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| 9/24/1984 12:00:00 AM

CAZA DE BRUJAS

LA MUERTE DE LA "DAMA INDOMITA", LILLIAN HELLMAN VUELVE A PONER SOBRE EL TAPETE SUS OBRAS, QUE NO SE DESTACAN POR SU CALIDAD LITERARIA

A los 78, en Vineyard Haver (Mass.), el 30 de julio murió la controvertida escritora Lillian Hellman. Algunos capítulos de su vida, difundidos en la película "Julia" dejan ver a la dramaturga como a una mujer de principios morales inquebrantables, firme y decidida, racional hasta el exceso frente a sus posiciones intelectuales y políticas La lucha contra la opresión, la defensa de los derechos ciudadanos y el desafío al autoristarismo, constituyen la fuerza esencial de su actividad creadora.
De sus tres libros autobiográficos, "Una mujer inacabada", 1969; "Pentimento", 1973 y "Tiempo de canallas", 1976; es sólo este último el que da cuenta testimonial de la "caza de brujas" a que se vieron sometidos los artistas e intelectuales acusados por el Comité de Actividades Norteamericanas.
Aunque en 1950 el Comité llevaba más de una década de existencia, una existencia casi clandestina especializada en persecuciones antisemitas y raciales, es sólo en este año de 1950 cuando Joseph McCarthy formula sus primeros cargos. El temor y el odio hacia los comunistas se había recrudecido, tras la victoria de Mao en China y los experimentos atómicos en la Unión Soviética. La guerra de Corea contribuyó a exaltar los animos patrióticos. Todo se preparaba para la entrada en la escena del senador McCarthy. En 1951 los Rosemberg son condenados a muerte y el Comité emplaza a la gente de Hollywood ante los tribunales. Este capítulo represivo, aunque hace parte del pasado político de los Estados Unidos, ha pasado a la historia contemporánea como un ejemplo y un estigma, a veces como una amenaza de los poderes ejercidos por el Estado sobre a libertad de los individuos.
La obra de Lillian Hellman apenas tiene importancia en la literatura norteamericana, su figura se destaca más en el escenario público por las opiniones políticas de "dama idómita" -temible aun cuando ocupara el banquillo de los acusados- que por el propio valor literario de sus obras. Estas fueron, precisamente, impugnadas en 1980 por Mary McCarthy quien afírmó que la señora Hellman era una "mala escritora, ponderada en exceso y deshonesta. . . que pertenece al pasado". Sus obras dramáticas, de hecho no gozaron de mayor éxito.
Sus temas, sin ser necesariamente ideológicos, muestran al hombre atrapado entre sus sueños, la soledad y una sociedad que se muestra cada vez más incapaz para ofrecer al individuo un medio para su realización personal y colectiva. Son sus personajes como contrafiguras sociales; el reverso estricto del sueño americano. Una semblanza de Lillian Hellman la encontramos en la novela de detectives The third man ("El tercer hombre", Alianza), en donde su autor, Dashiell Hammet, crea al personaje Nora Charles, en medio de una trama policial, sobre el modelo de Lillian Hellman. Hammet y Hellman tuvieron una fuerte pero inestable relación amorosa que se prolongó por cerca de veinte años. Si Hammet afirmó ser comunista en alguna epoca de su vida, Lillian Hellman por su parte se sustrajo a afiliarse a partido político alguno. Más que una ideología, Lillian Hellman poseía su propio código personal, y fue ésto lo que hizo valer frente a los tribunales cuando, acusada de "actividades anti-norteamericanas", los jueces no encontraron mérito para encarcelarla. Entretanto Hammet había sido condenado a dos años de encierro. Si "Tiempo de canallas" es un capítulo de la vida de Lillian Hellman tan sugestivo, es porque es un libro escrito con el corazón. No es un fogoso, producto del estilo desafiante de la época inmediatamente post-macarthista. Es un libro meditativo, interrogativo incluso, reflexivo y pausado. Sus opiniones resultan siempre apasionadas y enérgicas, pero también siempre razonables y constituyen algo así como un arsenal contra el autoritarismo. Hay en ellas desplegado un enorme esfuerzo por hacer claridad en un dominio que se hace cada vez más descomunal, desconcertante y difuso: el de las argucias de los acusadores del Comité de asuntos anti-norteamericanos.
La historia política de Lillian Hellman entre los años 1948 y 1954 no puede simplificarse en sus opiniones políticas. Los conflictos personales de la autora, sus problemas frente al trabajo, su necesidad de alcohol, el dinero, el éxito momentáneo de sus obra dramáticas, pero sobre todo su relación con Dashiell Hammet configuran su panorama vivido y su testimonio lúcido que ha vertido con enorme integridad moral en "Tiempo de canallas". Fue ésta para la autora de "Pentimento" una época desagradable en su vida, de la cual pronto se recuperó: pero es una recuperación en la que nunca creyó, porque según ella el término conlleva un "sentido mundano". Prefirió hablar del pasado en otra forma: "El pasado -escribió- con sus placeres, sus recompensas, sus locuras y sus castigos, permanece para siempre en cada uno de nosotros, y así debe ser".
Educada en el sur de los Estados Unidos en medio de trágicas ambiguedades morales, a Lillian Hellman le sucedió, según Garry Wills, con la ideología lo que a William Faulkner con el racismo: "Esta demasiado envuelta en sus amores y en sus odios personales para discernir el odio cuando lo encuentra en un programa".
Como quiera que sea, hoy a Lillian Hellman se la recuerda como a una mujer aguda y valerosa, quien por encima de sus conveniencias personales supo enfrentar y desafiar a sus acusadores en medio de una atmósfera vergonzosa de delaciones y cobardia. Por ejemplo cuando responde al Comité en 1952 una carta en la que concluye: "No he de modificar mi conciencia para estar a la moda de este año".
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