Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/11/16 00:00

Coincidencias celestiales

Ediciones impecables conmemoran los 45 años de la muerte de Pedro Infante y los 90 del primer disco de Carlos Gardel.

Por una de esas coincidencias que parecen celestiales están circulando a la vez dos colecciones dedicadas a grandes leyendas de la música popular. La primera es una caja de cinco discos de Pedro Infante; la segunda un estuche con cuatro discos y un libro de fotos de Carlos Gardel. En la búsqueda de otras casualidades he hallado dos que son escalofriantes: ambos murieron en accidentes aéreos, ambos accidentes acaecieron en día lunes.

Por no mencionar que el cine fue el medio que los hizo -a cada uno en su momento- figuras reconocidas en todo el continente. Ya ha quedado grabada como arquetipo la imagen de Pedro Infante haciendo de carpintero y cantando Amorcito corazón en esa película de 1948 que se llamó Nosotros los pobres, acaso la escena más evocada de la época de oro del cine mexicano. "Uno iba a sus películas no por seguir la historia sino por verlo a él, me cuenta un amigo que alcanzó a verlo varias veces en matiné. Su presencia estaba por encima del argumento".

Todo eso que Pedro Infante era en el cine lo fue también en sus discos. Sin tener la voz más potente del mundo ranchero (no era Jorge Negrete, digamos), Infante sabía proyectar todo ese carisma en cada canción. La caja que acaba de salir al mercado, llamada Mis 125 super éxitos, es una recopilación digna. Le hace justicia como leyenda del corrido y la ranchera pero además, y ésta puede ser la gran sorpresa, recupera esa faceta de bolerista que lastimosamente no explotó tanto.

Carlos Gardel también le debe parte de su estatura legendaria al cine. En la película Melodía de arrabal, de 1932, enamoraba a la actriz Imperio Argentina. De paso enamoró también a mi abuela, que entonces era quinceañera y se escapaba de clase de piano para ir a matiné. Muchos años después sería ella la que me brindara el primer contacto con Gardel cuando me enseñó la belleza de estos versos:

"Perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón, que al rodar en el pedrao es un beso prolongao que te da mi corazón"

Cada cual escogerá su estrofa favorita entre las más de 700 canciones que grabó Gardel; yo me quedo con estas líneas por razones menos literarias que sentimentales. Y la fortuna quiso que esa canción fuera elegida entre las 60 que conforman la colección Carlos Gardel en música y en fotos. La premisa es exquisita: se seleccionan algunas de las canciones más populares del ídolo (sería injusto decir "las mejores"), se les presenta en un estuche llamativo con buen material fotográfico y, lo más importante, se recurre a las nuevas tecnologías para filtrar el ruido y realzar la música.

El truco se suma a muchos otros que, a lo largo de casi 100 años, se han empleado para mantener viva la imagen de Gardel. En 1974 el arreglista Alfredo de Angelis decidió agregar una orquesta a las viejas grabaciones del cantante. Según él, esto servía para "modernizar" a Gardel. Y seguramente lo hizo sonar moderno en ese momento, pero hoy ese álbum suena vetusto y la tendencia es la restauración de las grabaciones originales.

No se pueden esperar milagros: jamás sabremos, por ejemplo, cómo habría sonado Gardel en genuino estéreo. Pero el esfuerzo por limpiar al máximo los discos que nos quedan es grande porque allí se unen la tecnología y el corazón. Uno ha oído decir incontables veces que Gardel canta cada día mejor, habría que agregar que nosotros también nos preocupamos porque suene cada día mejor. Por eso es grato verlo reaparecer en ediciones tan pulcras como ésta.

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