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| 9/11/2010 12:00:00 AM

Chicos necios

No dependen del Estado. No quieren tener una galería en Bogotá. Tampoco hacer plata. Son los nuevos gestores culturales: jóvenes, creativos y emprendedores, pero a su manera.

Entre sus prioridades no está lograr utilidades. Solo poder vivir de lo que les apasiona. Son cinco proyectos unidos por las ganas de experimentar y la obstinación por llevar su trabajo creativo más allá de los espacios convencionales. De esta forma, y sin hacer mucho ruido, están construyendo nuevos espacios para el arte y la música en el país. Estos cinco son apenas una muestra representativa de un ámbito alternativo que se está moviendo en el país.

Matik-Matik

Más que un bar o un centro cultural, Matik-Matik es un laboratorio. Un lugar que surgió para suplir la necesidad de un espacio diferente a las frías salas de concierto para experimentar con sonidos en Bogotá. Esto era lo que buscaban sus creadores: Diana Gómez, artista plástica; su esposo, Julien Calais, y su cuñado Benjamín, ambos belgas.

"Lo nuestro es un proyecto cultural bajo la plataforma café bar- explica Benjamín -. Además de los músicos, cada vez viene más gente con curiosidad por esta música". La clave de la acogida que ha tenido el lugar está en su programación, que combina géneros clásicos como el barroco, la música antigua y el jazz con novedosos experimentos. Estos van desde combinar música con dibujo y danza contemporánea hasta ejercicios de improvisación en vivo, con varios formatos por concierto y una base musical atípica: tres baterías y una guitarra, por ejemplo. No obstante, lo valioso de esta apuesta es que no es para todo el mundo."Esto no es rentable. Para sobrevivir, nos toca alquilar el local para fiestas". Pero esto no los amilana. Igual están pensando en hacer talleres de instrumentos electrónicos y, a largo plazo, quieren ser la semilla de un nuevo evento cultural para Bogotá: Música Experimental al Parque.

La Distritofónica

No es un espacio físico. Es la unión de varios músicos bogotanos que, como en una minga indígena, buscan intercambiar conocimientos y alientos en un ejercicio de trueque de talento para impulsar nuevas propuestas, con la experimentación como denominador común.

Se definen como un sello independiente. Más de 15 grupos lo conforman y su labor no es producir y comercializar discos sino servir de plataforma de apoyo. Sus géneros son la música contemporánea, el jazz y la música tradicional colombiana. En sus formaciones es común encontrar nombres que se repiten, fruto de una permanente colaboración entre los músicos de un proyecto cuyos gestores son Alejandro Forero, Juan David Castaño, Jorge Sepúlveda, Ricardo Gallo, Eblis Álvarez, María Valencia y Javier Morales.

Tras cinco años de existencia, el éxito de la iniciativa se mide en el número de discos que han salido con sello Distritofónica: 24. Cifra importante para los géneros a los que les apostaron, con frecuencia resistidos. Entre ellos se destacan Caída Libre, Juan Manuel Toro quinteto, Ricardo Gallo cuarteto y Meridian Brothers. Pero más que los discos, el gran fruto de su trabajo está en haber hecho visible una música que parecía ser de gueto.
 
Lugar a Dudas

Cinco años también tiene este espacio caleño dedicado a promover la práctica artística sobre todo entre los jóvenes. En este tiempo es mucho lo que ha logrado. Comenzando por los más de 30 artistas de diferentes países que ha acogido bajo la figura de las residencias artísticas. A la presencia permanente de quienes vienen a crear pero también a compartir experiencias a través de talleres y conversatorios, se suman sus espacios de exhibición de arte y cine y un centro de documentación con más de 4.000 ejemplares impresos y audiovisuales.

