Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/09/06 00:00

CIEN AÑOS DE SUSPENSO

Con una obra plagada de suspenso y humor, el director Alfred Hitchock marcó una era en el cine. <BR>Al cumplirse 100 años de su nacimiento el mundo del séptimo arte lo recuerda con gratitud.

CIEN AÑOS DE SUSPENSO

En una entrevista que le concedió al diario Saturday Evening Post, Alfred Hitchcock
confesó que una de las cosas que más disfrutaba era entrar a un ascensor lleno de gente y describirle a
su acompañante de turno, con una seriedad impresionante, situaciones como la siguiente: "Por supuesto, no
sabía que el arma estuviera cargada, pero cuando se me disparó le hizo un gran boquete en el cuello. Le
voló un trozo de carne y dejó al descubierto un montón de ligamentos blancos. Noté humedad en los pies.
Resulta que estaba en medio de un gran charco de sangre".
Le fascinaba ver la reacción de quienes lo rodeaban, la rigidez que adquirían y la incomodidad que percibía
cuando salía del ascensor y los demás se quedaban allí plantados, muchos con ganas de seguir oyendo
la historia y otros escandalizados por lo que acababan de escuchar.
Estas bromas, que parecen propias de un niño, fueron el común denominador en la vida de Hitchcock y en su
obra cinematográfica también se vieron reflejadas en medio del suspenso que siempre manejó. Proclamó
abiertamente su odio por los huevos y por ello en sus películas aparecían como elementos negativos. En
Para atrapar al ladrón una mujer apaga su cigarrillo en una yema de huevo y en La sombra de una duda un
cuchillo atraviesa un huevo frito con la intención de que su color amarillo se esparza por todo el plato para
causar así la repulsión del espectador, "en mi opinión resultaba mucho más eficaz que ver manar sangre",
aseguró Hitchcock.
Siempre expresó su admiración por personajes como el que llevaba en la planta de su pie, un tatuaje de
Cristo, de tal forma que cada vez que caminara lo tuviera que pisar. Defendió el humor londinense y
situaciones que lo impulsaban en su labor, como el hombre de 89 años que va al entierro de un amigo y otra
persona que está en el cementerio le sugiere: "Tú te deberías quedar aquí de una vez". Por ello Hitchcock
defendió tanto su película Quién mató a Harry, en la que un cadáver se convertía en un problema para
quienes lo rodeaban y no sabían qué hacer con él.
Su inclinación por el humor negro se dio desde que era niño pues él mismo era víctima de las bromas de su
padre cuando apenas tenía cinco años. En una de ellas, la cual contó en varias entrevistas, su padre lo
envió a una estación de policía con una carta dirigida al comisario, quien al leerla soltó una carcajada y
encerró al pequeño en una celda durante 10 minutos y le dijo: "Para que veas lo que pasa con los niños
malos". Desde ese momento hizo famosa su confesión: "Cuando yo era niño lo único que tenía claro era
que no quería ser policía", tanto es así que nunca quiso aprender a conducir para ni siquiera toparse con un
policía de tránsito.
Hitchcock también se caracterizó porque siempre aparecía en sus películas. A François Truffaut le contó que
la cinta Lifeboat fue muy especial para él en este aspecto: "Es mi papel favorito y debo confesar que pasé
largos y penosos momentos para resolver este problema. Normalmente represento a un ciudadano que
pasea, pero ¡cómo inventar un peatón en el océano". Al final optó por aparecer en una gran foto de un
periódico que tiene uno de los personajes de la embarcación y que en la cinta se puede ver claramente.
Detrás de ese "narcisismo" , como lo llama el crítico Jaime García Saucedo, y del humor negro de su obra,
hubo un director temperamental que muchas veces llegó a tratar mal a sus actores. Fue el caso de la cinta
Notorius publicitada como 'El beso más largo en la historia del cine' entre Ingrid Bergman y Cary Grant. El
propio Hitchcock se percató de la incomodidad de los actores por la manera como debían besarse y les dijo:
"Me importa poco que se encuentren cómodos o no, lo que me importa es el efecto que se obtendrá en la
pantalla".
Las anécdotas en torno de sus montajes son innumerables. En la grabación de Number Seventeen quiso
que una casa desocupada estuviera llena de gatos, de tal forma que después de cada disparo los animales
corrieran por las escaleras. Para sorpresa suya una multitud rodeó la casa. Hitchcock no sabía qué pasaba
hasta que un asistente suyo le dijo: "Tranquilo, son los dueños de los gatos".
A Truffaut, uno de sus más afortunados entrevistadores, le confesó que el asesino en la escena de la
ducha de Psicosis , en la que muere Janet Leigh, fue representado por una mujer con peluca y no por
Anthony Perkins como se creyó durante mucho tiempo. La escena se repitió dos veces para evitar que
se reconociera el rostro del asesino.
Su producción superó el medio centenar de películas y a pesar de que todo el mundo alabó sus
producciones jamás recibió un Oscar como mejor director y su máximo reconocimiento lo obtuvo con
Rebeca, la mejor película de 1940. Este viernes se cumplen 100 años de su nacimiento y el cine agradece
más que nunca el legado de este maestro del séptimo arte. nAlfred Hitchcock nunca recibió el premio Oscar a
mejor director

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