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| 10/26/1998 12:00:00 AM

CINE Y PINTURA

Mario Schifano combina tecnología y manualidad.

El Festival de Cine de Bogotá no solo trajo producciones que deleitaron a los amantes del buen cine, sino sobresalientes trabajos sobre lienzo y papel que satisficieron a los aficionados a la plástica y que mostraron facetas desconocidas en Colombia del desarrollo pictórico del siglo XX. Me refiero tanto al sugestivo afiche de Sandro Chia, basado en una crayola que permite comprobar su erudición y el desenfado de sus temas, como a la excelente exposición, en el Fondo Cultural Cafetero, de la obra de Mario Schifano, un artista no muy familiar para el público del país pero cuyo trabajo figura en la primera línea de la pintura europea de las últimas décadas.
A pesar de que Schifano (1934-1998) es un pintor bastante mayor que Chia (1946), y de que su obra encontró sus fundamentos y estrategias durante la década de los 60 _antes de que Chia se convirtiera en el artista mimado de los coleccionistas europeos y americanos_ los dos son figuras sobresalientes en el movimiento transvanguardista italiano que fue definido y aglutinado por el crítico Achille Bonito Oliva en la década de los 70 y del cual hacen parte así mismo Francesco Clemente, Enzo Cucchi y Mimmo Paladino. La irrupción de este movimiento en la escena artística internacional le dio un nuevo respiro a la pintura, que se batía en retirada ante el empuje incontenible del arte conceptual, siendo acogido con verdadera avidez por las galerías comerciales que habían visto esfumar sus ingresos con el arribo de un arte efímero y apoyado en ideas más que en objetos de consumo.
Los trabajos de Schifano _y también los de Chia_ son ampliamente representativos de la transvanguardia en el tradicionalismo de sus formatos, en su carácter apolítico aunque no carente de implicaciones ideológicas y, sobre todo, en su acendrado eclecticismo. Los artistas de la transvanguardia se apropian de imágenes de la historia, de la cultura popular y de fuentes artísticas distintas de la occidental para elaborar representaciones alegóricas cuyo principal atractivo se asienta en su irónico lirismo. Podría decirse que la transvanguardia es la versión italiana del neoexpresionismo norteamericano y que su influencia se extendió rápidamente por todo el mundo, siendo reconocible en el país en pinturas tan disímiles como las de Miguel Angel Rojas, Alberto Sojo y Raúl Cristancho.
La obra de Schifano reproduce fotografías preparadas en la computadora y posteriormente pintadas con esmaltes, o simplemente retocadas por el artista. Los encuadres, detalles y cromatismo que sirven de fondo a la pintura provienen del cine y la televisión, pero su aparente tridimensionalidad se ve contradicha por las pinceladas que, a manera de signos o de delineación de los sujetos, se le sobreponen. Mientras la parte fotográfica presenta motivos extraídos del entorno urbano, paisajes y reproducciones que hablan de la vida cotidiana y de la inspiración del artista, la parte pictórica hace gala de una incontenible libertad expresiva y revela un gran placer gestual a través de los movimientos rápidos de su ejecución. Su trabajo conjuga elementos tecnológicos e intervenciones personales, poniendo de relieve las inevitables relaciones del artista con su entorno y de las obras de arte con su momento histórico.
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