La solidez del proyecto le ha permitido a su creador, el reconocido artista Óscar Muñoz, conseguir apoyo económico de varias entidades extranjeras, entre ellas la Fundación Mondriaan, de Holanda, y establecer alianzas con instituciones como el Museo de Arte Moderno de Barcelona y el Consejo para las Artes de Inglaterra.

De todas sus actividades sobresalen las residencias y el centro de documentación. El éxito de las primeras se debe a que entraron a hacer parte de varias redes internacionales. Hoy le apuntan a crear una red nacional. El centro de documentación es la otra joya. Ha recibido donaciones particulares, conserva una envidiable colección de catálogos de exposiciones y realiza adquisiciones constantes de libros de arte, cine y teoría. Su proyecto más reciente es un archivo de artistas locales, a quienes ofrece un cajón para que depositen catálogos y objetos.

Residencia en la Tierra

Tomando como modelo la experiencia de las residencias de Lugar a Dudas, un grupo de jóvenes de diversos perfiles echó a andar un proyecto para hacer algo similar pero en una locación campestre. "Nos dijeron que era algo utópico. Comenzamos con grupos de amigos, haciendo talleres en una finca en Montenegro, Quindío", recuerda Daniel Santiago Salguero, el artista del grupo. Junto a él están Elena Landínez, diseñadora; Fátima Vélez, literata hija del arquitecto Simón Vélez; Pedro Nicolás Villegas, abogado, y Sebastián Cruz, internacionalista.

La idea pronto echó raíces. A los talleres para amigos les siguieron otros de dibujo, fotografía y elaboración de libros de artista a cargo de nombres reconocidos como José Antonio Suárez, Lucas Ospina, Dana Wyse y Guillermo Santos. El lugar está abierto todo el año, aun cuando la actividad más intensa se da con los talleres. La idea es proporcionar un espacio para cualquier persona que necesite de silencio y naturaleza para "volver a la experiencia terrestre inicial -explica Salguero-. La gente se relaja mucho y fluye la creación".

Tres Patios

Para celebrar su décimo aniversario, el Museo Nacional de Arte Moderno de Londres convocó a diferentes espacios alternativos del mundo al Festival de Arte Independiente No Soul for Sale. Por Latinoamérica estuvieron tres, dos de ellos colombianos: Lugar a Dudas y Casa Tres Patios, de Medellín.

La historia de Casa Tres Patios también es la de unos quijotes con una idea, muchas ganas y recursos propios. Esta vez los protagonistas son el arquitecto norteamericano Tony Evanko, su esposa, Sonia Sequeda, y el artista antioqueño Santiago Vélez.

Todo se remonta a 2006, cuando, gracias a una beca Fullbright, Evanko estuvo una temporada en Medellín. Al llegar encontró que con el dinero de la beca podía acceder a una casa espaciosa a la que le podría dar un uso más allá del residencial. "Me di cuenta de que casi no había galerías para arte contemporáneo y tampoco espacios para instalaciones y obras de video". Con esto en mente, alquiló una casa en el barrio Buenos Aires que adecuó como espacio de exposición.

Al terminar la beca, Evanko regresó a Estados Unidos, pero para vender todo y regresar a establecerse definitivamente, y lo hizo en una casa del barrio Prado, donde hoy funciona Tres Patios. Tan pronto se instalaron comenzó la actividad: llegaron, para residir en la casa, artistas de Cali y Brasil; también empezaron los talleres, los conversatorios y las exposiciones. "Nos interesa el arte contemporáneo. El criterio es que las propuestas busquen cuestionar las prácticas y las técnicas, incluso cuestiones formales que estén en la línea de la experimentación, para así mostrarle algo distinto al público de Medellín".

Los recursos también vienen, casi todos, de instituciones de cooperación como las holandesas Hivos y Mondriaan, que financian las residencias de artistas. El resto muchas veces sale del bolsillo propio, cosa que no importa porque acá, como en todos los casos anteriores, el leitmotiv de la causa no es el lucro sino la creación. Y si es independiente, mejor.
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