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| 3/21/2009 12:00:00 AM

Che: el argentino

El cineasta norteamericano Steven Soderbergh consigue narrar, como si hubiera estado ahí, el mundo de Ernesto el Che Guevara. *** 1/2

Título original: Che.

Año de estreno: 2008.

Dirección: Steven Soderbergh.

Actores: Benicio del Toro, Demián Bichir, Rodrigo Santoro, Julia Ormond, Santiago Cabrera, Catalina Sandino Moreno.

Es esta una muy buena película de guerra. Nada más ni nada menos. Hasta ahora es la primera parte de Che, el díptico, dirigido por el ansioso director gringo Steven Soderbergh, que pone en escena un par de libros escritos por aquel líder revolucionario que la gente estampa en sus camisetas sin saber muy bien por qué, pero todo parece indicar que la suma de las partes dará como resultado una obra cinematográfica importante. Soderbergh, cineasta cinéfilo a la cabeza de esa generación de realizadores independientes que saltan de género en género como si añoraran la era dorada de los estudios de Hollywood, ve al comandante Che Guevara como Franklin J. Schaffner vio al general George Patton en la genial producción de 1970: esto es, como el protagonista de una película de guerra, como un tipo que se va tomando un mapa, como un estratega brillante que además está dispuesto a asumir la valiente primera fila en todas las batallas.

Y la verdad es que le funciona. Gracias a la audacia narrativa de Soderbergh, que se empeña en respetar las convenciones del cine de guerra como diciendo "este fue un hombre como aquellos", la lucha del héroe resulta tan apasionante, tan lógica, tan demencial como la del Lawrence de Arabia de David Lean o el coronel Blimp de Powell y Pressburger.

No quiere decir lo anterior que la primera parte de Che banalice la figura mítica de un hombre que se jugó la vida por sus ideales o desdibuje la figura histórica de un dirigente político que estuvo a punto de cambiar la vida de Latinoamérica. De ninguna manera. Soderbergh, autor de relatos tan disímiles como Sexo, mentiras y video, Tráfico y La gran estafa, sabe bien de quién está hablando. Se nota que ha sabido asesorarse. Y que, aun cuando desde el comienzo de su carrera ha sido un director camaleónico, ha hecho todo lo posible para no caer, tampoco esta vez, en ninguna de las gringadas en las que era posible caer: Cuba parece Cuba; la selva parece la selva; los estereotipos latinoamericanos no se ven por ninguna parte; el clímax no es un plano general sino una frase; y Fidel Castro es aquel importante pensador capaz de dar un gran paso hacia la realidad.

Sabemos, por las demás secciones de la revista, que el comienzo de este año ha sido turbulento. Quien haya seguido las reseñas de cine de este 2009 habrá notado que, sin embargo, hemos tenido suerte en nuestras carteleras. No ha habido una semana, hasta ahora, en la que no se haya estrenado una buena película.

Y el primer episodio de Che, dignamente interpretado por Benicio del Toro, ha llegado justo a tiempo para mantener el récord. Pensemos en esas preciosas secuencias en blanco y negro, esas escenas filmadas como si se tratara de un documental de diciembre de 1964 (El Che responde una entrevista, recorre Nueva York y lee su famoso discurso ante la ONU), para caer en cuenta de la extrema seriedad de este trabajo.
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