Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/01/06 00:00

Colombia en la cama

Prostitutas, homosexuales, artistas y expertos en sexualidad hablan sobre sus experiencias en un amplio y completo reportaje.

Colombia en la cama

Francisco Celis Alban
Colombia erotica
Intermedio, 2002
378 paginas Hago lo que hago como un medio económico, dice María, una prostituta cara que trabaja en el Copacabana, un night club. Su historia es similar a la de muchas mujeres que en Colombia se dedican "al oficio más antiguo del mundo": un matrimonio o una relación sentimental fracasada, apuros económicos y luego la experiencia de venderse por insinuación de una amiga. La culpa y la frustración de la primera vez la pudo superar cuando dejó de pensar: "Si tú te pones a pensar en el momento que estás haciendo este trabajo, que es tener sexo con una persona y esperar un pago, ni lo haces ni tienes el pago". Al comienzo -dice Rosa- llueven la plata y los hombres. Después, empieza la realidad: 15 ó 20 días sin dinero por la gran cantidad de mujeres que hay en el negocio. Y empiezan las deudas. De cualquier manera, la plata nunca se ve, se esfuma rápidamente como toda plata mal habida. Y ya no hay vuelta de hoja, se trata de un mundo en el que muchas entran y pocas salen. "Es muy difícil salir, porque la magia de la noche te va llevando". ¿Cómo volver a trabajar en un almacén por un salario mínimo después de recibir alrededor de 100.000 pesos por una hora? ¿Y cómo irse a vivir con alguien que en cualquier momento le reproche su vida anterior? Sin embargo, hay otras percepciones. Como la de Mariana, una universitaria, que no lo hace por dinero sino por el placer de conocer cosas nuevas. O, como la misma María, que está segura de retirarse en un año para dedicarse a otra actividad. Y, a pesar de los sinsabores, no le queda un recuerdo negativo: "El hombre es lindo. A pesar de lo que hago, nunca le cogeré fobia a los hombres. Son espectaculares como personas, compañeros". Un joven militar de 31 años, de aspecto viril y con dos hijos, cree que la homosexualidad no tiene nada que ver con la represión ni con el libertinaje, es algo con lo que se nace: "Mi primera experiencia homosexual fue cuando tenía como 7 años". Y confiesa que en todos los grados del ejército hay homosexualidad: "Pero cuando se reúne uno con el grupo de oficiales y suboficiales gay en Bogotá, uno dice, ¡mierda!, cinco capitanes, tres mayores...". Para Mónica, dueña del bar Dos Lunas, la mujer gay es más prudente, más dedicada a su hogar, a su pareja, a su trabajo o sus estudios. El hombre es mucho más promiscuo, más dado a hacer escándalo, a que lo vean, lo admiren, a hacerse notar. Fernando Toledo no está de acuerdo con los homosexuales que "salen del closet" y convierten su postura sexual en una especie de profesión. Para él el homosexualismo es la posibilidad de construir una vida en común con otra persona del mismo sexo en la cual la satisfacción sexual no es la búsqueda exclusiva. Por eso no cree en el espíritu de gremio ni en las marchas gay. En total son 24 entrevistas de las cuales habría mucho por comentar. Pero con lo brevemente expuesto ya se puede observar algo del valor de este libro: aun sobre el mismo tema las opiniones son diversas porque se buscó encontrar la particularidad, la experiencia individual, el matiz. Las entrevistas son extensas y cuidadosas. Además de homosexuales y prostitutas, hay expertos en sexualidad, artistas, ex curas casados, taxistas y periodistas que fueron a un sitio de intercambio de parejas. Un amplio reportaje que permite visualizar la conducta sexual de los colombianos a pesar que se escogieron "situaciones extremas". Y sacar algunas interesantes conclusiones: es indudable el cambio que ha tenido el comportamiento sexual de los colombianos en las últimas décadas. Hay en general una mayor libertad pero también muchos problemas por falta de educación sexual y leyes adecuadas. Y un síntoma preocupante: la búsqueda exagerada de lo nuevo, de la moda. Como si los seres humanos no hubieran ensayado ya todas las posibilidades de la maldad y de la bondad. Dice la antropóloga Sandra Pedraza: "Todas las formas de experimentación con el sexo han sido más que probadas en distintas épocas de la humanidad".

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