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| 6/25/1984 12:00:00 AM

CITA CON LA MUSICA

En Tunja se realiza el XII Festival Internacional de la Cultura.

Tunja, recostada con suavidad en colinas de secano, yermas y agostadas, es como una población de Castilla que, habiendo atravesado el mar, las llanuras tropicales y las faldas de tres cordilleras, encontró su atmósfera natural en el altiplano boyacense, entre trigales y retazos de ocre. Con frecuencia el viajero suele pasar de largo por Tunja, y dejar a la vera de su camino maravillosos ejemplos de nuestro arte hispánico. Acaso Monguí, Villa de Leiva, Sora, Tópaga, Samacá, Cucaita, Jenesano, y otras decenas de nombres en la geografía de Boyacá, con sus tesoros coloniales y con su antigua arquitectura enjalbegada, son de alguna manera los involuntarios enemigos de las iglesias, de las plazuelas o de los conventos tunjanos.
Pero todos los años, por esta época, hay una espléndida excusa -si es que se necesita alguna-, para que aquéllos que llegan a una de las regiones más entrañables de Colombia, se detengan en la ciudad. Allí se celebra el Festival Internacional de la Cultura de Tunja, que convierte a la villa, durante algo más de dos semanas, en una especie de centro de las artes plásticas, del teatro popular, del folclor, del cine, de los libros y sobre todo de la música, cuya presencia es un poco el corazón del evento.
Pero un festival de esta naturaleza, por paradójico que parezca y a pesar de sus escasos doce años de existencia, no es de manera alguna extraño a la idiosincracia de la ciudad. Tras los omnipresentes muros conventuales y frente a los altares churriguerescos que combinaron de manera armoniosa el arte español y la inspiración indígena, la cultura fue desde siempre una manifestación cotidiana. Desde los primeros años de su vida, la ciudad se convirtió en un centro intelectual, que opacaba inclusive a la misma Santa Fé. En Tunja, el clérigo-poeta Don Juan de Castellanos, fundó una de las primeras escuelas de retórica del Nuevo Reino y concibió la primera obra literaria, en sentido estricto, que habría de producir la Nueva Granada: La Elegía de Varones Ilustres de Indias. A propósito de Castellanos, él mismo afirma en un documento de la época, que era "tan hábil en el canto llano como en el canto con órgano", lo cual permite suponer que por aquel entonces, en Tunja, continuaba cultivándose de manera permanente la música que había llegado de la mano de Fray Vicente de Requexada, primer sacerdote -y músico-, que sirvió al curato de la villa. También, la comarca tunjana inspiró al poeta Hernando Rodríguez Camargo, quien era tañedor de Vihuela; y a la escritora mística Sor Francisca Josefa del Castillo y Guevara, quien afirma en su obra "Mi Vida", que pulsaba el órgano en su casa y en su convento".
Sin embargo, la tradición cultural de la ciudad no se detuvo en la Colonia, y durante el siglo pasado nombres como el del compositor Ismael Posada o el del profesor Carlos M. Torres, quien publicó una curiosa "Teoría de la música al alcance de todos", continuaron dándole a la ciudad brillo intelectual.
Por fortuna la herencia culta de Tunja ha sido recogida, y hoy la ciudad posee por citar una sola institución, uno de los más importantes conservatorios del país, la Escuela Superior de Música, bajo la dirección del maestro Jorge Zorro. Valga decir, que en el reciente Concurso Nacional de Piano realizado por Colcultura, los representantes de la escuela tunjana, ocuparon el primer y tercer puesto entre numerosos participantes de todo el país.
Dentro de esta querencia permanente del arte, que parece ser una característica de los tunjanos, Gustavo Mateus Cortés, fundó en 1973 los Festivales Internacionales de Cultura, que desde entonces se han llevado a cabo sin interrupción. Desde el principio esta iniciativa encontró en el gobierno departamental una gran resonancia, y así se creó la Corporación de Promoción Cultural de Boyacá, entidad que durante once años se ha encargado de promover y realizar el Festival, con unos patrones de calidad siempre en ascenso. No deja de ser un ejemplo, para otras regiones del país, el hecho de que sea el departamento de Boyacá, cuyos presupuestos distan mucho de ser los más jugosos de Colombia, la región que, en la búsqueda de una mejor calidad de vida, realice empresas de esta naturaleza.
Desde su nacimiento, el balance en cuanto a actividades artísticas del Festival, no puede ser más satisfactorio. En lo que a música se refiere, han concurrido no sólo los más distinguidos solistas y las más importantes agrupaciones orquestales del país, sino intérpretes y orquestas de gran prestigio internacional, que le han permitido a un público ferviente acercarse a manifestaciones musicales de todas las épocas, desde las cantigas de la edad media, hasta ejemplos contemporáneos de jazz.
Este año, el Festival Internacional de la Cultura de Tunja, se inició el pasado 26 de mayo y se extenderá hasta el 1° de junio, e incluye entre otras presentaciones importantes, la de la pianista soviética Regina Shanvilli y la del organista chileno Luis González Catalán. Entre los grupos de cámara que actuarán en Tunja, figuran The Verdehr Trio, el cuarteto vocal inglés The Scholars, el Quinteto de Vientos del Instituto de Cultura y Bellas Artes de Boyacá, la Orquesta de Cámara de Colombia, el Grupo de Cámara Opus 10, el Trío Biava-Uribe y el Coro de Cámara de Colcultura. También realizarán conciertos las orquestas Filarmónica de Bogotá, Juvenil de Colombia y Sinfónica de Vientos de Boyacá. Para el concierto inaugural se programó una auténtica noveda: del estreno en Sudamérica del Te Déum de Héctor Berlioz, que interpretó la Orquesta Sinfónica de Colombia y los coros estable y de niños de la Escuela Superior de Música de Tunja.
Los conciertos, como ya es tradicional, se llevan a cabo en la hermosa iglesia de San Ignacio, magnífica ejemplo de la arquitectura jesuítica americana del siglo XVII, que restaurada y adecuada ha sido convertida en una espléndida sala de música. Ojalá, sea ésta una ocasión para que gentes de todo el país, y sobre todo de Bogotá, acudan a Tunja, y además de disfrutar de una interesante programación artística, descubran el encanto de una ciudad antigua y señorial que, como todo el departamento de Boyacá, siempre está lista a recibir de manera cálida a todos cuantos llegan hasta ella.
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