Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/12/12 00:00

Cine bajo las estrellas

El festival de cine de Santa Fe de Antioquia llegó a su décima edición con una importante muestra del cine español de la transición. Crónica de Luis Fernando Afanador.

Angel-Santos Garcés, Hilario Rodríguez, Manuel Gutiérrez Aragón, Víctor Gaviria después de la rueda de prensa del X Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia

Santa Fe de Antioquia, viernes 4 de diciembre de 2009, 9:30 de la noche. Se acaba de inaugurar el X Festival de cine. Palabras del alcalde, del gobernador -en video-; palabras del director del festival, el cineasta Víctor Gaviria. Presentación de los grupos Sentir Flamenco y Juan Carlos Lezcano. Hasta ahí, un evento como muchos. De pronto, comienza la película española Los fieles sirvientes y se hace un silencio inmenso y respetuoso en el parque principal. Se trata, sin duda, de un público que ha tenido relación con el cine, que ha aprendido a amarlo poco a poco. En ese momento me convenzo. Era cierto lo que me habían dicho: este festival es especial, único en el mundo.
Hace 10 años, Víctor Gaviria fue invitado a presentar su película La vendedora de rosas, en la recién restaurada casa de gobierno de Santa Fe de Antioquia. La exhibición se hizo sobre una pared. Luego hubo tertulia con el consabido trago local, barato y con olor a maíz: 'Candela'. De parque en parque, Gaviria fue escuchando anécdotas de las muchas películas y series de televisión que allí se habían filmado. Muchos de los viejos y los muchachos que las evocaban habían participado como extras o habían colaborado de alguna u otra manera en su filmación. La idea le quedó rondando y al volver a Medellín le propuso a un grupo de amigos: ¿Por qué no devolverle a Santa Fe de Antioquia algo de lo que le ha dado al cine nacional con sus locaciones?

Así nació el festival y el tema de la primera edición estaba claro: La provincia en imágenes. Bajo el cielo antioqueño (1924), de Arturo Acevedo; La deuda (1997), de Nicolás Buenaventura y Manuel José Álvarez, y en televisión, Que pase el aserrador (1985), de Víctor Gaviria, y La casa de las dos palmas (1991), de Martha Bossio de Martínez, entre otras. Los realizadores regresaban por primera vez para mostrar a sus habitantes las películas que ellos habían ayudado a filmar con sus casas, sus calles y sus rostros.

Asistieron 7.733 personas a las 13 películas de la muestra central y a los 10 eventos académicos. Y Ronald Ayazo, Humberto Dorado, Carolina Trujillo y Vicky Hernández, las estrellas del momento, en bermudas, relajados, tomaron jugos en las esquinas y se confundieron con la gente. Ese ambiente de familiaridad con los actores persiste y en esta décima edición, Frank Ramírez, Álvaro Rodríguez, Cony Camelo, Julio César Herrera y Salvo Basile tuvieron que ser pacientes mientras caminaban por la calle del Medio o bailaban Salsa en el Oasis: ya no es un jugo, sino una foto. En la época de las cámaras digitales y el Facebook, todos quieren retratarse sin parar, y la fama se encuentra al alcance de un clic.

En un comienzo se pensaba que el festival podría llegar a ser una réplica a escala pequeña del de Cartagena. Pero no se pueden comparar. El de Santa Fe de Antioquia no es competitivo ni comercial, sino formador de públicos. Organizar la muestra de películas sobre un tema significativo del cine y complementarlo con reconocidos conferencistas y panelistas es otra cosa. Para Víctor Gaviria, el cine es un hecho cultural, las películas no se agotan después de cumplir su ciclo comercial. Detrás de cada película hay un contexto que es necesario poner a hablar. Hay historias, acontecimientos políticos, memoria colectiva. De ahí, las temáticas escogidas: Cine y poder; Conquista y Colonia. Y algo que interesa profundamente, el arraigo a los lugares. Por globalizados que estemos, pertenecemos a un lugar. Cine latinoamericano: señales de identidad; África: cine de las periferias; estrellas lejanas, cine oriental. Este año, un tema muy interesante: cine español de la transición. De la dictadura a la democracia; del miedo, la mentira oficial, la mojigatería, el poder que quiere perpetuarse más allá de los límites concebibles, al destape, la claridad y la libre expresión de las minorías.

Manuel Gutiérrez Aragón, director emblemático del cine español de aquellos años y la gran figura invitada, opinó sobre el festival: "Muy impresionados del recibimiento a las películas de la transición. Me pareció asombroso ver tanta gente en las plazas viendo películas. Y ayer tuve una imagen fantástica: gente sentada, en la aceras, gente tumbada viendo una película mía. Bueno, podían estar durmiendo -no lo descarto-, pero como para mí el ideal de vida es el de los romanos, pues que vean una película mía tumbados me parece genial".

Hilario Rodríguez, uno de los críticos de cine más importantes de España, dijo en su estupenda charla: "Para mí, la dictadura terminó simbólicamente en 1983 cuando en los cines se emite el último nodo. El nodo era un avance de noticias oficiales antes de las películas que se transmitió desde 1945 y en los cuales siempre se decía que en España nevaba, que los niños estábamos muy contentos y que Franco esquiaba en Navacerrada. Un país maravilloso que por fortuna desapareció en 1983".

En total se vieron 25 obras representativas de la transición de importantes directores ibéricos: Carlos Saura, Víctor Erice, Jaime Chávarri, Pedro Almodóvar, Cecilia Bartolomé y el mencionado Manuel Gutiérrez Aragón. Sin embargo, el evento multitudinario del festival continuó siendo este año el de Caja de Pandora, una maratónica muestra en dos jornadas de los mejores cortos colombianos en el Parque del Cementerio que comienza a las 6:45 de la tarde y termina a la media noche. Para algunos, este es el evento insignia del festival que reúne gente joven de varias regiones del país. Cerca de 2.000 jóvenes vieron bajo las estrellas cine colombiano de una calidad -lo pudimos constatar- muy superior a la que estamos obligados a ver en los teatros comerciales. Realmente algo emocionante.

Dadiana Giraldo, comunicadora de Medellín, dice: "Siempre asisto al festival. Es una oportunidad única de sumergirse en el cine durante cuatro días, ver videos inéditos de directores jóvenes, escuchar excelentes conferencias, disfrutar las películas en la noche en las plazas públicas, en un espacio precioso, bajo las estrellas. Lo mejor del Festival es que es un espacio sin elitismos, todo es gratis; habitantes, asistentes, actores, directores y conferencistas comparten los mismos lugares, y asisten por la misma razón: el amor por el séptimo arte".  

Los resultados este año no pudieron ser mejores para sus organizadores. Más de 9.000 personas y por primera vez transmisión en vivo de todas las conferencias y coloquios en la página web del festival. "Siempre tenemos miedo de que no se cumplan las expectativas del público y siempre cada año viene más gente", dice César Alzate.

Martes 8 de diciembre, 7 de la noche, parque principal. La mayoría de los invitados y de los visitantes se han marchado. Pero el parque está lleno para el acto de clausura y la última película. Eso significa que los habitantes de Santa Fe se han apropiado del festival. Que ya no lo ven como un evento sospechoso organizado por unos mechudos que hace 10 años llegaron a traerles lo mejor del cine.

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