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| 10/17/1994 12:00:00 AM

COMO DUELE CRECER

Después de 11 años, el Festival de Bogotá sigue siendo un adolescente con ligerezas de principiante.

A SI COMO FUE DE internacional la muestra del reciente Festival de Cine de Bogotá, fue de provincial su manejo, logística y premiación. Este estigma caracterizó el evento que sigue midiendo la idiosincrasia cinéfila nacional.
Demostró, entre otras cosas, que hay público para propuestas elaboradas a pesar del bombardeo sistemático de películas comerciales de tercera clase, que los medios están dispuestos (a veces con demasiada buena fe) a apoyar y que las embajadas e instituciones pueden ser, aliados muy efectivos sabiéndolos aprovechar. Sin embargo, también quedó confirmado que no se ha cread después de 11 años del Festival, una manera efectiva de capitalizar estos recursos.

LA IMAGEN GAY
No se puede negar que las diferentes muestras (competencia, cine catalán, brasileño, arte, sida, etc.) exhibieron obras interesantes y un panorama variado del cine mundial.
El homosexualismo es un tema sorpresivamente recurrente, que en el Festival tuvo dos obras bandera. La catalana Ocaña, que para la crítica en 1978 marcó la muerte del franquismo, ofrece un paralelo interesante con la cubana Fresa y chocolate, que también parece marcar en los 90 la muerte del castrismo a ultranza. Como si más subversiva que la crítica social y panfletaria, fuera la oposición a las instancias de poder que se juegan en los cuerpos. Este tema se repitió como parodia, comedia, denuncia en varias películas.
Las muestras manejadas por las embajadas francesa, alemana, brasileña, fueron impecables. La antología de cine colombiano también fue un punto a favor porque demostró que en el país no se necesitan decisiones oficiales para producir cine.
Pero, en general, el Festival se vio como un gran monstruo, descuardenado inasible, sin temas aglutinantes y sin orientación. En cuanto a las óperas primas, no son siempre las más representativas o logradas.
Nada se gana con que se estén presentando películas de todas partes del mundo en más de 10 salas, si el público no tiene una mínima guía de la oferta, y además se cambia la programación arbitrariamente. Como siempre, se echaron de menos los foros, los talleres, los espacios de diálogo y formación que son los que le dan el perfil a un festival.
Ante el argumento de la falta de presupuesto, un hecho concreto demuestra, más bien, falta de organización. La Universidad Javeriana iba a crear un foro alterno a la muestra de Derechos Humanos del Human Rights Wacht con la participación de más de 60 instituciones. Pero, por exigencias económicas de última hora de la Corporación a la Universidad, el Festival lo canceló. Como consecuencia el foro se redujo a las conferencias de la invitada internacional Bruny Burres, un ciclo en video (se había anunciado en 35 mm), y en otro teatro al extremo de la ciudad.
El Festival se niega a crecer, por esto no recupera su credibilidad, poniendo en juego, además de su nombre (tampoco ha dado una explicación convincente a las acusaciones sobré malversación de fondos de años pasados), el trabajo y el esfuerzo individual de muchas personas, que sin estar vinculadas directamente, apoyan el evento. Sin embargo, la taquilla también demostró que la ciudad quiere al Festival, pero no se puede seguir jugando con su buena fe y cometiendo errores de principiantes después de todos estos años. -
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