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| 8/12/1996 12:00:00 AM

CELEBRACION EN TONO MAYOR

Contra viento y marea y con un excelente repertorio, la Opera de Colombia cumple 20 años esta temporada.

En medio del entusiasmo que genera que la temporada de ópera se inicie la noche del miércoles 17, con el estreno de una nueva producción de Lucia de Lammermoor de Donizetti _quinta de las temporadas realizadas por la Fundación Camarín del Carmen_ todos parecen pasar por alto los 20 años de la Opera de Colombia, que también se celebran en este mes. En julio de 1976 en el Teatro Colón se llevó a cabo la primera temporada con el estreno de La Bohème de Puccini. El segundo título fue La Traviata de Verdi. La iniciativa se la presentaron a Gloria Zea, entonces directora de Colcultura, el director de la Radio Nacional Alberto Upegui y la soprano Carmiña Gallo. Upegui tenía la experiencia de la temporada Haceb en Medellín, y Carmiña era de hecho la primera cantante lírica del país. Ambos habían creado la Coral Verdi, que más tarde se convirtió en coro estable de Colcultura. Adicionalmente Daniel Lipton, director titular de la Sinfónica de Colombia, tenía experiencia en el género y el interés de que este se realizara en el país. La Walter Sullivan Musical Fundation y la Scholla Cantorum de Nueva York aportaron a la incipiente empresa un tenor y un barítono. In So Park fue el tenor, Stephen Mosser el barítono, Carmiña cantó las partes protagonistas en los dos títulos y, con Upegui, convenció a dos jóvenes talentos de la época para tomar parte en la quijotada: la soprano Zorayda Salazar, que formaba parte de la compañía de zarzuela de Faustino García e hizo la Musseta de Bohème, y Marta Senn, que se desempeñaba como secretaria general de la facultad de derecho de la Universidad de los Andes, que hizo la Flora de Traviata. Con el tiempo ambas llegaron a la Scala de Milán. La temporada 76 _seis noches de Bohème y tres de Traviata_ costó 900.000 pesos, salidos del presupuesto de Colcultura. El público respondió y al año siguiente ofrecieron cinco títulos a la afición. En 1979 Francisco Vergara, miembro estable de la Opera de Colombia, vinculó la opera colombiana con la alemana y artísticamente se adquirió la mayoría de edad. Veinte años más tarde, por una especie de casualidad, de nuevo al frente de la dirección de la Opera está Gloria Zea. Ya no forma parte del gobierno, hoy la ópera depende de la Fundación Camarín del Carmen. Los 900.000 pesos del año 76 son ahora 1.300 millones. Colcultura aporta 140 de los 200 millones que originalmente ofreció y por primera vez, prácticamente desde 1976, no aporta la colaboración de la orquesta Sinfónica de Colombia. El Instituto Distrital de Cultura y Turismo patrocina la iniciativa con 80 millones. Como quien dice, los 1.080 millones restantes provienen de la empresa privada. Este año suben tres títulos a escena. Ya suena muy lejano el principio de la década del 80 cuando la Opera, con el decidido apoyo del Estado, estaba en condiciones de ofrecer un cartel de nueve producciones, con títulos tan exigentes como Aida de Verdi, Bodas de Fígaro de Mozart o Turandot de Puccini. Temporada 96 Este año la Opera ofrece Lucia de Lammermoor de Donizetti, el estreno colombiano del Fausto de Charles Gounod y Bohème de Puccini, como conmemoración al centenario de su estreno en Turín y, de paso, también, una especie de homenaje a los 20 años de la primera temporada. Un total de 23 funciones, a las que se suman las cuatro galas Viva la ópera en las que tomarán parte también esas figuras que -como Marta Senn- no participan sencillamente porque no hay papeles para sus tipos vocales. Veinte años después las cosas son más difíciles que en el lejano 76, cuando la temporada no dejaba de ser una delirante idea de Gloria Zea, Alberto Upegui y Carmiña Gallo. Hoy en día todo depende fundamentalmente de la taquilla. Por ello hay tanto cuidado en la selección de títulos y naturalmente de solistas, con un elenco que incluye figuras de la talla internacional del tenor mexicano Fernando de la Mora, del director, también mexicano, Enrique Patrón de Rueda y sopranos ampliamente aceptadas por el público, como la norteamericana Danielle Strauss, brillante Gilda del triunfal Rigoletto del año pasado. Lo obvio es que el eco del proceso 8.000 toca también el escenario de la ópera. Porque si para el público es fundamental que al frente esté, como en el 76, Gloria Zea, para el gobierno, en cabeza de la dirección de Colcultura, la directora es también madre de Fernando Botero. De ahí la drástica reducción del ya de por sí discreto aporte del gobierno y la negativa de poder contar con la Sinfónica de Colombia. Sin embargo, contra viento y marea, la noche del miércoles sube Lucia de Lammermoor, una de las piezas claves del repertorio belcantístico del siglo XIX, un título que el público de Bogotá no ve desde la temporada del 80.
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