Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/04/24 00:00

Colombia se la juega

Estados Unidos y Colombia están metidos en un tira y afloje para definir un tema muy sensible para ambos: las industrias culturales.

Colombia se la juega

Hasta el momento no se ha definido nada para la cultura en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. No es una casualidad. Este tema, que a primera vista parece marginal si se lo compara con otros más urgentes, es en realidad uno de los más sensibles y complejos de manejar.

Para Estados Unidos se trata de un sector fundamental. Su industria del entretenimiento constituye 80 por ciento de sus exportaciones (cine de Hollywood, software, música, televisión, industria editorial) y por eso buscan que este comercio esté libre y que exista inversión y prestación de servicios sin barreras. Colombia, que no tiene los medios económicos ni tecnológicos para competir de igual a igual ante el avasallador poderío de los gigantes del entretenimiento, busca una reserva lo más amplia posible para salvaguardar sus expresiones culturales de una eventual invasión norteamericana libre de barreras

En la última ronda de Washington el gobierno colombiano presentó un borrador con la reserva amplia que pretende. Según Gabriel Duque, negociador de Colombia en servicios e inversión del TLC, "la industria estadounidense se opone a una reserva amplia porque significaría que en el futuro podríamos prohibir toda la transmisión de sus programas. Eso no es aceptable en una negociación de TLC. Por eso creamos la última propuesta, sobre la cual se comprometieron a darnos una respuesta".

Las leyes colombianas sólo permiten 40 por ciento de inversión extranjera en las empresas de televisión y que el país inversionista ofrezca esta misma posibilidad a los extranjeros; las cuotas de pantalla que aseguran un 50 por ciento de producción nacional en los canales en el horario de 10 de la mañana a 7 de la noche y 70 por ciento en el horario prime time, es decir, de 7:00 a 10:30 de la noche. En los canales locales y regionales, por ejemplo, el 50 por ciento de la programación debe ser nacional. Además, para aspirar a ser concesionario de un espacio de televisión abierta o satelital se debe haber nacido en Colombia o ser una persona jurídica constituida legalmente en el país.

En cuanto a la Ley del Cine, ésta exige un porcentaje de películas colombianas en salas de cine, además de incentivos para quienes las exhiban y para fomentar la industria nacional.

Lo que Colombia negocia en este momento es su margen de maniobra en el futuro. Con respecto al tema de las tecnologías digitales propone proteger los contenidos culturales sin importar su formato, soporte o medio de transmisión porque tarde o temprano todos los contenidos culturales van a ser digitalizados. Por este camino transitará la cultura en el futuro y de hecho cada día se controla más y se limita el acceso gratuito a la web a través de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual.

A eso se suma la incertidumbre acerca de avances tecnológicos venideros. "La revolución tecnológica digital puede ser tanto la gran amenaza como la gran oportunidad para las industrias culturales. Se debe exigir que, en aras del principio de la neutralidad tecnológica, el entramado de cables, satélites y servicios digitales no se toque en las negociaciones internacionales", dice Bernardo Jaramillo, miembro de la Coalición para la Diversidad Cultural, que formaron en 2004 sectores huérfanos de vocería, como músicos, actores, gente del cine y editores independientes.

El sector de la televisión tiene una gran preocupación por el tema de comercio electrónico y nuevas tecnologías para transmisión de contenidos. "Nuestro sector de televisión quiere que nos reservemos con tecnología, pero técnicamente no es posible y Estados Unidos lo ve muy difícil. Por la línea del teléfono se van a poder transportar contenidos", observa Duque.

¿Qué tan factible es que Colombia implante restricciones en la transmisión de programas y contenidos por Internet? ¿Es conveniente para el país?, se preguntan los negociadores colombianos. Las nuevas tecnologías amenazan todas las industrias. El crecimiento económico se da sobre innovación tecnológica y se debe ayudar a quienes tienen viejas tecnologías para que tomen provecho de las nuevas y las implanten. Por eso en el anexo 2 Colombia no se compromete para nuevas tecnologías.

Robert Pilón, de la Coalición Canadiense por la Diversidad Cultural, dice que "lo que se desea no es menos comercio sino más comercio, siempre y cuando éste se entienda como un intercambio equilibrado y simétrico y no como una relación unilateral". No hacer una reserva adecuada debilita las industrias culturales y permitiría que los 'gringos' inunden el país con sus productos. "La reserva tal y como la pretendemos no le gusta nada a los negociadores estadounidenses. Ellos quieren una reserva amplia", según observa Jaramillo. Además es evidente que los negociadores estadounidenses tienen claras sus metas de acuerdos en cultura. Unos 220 lobbystas y asesores colombianos en temas culturales asistieron a la ronda de Tucson, Arizona, y 540, a la de Cartagena. En cambio, ningún norteamericano se hizo presente para guiar o presionar a sus negociadores.

QUÉ ESTÁ EN JUEGO
Colombia posee una destacada industria editorial, una creciente producción de televisión que está siendo acogida en Estados Unidos y otros países y una reconocida creatividad de músicos, cantantes y compositores. Existen publicaciones periódicas en las regiones, grupos de artesanos valorados en el exterior y experiencias de radio muy creativas. En cine, el país no ha logrado estructurar aún una industria, aunque se observan ya algunos efectos positivos de la reciente Ley del Cine.

Sin embargo los bienes y servicios culturales no son solamente mercancía. Se relacionan con la identidad y la diversidad cultural de los países, la participación social y la formación de ciudadanía. Ese es el argumento, además de la asimetría por el cual Colombia debe reservarse la posibilidad de tener políticas que promuevan la creación y la difusión de la cultural nacional, de poner reglas claras que protejan el quehacer cultural.

El presidente Álvaro Uribe ya ha recibido cartas de los diversos sectores de la cultura que argumentan por qué es necesaria la reserva y a lo que se expone la industria propia con el TLC. La Coalición Colombiana para la Diversidad Cultural está de acuerdo con lo que se discute hoy en la Convención Universal sobre Diversidad de los Contenidos Culturales y Expresiones Artísticas de la Unesco que se firma en septiembre: excluir los temas de la cultura de los escenarios de las negociaciones comerciales tradicionales y que sean tratados de forma independiente.

La semana pasada tuvo lugar en Washington otra ronda de conversaciones, aún queda una en Lima y posiblemente otra más sin definir. Se espera que la negociación priorice el tema cultural para que el monopolio cinematográfico de Estados Unidos, que produce más del 90 por ciento de las películas en el mundo, no apabulle a la pantalla grande nacional y tampoco a las muestras de otros países. "No es que no entren los gringos. Queremos acceder a productos de todo el mundo. Con una reserva no adecuada se perdería diversidad de otros países y la nuestra propia", dice Jaramillo.

Se trata de preservar la publicación de la literatura colombiana ; de poder ver cine árabe, europeo, hindú y latinoamericano; de que el zapping no solo lleve a los enlatados. Lo grave no es que entren productos de Estados Unidos sino que estos sean la única opción. "Estamos peleando para que haya un porcentaje lógico para nuestra industria y que jamás desaparezca la diversidad", finaliza Duque.

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