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| 4/25/1988 12:00:00 AM

CIRUGIA ESTETICA

El Tiempo y El Espectador se remozan, introduciendo grandes cambios en su diagramación

Por estos días, los periódicos que llegan por debajo de las puertas de las casas de los colombianos, ya no parecen tan familiares. Tanto El Tiempo como El Espectador decidieron cambiar de cara. El primero se embarcó en una modificación total y el segundo, más tímidamente, prefirió variar sólo sus tres primeras páginas.
Desde 1970, El Tiempo no introducía elementos nuevos en su presentación. El Espectador, en cambio, ha venido variando desde 1980 su imagen y la de sus suplementos, como es el caso del Magazín Dominical. Ambos periódicos penetraron en la onda mundial de la renovación, teniendo en cuenta principalmente que las noticias entran ahora por los ojos, y que los medios impresos deben competir con los electrónicos y con la falta de tiempo de la gente para leer. Según una regla de oro de la prensa escrita, cada 15 años hay que modernizar la diagramación antes de que los lectores se aburran con la existente.
"El cambio del periódico no es tan sólo una cirugía plástica, porque el rediseño está acompañado de un nuevo enfoque en la manera de concebir, escribir y presentar la noticia", dijo a SEMANA el cubanoamericano Mario García, el experto importado por El Tiempo y quien ha cambiado la imagen de 66 periódicos en el mundo. García viene trabajando como asesor en esta transformación desde hace 18 meses, y de Bogotá volará a Singapur, para seguir revolucionando medios escritos en diferentes partes del planeta. Mario García ha estado acompañado en este trabajo por Juanita Santos, directora del Departamento de Diseño y por Ponto Moreno, un grafista colombiano que se encontraba radicado en París, quien fue traído para que fuera el director de orquesta de los cambios. "Con una tecnología de rayo láser, el periódico trabajaba con la mentalidad del plomo", dice García. Y Juanita Santos agrega: "Nuestra parte gráfica era obsoleta, estábamos como 20 años atrás. Así que decidimos cambiarlo todo, menos el cabezote del periódico, porque éste es para nosotros sacrosanto".
Con el tratamiento de belleza, El Tiempo se ve hoy más limpio, más nítido y se deja leer más fácilmente. No sólo se cambiaron las fuentes tipográficas, los aspectos estructurales de la maqueta y los conceptos básicos del diseño, sino que también se le metió muela a la parte periodística con la que se trabajaba en el diario. "Había mucha desorganización. La redacción iba por un lado y el diseño por otro", dice Ponto Moreno. Hoy se intenta hacer el matrimonio perfecto entre la parte escrita y la parte gráfica. Para este efecto se elaboró un manual de estilo gráfico que fija las pautas generales. Es el esqueleto del periódico.
"Con esta fórmula se hará el 60% del diario. El 40% restante será sorpresa, creatividad e ingenio", señalan con entusiasmo Juanita Santos y Ponto Moreno.
En El Espectador los cambios son de otra dimensión y a otro precio. Las modificaciones radicales se limitaron a las páginas editoriales. Alfonso Cano Busquets, director Gráfico y quien lleva la batuta aquí, contó a SEMANA que la adopción de un nuevo tipo de letra en los textos, se hizo teniendo en cuenta múltiples encuestas en las que los lectores señalaban como prioridad 1-A la necesidad de hacer el periódico más legible. "Aunque muchos han dicho que ahora parecemos un periódico centenarista por el cambio realizado en las páginas editoriales, yo considero que la adopción de letras de tipo clásico le imprimen al periódico la seriedad que lo caracteriza en materia informativa. Además, el contraste que se logra entre esta nueva letra y el papel periódico da como resultado una impresión más clara, que no ensucia los dedos al pasar la página".
Las páginas 2 y 3 de El Espectador se diseñan ahora modularmente, es decir, creando bloques que son el resultado de una operación matemática y que unen a los periodistas una camisa de fuerza para escribir determinado número de líneas, lo que impide que de la página editorial se tenga que saltar a otras secciones del periódico a terminar la columna que se está leyendo.
En términos generales, la nueva cara de El Tiempo ha sido mejor recibida que la de El Espectador. El diario de los Santos es ahora más atractivo y más ágil. Los fondos a color, la utilización de los blancos, las viñetas y los recuadros facilitan y hacen más agradable la lectura. Además, las páginas segunda y tercera, que desplazaron la nutrida crónica roja, contienen ahora noticias amables y positivas del país y sus gentes, convirtiéndose así en mejores compañías para el desayuno de los colombianos.
En El Espectador, aunque el cambio ha sido de menor envergadura, ha generado mayores controversias. La página editorial con la letra gótica y poco aire parece más un retroceso al clasicismo que la entrada al modernismo. Aunque todo es cuestión de hábito, la reacción inicial no ha sido muy favorable.
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