Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/07/14 00:00

Cita a ciegas

El Teatro Nacional de la calle 71 presenta la obra 'Cita a ciegas' del argentino Mario Diament.

Cita a ciegas

Autor: Mario Diament
Director: Nicolás Montero
Actores: Humberto Dorado, Consuelo Luzardo, Diego Trujillo, Helena Mallarino, Natalia Helo.

Un empleado bancario cincuentón (Diego Trujillo), casado con una sicoanalista a la que ya no ama (Helena Mallarino) y obsesionado con una joven 20 años menor que él (Natalia Helo), decide sentarse por un momento en la banca de un parque a contemplar el paisaje y tomar un respiro en su rutina diaria. En esa misma banca está sentado un escritor ciego (Humberto Dorado), anciano ya, añorando su "amor inevitable": una joven que se encontró en una estación de metro parisiense y a la cual no tuvo el valor de hablarle, aunque cruzaron una mirada profunda, llena de significado, inolvidable. Ambos hombres tienen una conversación llena de confidencias y disertaciones. En esa misma banca, tiempo después, se sentará la joven de la que el empleado bancario está enamorado y conversará con el ciego; y en su momento también lo hará la madre de ésta (Consuelo Luzardo). Así mismo, cada una tendrá un motivo para visitar el consultorio de la sicoanalista.

La escenografía del parque, sencilla, efectiva y al mismo tiempo poética, con hojarasca de otoño bonaerense y una iluminación que simula diversas horas del día, contrasta con la cuadrícula cubista de falsa perspectiva con que se pretende ambientar el consultorio de la sicoanalista, un artilugio que queda suspendido en el aire y distrae, pesa sobre las cabezas de los actores. El paso entre la escenografía realista del parque y esta escenografía conceptual es un poco abrupto.

A lo largo de Cita a ciegas se nos devela un rompecabezas sentimental con tintes de relato policíaco en el que intervienen temas como la obsesión, el desgaste de las relaciones de pareja, el amor inevitable, la rutina, el destino y el azar. Escrita por el argentino Mario Diament y representada en su versión original, cada escena de esta obra es un mano a mano existencial entre dos personajes a través de la conversación. El elenco es de primera. Natalia Helo, quien ya había dado muestras de su talento en el montaje de Tío Vania que se presentó en el Camarín del Carmen, da la talla en medio de actores más renombrados. La actuación de todos es rigurosa y conmovedora, tanto como para que la obra no se sienta larga. Haber representado el texto en su forma original, sin colombianizarla, es un acierto, pues de lo contrario, se perdería la alusión a Borges, tan fundamental y tan sugerente para el tema que trata.

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