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| 6/13/1983 12:00:00 AM

CENTENARIO DE UNA POLEMICA

Anticipándose al fenómeno de la sociedad de consumo, Ortega y Gasset ha dejado huella en el laberinto del pensamiento europeo contemporáneo.

ORTEGA Y GASSET
"Los intelectuales han pasado de serlo todo a no ser nada, de figurar como las glorias y eminencias de las naciones, a ser barridos del paisaje social, de parecer que dirigían los rumbos de la humanidad a no ser siquiera escuchados".

José Ortega y Gasset
desde su exilio en Portugal

Parece irónico estar conmemorando ya el primer centenario del natalicio de José Ortega y Gasset mientras que su extensa obra, con sus conceptos filosóficos, sociológicos y políticos, no ha terminado aún de ser digerida completamente, ni por su generación ni por las generaciones posteriores, que se han visto enfrentadas a lo que quizás podría describirse como la insospechada escencia de la obra orteguiana: la vigencia de su intemporalidad.

Nacido en Madrid, en el año de 1883, fue el segundo hijo de otro sobresaliente intelectual español, don José Ortega Munilla, director del diario "El Imparcial", donde escribiría sus primeros artículos periodísticos. La educación secundaria la recibió de los jesuitas en Córdoba pero, cuestionador de sus directrices culturales, insistió en regresar a Madrid para adelantar estudios de Filosofía y Letras, doctorándose en 1904. Amplió sus estudios en Leipzig, Berlín y Hamburgo, época en la que recibió una fuerte influencia neokantiana, de la que curiosamente habría de separarse al iniciar su propio magisterio en la cátedra de metafísica de Madrid, que ejerció desde la edad de 27 años hasta 1936. En 1923 fundó la famosa "Revista de Occidente" que, como su nombre lo indica, comenzó primero siendo una publicación periódica y fiel reflejo, en el aspecto intelectual, de un importante período de la cultura española, para transformarse después en una auténtica empresa editorial que tuvo primordialmente objetivos educativos.

Como diputado a las Cortes, Ortega intervino activamente durante un tiempo en la política, pero en 1934 renunció definitivamente a ser protagonista directo; dos años más adelante, comenzando la guerra civil española y, temeroso por su vida, huye con su familia a Marsella y se establece durante algún tiempo en París para trasladarse posteriormente a Buenos Aires, completando casi 20 años de exilio y de absoluto silencio sobre la situación política española e internacional. Regresa a España en 1945 para pronunciar algunas conferencias y fundar con Julián Marías el Instituto de Humanidades pero, en pleno gobierno franquista, se negó a recuperar su cátedra y a escribir un solo artículo de prensa mientras Franco siguiera en el poder. Muere en Madrid, el 18 de octubre de 1955, cuando ya se le consideraba una figura vital en lo que podría denominarse el laberinto del pensamiento europeo contemporáneo, sin desconocer la gran influencia que igualmente logró ejercer sobre la vida filosófica de los países de Latinoamérica, especialmente sobre movimientos literarios en Argentina y en México.

El político
Como se mencionaba atrás, la intervención de Ortega en la política activa se limitó prácticamente a ser diputado al Parlamento Constituyente, dignidad en la que se caracterizó por varios magistrales discursos, en particular uno sobre la autonomía de Cataluña. Pero la influencia fundamental de Ortega sobre la política de su país la ejerció sobre todo como escritor, inspirado por las ideas regeneracionistas de Joaquín Costa y hondamente influido por la coyuntura del 98. Se declaró liberal, modernizador y europeo. Expresó su convencimiento en torno a la necesidad de centrar en el localismo las raíces de la regeneración política, la redención de las provincias y la "decencia" nacional, así como la nacionalización de los principales poderes existentes en la sociedad: la Iglesia, el ejército, la universidad, la burguesía, el sindicalismo. Pudo haber creado, con estas ideas, su propio grupo político, pero definitivamente prefirió marginarse de la actividad para ejercer, básicamente, una influencia literaria.

El escritor
Ortega se caracterizó como un intelectual deseoso de influir en su tiempo a través de la utilización conciente y constante de los medios de comunicación de masas y, entre ellos, particularmente del periódico. Inició sus colaboraciones periodísticas desde 1902 en publicaciones de efímera vida como Helios, Faro y Europa y, principalmente, en el periódico fundado por su abuelo, "El Imparcial", vocero de la Restauración. Pero fue quizás con "El Sol", fundado bajo su inspiración, que Ortega marcó un hito en el periodismo español, pues fue allí donde se publicaron importantísimos segmentos de lo que daría paso más adelante en tres de sus principales obras, "España invertebrada", "La rebelión de las masas" y "¿Qué es el conocimiento?", que definitivamente constituyeron la semilla de la transformación cultural de la España del siglo XX.

El filósofo
No obstante la extremada versatilidad humanística de Ortega, la historia no teme señalar que su principal vocación fue la filosofía. Ortega rompió con el neokantismo para adentrarse posteriormente, a partir de su concepción personal del mundo, en la negación del supuesto fundamental del racionalismo europeo clásico, para concluir que lo primario no es el pensamiento sino la vida: " Yo soy yo y mi circunstancia". En este sentido encarnó una manera nueva de entender la filosofía y, por consiguiente, la verdad misma, a través del recurso de tenderle a sus potenciales lectores una seducción lírica de la filosofía, filosofía de la historia, de la sociología, de la ética, de la estética, del lenguaje.

El orador
Ortega fue, indudablemente, uno de los más grandes retóricos de Occidente. Como orador habló en la cátedra, la tertulia, el Parlamento, la tribuna política, el estrado del conferenciante y hasta en el micrófono del radio. Se caracterizaba por una dicción impecable y una voz grave. Sus temas fueron siempre bien orquestados, jamás leía, pero tampoco improvisaba; no le fallaba ni la voz ni la gramática. Invirtió la oratoria en el análisis histórico y social de los problemas de España. Preconizó, fundamentalmente, la integración continental de su país con Europa: "España es el problema, Europa la solución". Esta frase, pronunciada por Ortega en su época, no ha perdido su vigencia.

El sociólogo
Fue quizás en su obra cumbre, "La rebelión de las masas", en la que Ortega mejor anticipó sociológicamente el surgimiento del tipo antropológico del hombre-masa. Tras la revolución soviética comenzó a tenerse la impresión de que la masa, violando su quietud tradicional, empezaba a moverse por sí misma involucrada en la idea de rebelión, que Ortega captó para escribir su libro. Pero, paralelamente y sin mencionarlo, Ortega anticipó el fenómeno de la sociedad de consumo, la pérdida del alma colectiva de esa masa que extravía su identidad de realidad personal e interpersonal y se convierte en un hecho sustantivo, inerte. Es fundamental también mencionar en este punto su obra "Estudios sobre el amor", donde plantea la racionalidad del sentimiento amoroso: "El amor, aunque nada tenga de operación intelectual, se parece al razonamiento en que no nace en seco ". Ortega provocó, en últimas, una intensa y objetiva interpretación de los viajes del alma.
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