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| 11/22/1993 12:00:00 AM

Como agua para chocolate

Una película mexicana se está convirtiendo en un fenómeno cultural en todo el mundo.

COMO AGUA PARA CHOCOLATE ES, sin duda, un título raro. Se refiere a una analogía emocional y sexual de ese punto en que hierve el agua antes de que se le eche el chocolate. Y tal vez en esto radica parte del monstruoso éxito que han tenido tanto la novela como la película que llevan este nombre. La combinación del sexo con la comida es una fórmula original y estos son los dos elementos que se entrelazan en la obra de principio a fin.
Es una historia costumbrista sobre los matriarcados mexicanos. Comienza con una mujer picando cebolla. El llanto que este proceso le produce la hace acordar de las recetas de su tía abuela Tita, quien nació en 191O en una mesa de cocina -su madre dió a luz cortando cebolla-. Desde ese momento la película se traslada a principios de siglo para evocar una gran historia de amor en tiempos de la Revolución Mexicana. Pedro Muzquíz y Tita de la Garza se enamoran profundamente, pero encuentran un inconveniente: cuando Pedro pide la mano de Tita, la madre de esta, María Elena, la niega por la sencilla razón de tratarse de su hija menor, quien, según la tradición familiar, debe permanecer soltera en la casa para dedicarse exclusivamente a cuidar la vejez de su progenitora. Sin embargo, María Elena le ofrece como alternativa a su hija mayor, Rosaura, que estaba algo "quedada". Y Pedro, sin estar enamorado, pero para vivir en el rancho de la familia al lado de su amada Tita, decide contraer este matrimonio.
Como agua para chocolate cs una historia de amor prohibido. Como los protagonistas son cuñados y no amantes, tienen que limitarse a expresar sus sentimientos a través de la comida. A cambio de la comunicación sexual recurren a la comunicación culinaria.
Si lo anterior suena bastante parecido al mundo de García Márquez, no es una coincidencia. La autora de la novela, Laura Esquivel, es una admiradora del realismo mágico del Nóbel colombiano. Si Remedios la Bella sube al cielo como la Virgen María en Cien años de soledad, ¿por qué no se va a poder hacer el amor a través de un intercambio de suculentos platos entre dos enamorados?
Desde cuando apareció en México, la novela fue un éxito inmediato. Ha sido traducida a varios idiomas y, arrastrada por la película, ha figurado en la lista de los best sellers en Estados Unidos y varios países europeos. "Creo en el uso de las emociones para transmitir la esencia de la vida -afirma Laura Esquivel-. Lo racional es solo una parte de la vida; pero lo único importante es el amor".
Ante el éxito del libro se decidió hacer la película. Como la obra era esencialmente una historia femenina, se pensó inicialmente en una directora. Pero estas en México no abundan. Por ello se optó, finalmente, por el director Alfonso Arau que, no por coincidencia, era el marido de la escritora. Arau había dirigido algunas comedias mexicanas, pero era más que todo conocido como actor latino en Hollywood -de esos a quienes el público le conoce la cara pero nunca el nombre-. Apareció de bigote grueso haciendo de malo en películas estadounidenses tan famosas como Los tres amigos y Búsqueda de la esmeralda. Como dato curioso, las recetas de cocina sobre las cuales se basó la película Como agua para chocolate eran las de su madre y de su abuela en la vida real.
Arau y su esposa, trabajando en llave, decidieron jugarse el todo por el todo en el proyecto. El cine azteca produce alrededor de 100 películas al año, cuyos presupuestos no superan casi nunca los 200 mil dólares. Con ese dinero apenas se puede hacer una producción artesanal de cuatro semanas de la calidad de lo que hoy es el cine mexicano: localista y ramplón. Este género era definitivamente el que la pareja Esquivel-Arau quería evitar. Sin embargo, el costo promedio de una producción estadounidense es hoy en día de 30 millones de dólares y, como si esto fuera poco, tiene el requisito de que debe ser en inglés. El matrimonio decidió ensayar una fórmula intermedia: una producción en español con un presupuesto de dos millones de dólares. Es decir, 10 veces más que el costo de cualquier película mexicana contemporánea.
La idea de este experimento es que el amor y la comida son valores universales que, bien tratados en la pantalla grande, podrían convertirse en un éxito internacional. Como actores escogieron a dos protagonistas prestigiosos pero relativamente desconocidos. El papel de Tita se le dio a la mexicana Lumi Cavazos, y el de su amor gastronómico a Marco Leonardi, un mexicano-italiano que se distinguió por su papel en la película Cinema Paradiso, la cual se ganó el Oscar internacional. Para que la realización tuviera éxito se requería una excelente producción y era ahí en donde resultaban inevitables los dos millones de dólares. Como los productores no eran personas adineradas, no tuvieron más remedio que hipotecar su casa, cruzar los dedos y rezar.
La Virgen de Guadalupe se les apareció. Ni en sus más remotos sueños pudieron imaginarse el éxito que habría de tener lo que inicialmente no era más que una aventura. En Estados Unidos ha producido más de 17 millones de dólares, cifra que la convierte en la película hispana más taquillera de todos los tiempos. Comparada con otras cintas internacionales, la única que se le acerca es la producción francesa de hace 15 años La jaula de las locas, que llegó a los 16 millones de dólares. Para comprender lo que esto significa, basta decir que Cinema Paradiso, a pesar de que se ganó el Oscar, tan sólo llegó a los 10 millones de dólares. Aunque todas estas cifras son insignificantes frente a los 347 millones de Jurassic Park, constituyen nuevos récords en materia de cine internacional en Estados Unidos.
A qué se debe tanto éxito, es difícil determinarlo. El libro es ameno pero no magistral. Casi todo el mundo está de acuerdo en que es uno de los pocos casos en que la versión cinematográfica supera a la versión escrita. El filme, con sus ingredientes de amor y comida, es lo que se podría denominar una película de mujeres. Entre el sexo débil la acogida ha sido arrasadora. Tal vez este entusiasmo ha convertido a Como agua para chocolate en un fenómeno cultural. No obstante, para el público cineasta educado en Terminator y Robocop, una historia de amor platónico que se desarrolla en medio de una cocina, no es un banquete tan suculento, pero sin duda alguna es una obra de gran calidad. Marca un hito no sólo en la historia del cine mexicano sino en la del español y confirma que todavía hay en el mundo un elemento más universal que la violencia: el amor.
Pero como una cosa es el cine y otra la realidad, los cables de las agencias de prensa internacionales informaron hace poco que la autora de la novela, Laura Esquivel, y el director de la película, Alfonso Arau, se separaron por "diferencias irreconciliables" surgidas a raíz del éxito de su obra maestra.
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