Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/03/03 00:00

Chicago

La comedia musical que ha recibido 13 nominaciones al Oscar es una película divertida con una puesta en escena maravillosa.

Podria ser solo una sátira despiadada sobre las celebridades intermitentes que invaden las sociedades y la audiencia despistada que aplaude como un títere de mil cabezas, pero en realidad se dedica a convertirse en una película divertida, nostálgica e inteligente que recoge todas las virtudes del Hollywood de siempre -justo ahora que suele emplearse en son de guerra el adjetivo 'hollywoodense'- y recrea, con una astucia por poco inconcebible, las coreografías y las canciones maravillosas de uno de los montajes más célebres del Broadway de los últimos años. Ver Chicago, este homenaje a la peligrosa ciudad de los años 20, es como entrar a la última atracción del más grande parque de diversiones del mundo: uno no puede creer, mientras la ve, que tantos trucos y tantos artificios puedan hacerlo sonreír y emocionar de esa manera.

Chicago es, en su versión cinematográfica, un musical irónico: es decir, un musical que, como Bailarina en la oscuridad o Moulin Rouge, sabe muy bien que en la vida real la gente no improvisa bailes complicadísimos ni entona melodías con acompañamientos cuando quiere decir lo que siente. Las danzas y las piezas de cabaret suceden, casi siempre, dentro de la cabeza de la frágil protagonista del relato, la pobre Roxie Hart, que, si no asesinara al hombre que para acostarse con ella le prometió conseguirle su propio espectáculo, jamás cumpliría el sueño de llegar a las primeras planas. Sí, Roxie va a la cárcel por dispararle al tipo con que le ha sido infiel a su triste esposo Amos, y ahí, en esas celdas llenas de esposas traicionadas, se encuentra con Velma Kelly, la famosa cantante que ha admirado desde siempre y que está a punto de ser juzgada por el asesinato de su esposo y de su hermana, y entonces comienza a entender los terribles mecanismos de la realidad. La imponente carcelera 'Mama' Morton, y Billy Flynn, un abogado frío y calculador -aunque ese par de adjetivos suelan considerarse redundantes en relación con el oficio-, serán sus dos grandes maestros.

Tres decisiones brillantes, creo, han tomado los productores de este largometraje: la primera, encargarle la escritura del guión a Bill Condon, el autor de Dioses y monstruos, ha solucionado los principales problemas de la puesta en escena; la segunda, contratar al coreógrafo Rob Marshall para dirigir su primera película, contra todos los pronósticos ha dado origen a numerosos hallazgos visuales de esos que sólo consiguen los hombres de teatro; la tercera, elegir a Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones, Richard Gere, Queen Latifah y John C. Reilly para interpretar los cinco papeles principales, ha sentado la idea de que aquellas escenas no habrían podido filmarse mejor y ha convertido a una sátira que bordea el artificio en una conmovedora comedia sobre mujeres que mienten para defenderse y hombres que atacan a punta de mentiras.

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