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| 3/3/2012 12:00:00 AM

Como el ave fénix

El teatro Pablo Tobón Uribe renace de sus cenizas y vuelve a ser el corazón de la vida cultural de Medellín.

La historia de los teatros de Medellín tiene cuatro capítulos fundamentales. El primero lo escribió el viejo Bolívar en Carabobo; era el teatro 'de palcos' de principios del siglo XX y una auténtica joya arquitectónica que por las consabidas recomendaciones de los 'expertos' terminó demolido. Lo sucedió el Junín, una edificación gigantesca e imponente con condiciones acústicas excelentes, en el cruce de la Avenida La Playa con Junín, también demolido, en 1967, para instalar en su lugar la Torre de Coltejer.

Al Junín lo remplazó el Pablo Tobón Uribe que, paradójicamente, más que estar sobre 'La Playa' es su telón de fondo, porque es el remate oriental de la que sin duda es una de las más emblemáticas avenidas de la capital antioqueña, tiene una capacidad algo inferior a los 1.000 espectadores y muy buena acústica.

El 'Pablo Tobón', como lo llaman los antioqueños, se inauguró en agosto de 1967 y a raíz de la demolición del Junín se convirtió en el epicentro de la vida cultural de la ciudad, cuando a finales de la década sirvió de escenario para la realización de las 'Temporadas Haceb' lideradas por Alberto Upegui Acevedo, el padre de la Ópera en el país, experiencia de la que surgió la Ópera de Colombia. Más adelante consolidó su importancia al convertirse en la sede de la Orquesta Filarmónica de Antioquia que dirigía el maestro Sergio Acevedo y de paso fue el refugio natural de todas las compañías de danza y teatro de la ciudad.

Una cadena de malas administraciones, aunada a la desaparición de la Filarmónica y de la Ópera de Colombia durante la década del ochenta, inició el lento proceso de deterioro artístico y físico del teatro: "Al fin y al cabo era un muerto sin dolientes, porque del teatro se ocupaban muchas entidades y a la hora de la verdad ninguna quería responsabilizarse".

Entonces vino el cuarto capítulo de la historia: el Metropolitano, una construcción monumental en el Centro Administrativo de Medellín, inaugurada hace 25 años, que por sus deficientes condiciones acústicas no ha conseguido llenar el vacío que dejó la salida del Pablo Tobón del circuito cultural de Medellín.

Nadie daba un centavo por el viejo teatro de la Avenida La Playa. Hasta hace un año, cuando un grupo de antioqueños, bajo la dirección de Hélène Restrepo, resolvió hacer regresar a la vida el simbólico edificio. Durante más de un año elaboraron un completo plan de recuperación para convertirlo de nuevo en "un punto de encuentro y un centro de lúdica" y hacia el futuro, en palabras de Hélène Restrepo, directora saliente y del nuevo director, Sergio Restrepo Jaramillo, más que un teatro, un centro para las artes escénicas que contará, además de los consabidos servicios de un teatro, con una "Escuela de artes y oficios" encaminada a la formación de técnicos teatrales: tramoyistas, sonidistas, constructores de escenografías, iniciativa sin precedentes en el país y teóricamente viable dado el auge de la realización de espectáculos en Colombia.

Ya están dados los pasos fundamentales: remodelación y reparación de las instalaciones físicas del edificio, construcción de una nueva cafetería y, hacia el futuro, la construcción del bar-cafetería proyectado por el arquitecto sobre la terraza que enfrenta a 'La Playa', el cambio de la silletería del auditorio y, en un lote aledaño, el edificio de parqueo y las dependencias de la Escuela.

Pero sobre todo, la esencia misma de un teatro: una programación, que abrió el pasado fin de semana con el estreno en Colombia de El rapto en el serrallo de Wolfgang Amadeus Mozart.

La puesta en escena de El Rapto en el serrallo, bajo la dirección musical de Cecilia Espinosa, dirección de escena de Detleff Scholz en el marco de un audaz montaje digital inspirado en la pintura de Paul Klee, con la Sinfónica de Eafit, el Coro de cámara Arcadia y un elenco de solistas colombianos, son la prueba de que esto de hacer renacer de sus cenizas al Pablo Tobón es más que retórica. Es la salida por todo lo alto de una programación que cubre todo el año y que incluye hasta espectáculos del Iberoamericano de Teatro y, de paso, el guiño para que la dirigencia antioqueña ponga sus ojos sobre el ambicioso proyecto.
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