Vulgata”, responderá el flemático Frank. Veinte años durará el cruce de cartas y muy pronto se verá que aquella relación no solo incluye a los libros. Al conocer el duro racionamiento que soportaba el Londres de la posguerra, Helene empezará a enviarle –a través de una empresa danesa- paquetes con comida y ropa al personal de Marks & Co. y a la esposa y a las pequeñas hijas de Frank Doel, lo cual implicará que otras personas y otras voces se sumen a la relación epistolar, a escondidas de Frank: “Querida señorita Hanff: No le diga a Frank que le escribo esta nota por favor, pero es que cada vez que le envío una factura me muero de ganas de incluir algo así por iniciativa propia y él tal vez pudiera pensar que no es correcto que lo haga… A todos nos encantan sus cartas y tratamos de imaginar cómo es usted físicamente… Todos le estamos muy agradecidos por el paquete… Cecily Farr”.

La señorita Helene se convertirá en toda una leyenda en Mark & Co., no solo por su generosidad sino también por su humor, su inteligencia chispeante y su devoción por Londres y la literatura inglesa. Un inminente y siempre postergado viaje a Londres –por razones económicas- será uno de los temas de las cartas cruzadas, haciendo más intensa esa hermosa amistad, que remotamente sugiere algo más. “No me importa reconocer que a veces me he sentido muy celosa de ti, porque Frank disfrutaba leyendo tus cartas y todas ellas, o muchas, revelaban un sentido del humor muy parecido al suyo”, le escribirá Nora, la esposa de Frank Doel, a Helene Hanff.

Esta historia, además, contiene varias paradojas. Helene Hanff intentó toda su vida escribir obras teatrales y no tuvo ningún éxito. “Era buena inventando diálogos”, dijo en una entrevista. Sin embargo, después de la muerte de Frank Doel y del cierre de la librería Mark & Co., un editor se interesó en publicar su correspondencia con él. De inmediato, se convirtió en un libro exitoso, que fue adaptado al teatro en Broadway y en el West End, y luego se convertiría en serie de televisión y en una extraordinaria película interpretada por Anne Bancroft y Anthony Hopkins. Sin saberlo, sin proponérselo, había escrito con su vida su mejor obra dramática. Las regalías le permitieron conocer al fin a su amado Londres, ya sin Frank y sin la librería que le dio tanta felicidad. Aunque en el 84 de la calle Charing Cross Road todavía puede verse una placa con su nombre.
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