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| 5/30/1988 12:00:00 AM

CHISMES DE ALCOBA

Poca profundidad y mucha habladuría en la biografía erótica de Manuela Sáenz

La editorial Tusquets de Barcelona convoca anualmente un concurso de novela erótica para su colección "La sonrisa vertical". El X Premio fue para el escritor venezolano Denzil Romero, quien envió una imaginativa biografía erótica de Manuelita Sáenz y cuyo título, "La esposa del doctor Thorne", resulta completamente irónico.
Un reconocimiento internacional de esta categoría --el más alto en este campo en lengua castellana-- hace suponer que con el primer latinoamericano que alcanza esta discutible dignidad, la literatura de nuestro continente adquiere un nuevo prestigio.
Vana ilusión.
Aunque las declaraciones del jurado y las explicaciones autoafirmativas del autor, tras recibir el premio, intentan recuperar un cierto aspecto de la vida de personajes ilustres del pasado, olvidado por la historia, como es el erótico, éste termina devorando al personaje de la historia. Se convierte a los personajes en figuras eróticas revestidas de datos históricos, que no son más que proyecciones de las fantasías y los fantasmas del autor. La novela, como literatura pero también como historia tras la lectura de sus 212 páginas, termina defraudando.
La vida de Manuela Sáenz, que nació en Quito en 1793, está aquí reducida al ciego impulso sexual que la empuja desde su núbil edad a caer en brazos, primero de su sáfica tía Libarda, para luego rodar de lecho en lecho, entre frailes, abadesas, sirvientes, jóvenes impetuosos, marinos orientales y capitanes del ejército, hasta poner fin a sus andanzas al ser conducida al altar por el doctor Thorne, médico inglés, quien aplacó, por solo unos pocos meses, su avasallante ímpetu erótico, para luego renovar sus búsquedas insaciables. A raíz de la victoria de los ejércitos libertadores en la batalla de Pichincha, Manuela Sáenz, la esposa del doctor Thorne, a quien "engañó con media humanidad", conoce a Simón Bolívar, y viven entonces episodios apasionados de amor lujuriante. Manuela abandona a Thorne y sigue la ruta del Libertador, hasta la vispera de la ominosa noche septembrina. Antes de llegar a este episodio, bruscamente termina la novelá.
El catálogo de la vida erótica de Manuela Sáenz ha sido sintetizado por el autor así: "Se dio permiso para tener relaciones lésbicas y fue una heterosexual muy intensa, tuvo muchos amantes, e inclusive relaciones incestuosas con un medio hermano". Este es en realidad el objeto del relato: describir con lenguaje pseudo-poético esas relaciones amorosas, cuando los amantes se precipitaban en sus escarceos sexuales.
Aunque el autor propone --sin jamás alcanzarlo-- un lenguaje "poético y novedoso" para dar una dimensión erótica, libre, fantasiosa y fatalista, a un capítulo de la historia de nuestra independencia, el tema sexual termina convirtiéndose en el centro de toda expectativa. Aquí se repite aquello que acontece con la literatura erótica, incluso pornográfica: cuanto más puede ofrecer de sexo, menos puede interesarse por otras cosas. El lector tocado en su curiosidad erótica, comprende esto. Al culminar cada uno de los episodios febricitantes, pasará de prisa las páginas que lo separan del nuevo episodio, sobre el cual caerá con los ojos ávidos de su lectura. Y puesto que la verdad histórica está deformada, es improbable que la novela de Romero tenga alguna importancia. Su método histórico resulta tan vago como poco consistente: "Cuando me aplico al trabajo novelesco --dijo Denzil Romero-- doy permiso a la ficción aunque el relato se base en datos históricos y es muy probable que esa ficción descubra la verdad histórica que ha sido manoseada". Lo que se echa a ver en esta afirmación es que es muy improbable que esa ficción descubra una verdad histórica, que ha sido manoseada precisamente por quien la ha hecho materia de su desaforada fantasía. Sin encontrar razones morales o estéticas válidas para rechazar el relato erótico, lo más lamentable en esta novela es su falta de calidad literaria, su oportunismo histórico, sus esquemas repetitivos, su fantasia erótica reducida a descripciones físicas y anatómicas, los paralelismos agotadores y la simplificación en la visión de los placeres humanos.--
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