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| 1/11/2014 12:00:00 AM

Pagando por sexo

Chester Brown, un reconocido dibujante canadiense, cuenta a través de una historieta gráfica su relación con las prostitutas.

Pagando por ello
Chester Brown
Ediciones La cúpula, 2011
280 páginas

Hay bastantes libros en los que las prostitutas cuentan su vida; los hay menos de sus frecuentadores, los puteros, y nunca habíamos visto este tema abordado desde una historieta o novela gráfica. Pagando por ello es la primera vez que un putero escribe sus memorias en formato de cómic. Su autor es Chester Brown, un reconocido dibujante canadiense que no ha pasado desapercibido con esta obra.

No se trata de un libro provocador o morboso. Las viñetas son sobrias, evitan los primeros planos y no muestran los rostros de las mujeres para preservar su identidad. Chester Brown presenta un testimonio profundamente honesto de su experiencia de pagar sexo durante cuatro años, entre 1999 y 2003. Además, quiere reivindicar esa práctica como un derecho sexual al oponerse a la pretensión de los Estados de regular la prostitución: “La prostitución no es más que una forma de ligar. No existe un marco legal o regulador para ligar sin pagar. Nada sucede durante las citas previo pago que no suceda en las citas sin pago. Desde una perspectiva legal tendrían que ser consideradas idénticas. No es necesario ningún marco legal o regulador para ligar pagando”.

Estas palabras, que suenan a manifiesto, no hacen parte de la historieta sino de un largo apéndice de 50 páginas con reflexiones y citas de otros autores que convierten a este libro también en un ensayo. Que se justifica, si tenemos en cuenta que, mientras él escribía sus memorias, en Canadá se debatía sobre la legalización o criminalización de la prostitución. En ese momento, la prostitución outcall era legal, es decir, a las trabajadoras sexuales se les permitía trabajar en la casa del cliente o en una habitación de hotel; la prostitución incall era ilegal, ellas no podían trabajar en burdeles o en apartamentos alquilados para eso. Tampoco se permitían ofrecimientos públicos a fin de desestimular la prostitución callejera.

En la historieta, escrita a la manera de un diario, Chester Brown nos cuenta en detalle cómo llegó a ser un putero y cómo dejó de serlo. Un día su pareja, Sook-Yin, le cuenta que se está enamorando de otra persona. A Chester no le importa y le propone a Sook seguir viviendo juntos mientras ella desarrolla su relación con su amigo Justin. Que avanza muy rápido: Justin se va a vivir con ella en la misma casa de Chester. Pero él no siente celos, ni deja de querer ni disfrutar la compañía de Sook. Así se lo cuenta a sus incrédulos amigos Seth y Joe Matt, otros reconocidos autores de cómic. Por cierto, el contrapunto de la narración será la conversación con los amigos, a quienes les cuenta todo lo que hace –y quienes lo cuestionan duramente–, y sus encuentros furtivos con diferentes prostitutas.

La relación de Sook y Justin se consolida, y Chester no los envidia. Al contrario, sus peleas le confirman algo que ya venía intuyendo: la infelicidad del amor de pareja, del amor romántico. Prefiere estar solo y querer, sin posesividad, a sus amigos y amigas. Sin embargo, está el problema del sexo. A Chester, que no puede renunciar a él, no le interesa la conquista. La única opción son las prostitutas, “pagar por ello”, aunque no sabe nada del asunto y le da miedo que la Policía lo capture. Carla será la primera, y le seguirán Angelina, Anne, Susan, Jenna… Hasta la vuelta a la monogamia con Denise.

En su periplo sexual, Brown descubre que existen muchos mitos y prejuicios alrededor de la prostitución. Hay prostitutas que disfrutan su trabajo y la esclavitud sexual y el maltrato puede llegar a ser menor que en las relaciones sin pago: la mayoría de los hombres que pagan por sexo no se sienten dueños de ninguna mujer y tratan bien a las prostitutas. Veronica Monet, activista sexual y exchica de compañía, ha dicho sobre este libro: “Mientras debatía a favor de la descriminalización de la prostitución en la televisión nacional durante los últimos veinte años, hubiese acogido con agrado el testamento que hace Chester Brown de las cualidades humanas que definen a la mayoría de los clientes de las prostitutas”.
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