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| 10/6/2012 12:00:00 AM

Como una estrella pop

En este concierto del pianista Lang Lang, en la Roundhouse de Londres, la atmósfera es digna de un festival de rock. Pero cuando comienza a tocar, el resultado es exactamente el mismo que el de cualquiera de sus recitales en las grandes salas del mundo.

Lang Lang
Now Liszt
DVD Sony Classical · Tango
 
En este recital del pianista chino Lang Lang la reacción del público tiene poco o nada que ver con la manera como se comporta la audiencia de un concierto de música clásica, o como quiera que se la llame.

Justamente porque no es el público habitual de la música clásica sino el del Festival iTunes que organiza Apple en la Roundhouse de Londres, que tampoco es una sala de conciertos, o por lo menos no un auditorio a la manera del Royal Festival Hall o la Sala Barbican de la capital británica, y como Lang Lang aparece vestido como una estrella del pop, envuelto entre humo y en medio de toda suerte de proyecciones, no se lo recibe con el cauteloso aplauso de 'vamos a ver qué pasa' sino con gritos, aplausos, ruidos, chiflidos y el incesante brillo de los flashes de las cámaras de fotografía de los asistentes que abarrotaron el 25 de julio de 2011 el antiguo galpón ferroviario de 1847, ahora convertido en sala de conciertos.

Lang Lang es el primer pianista convocado a este festival, que en sus seis versiones ha contado con la presencia de Amy Winehouse, Ozzy Osbourne, Adele y Paul Simon, entre otros (son 31 conciertos, uno cada día del mes de julio); su presencia tiene sentido porque el mercado de la música clásica ha sido de todos el más reacio a pasar por el aro de 'bajar' la música en vez de comprar los discos de audio o de video en las tiendas especializadas; así que Apple no busca seducir al público de las salas de concierto sino seducir a uno nuevo, que demanda luces, humo, proyecciones, licencia para tomar fotografías, grabar el concierto en la cámara o en el teléfono móvil y gritar desaforadamente.

Lo que sorprende es que pese a toda esa parafernalia, cuando Lang Lang empieza a tocar los primeros compases de La Campanella, que es la transcripción de Franz Liszt sobre un original de Paganini para violín y orquesta, el silencio en el recinto es sepulcral, de la atmósfera inicial apenas quedan las luces de tonalidades fosforescentes, el humo que envuelve al pianista y las proyecciones en las paredes; poco a poco el pianismo de bravura seduce a un público que asombrado mira al quizás primer virtuoso del mundo recorrer la totalidad del teclado como un demonio porque cuando llega al final todo vuelve al cauce inicial, el normal del festival, nada de aplausos ordenados: gritos, flashes, ruidos y chiflidos.

Lang Lang se la jugó en este recital, que dedicó por completo a Liszt que "fue la primera estrella pop de la música", declaró, y no sin razón: Liszt para sus recitales vestía de manera llamativa, llevaba el pelo largo, aparecía por el lugar más inesperado, antes de tocar se retiraba lentamente los guantes y terminaba de fumarse el cigarrillo que llevaba entre los dedos; las mujeres se abalanzaban al escenario para quedarse con ellos, una de ellas, menos afortunada, se contentó con una colilla que guardó en su seno hasta el día en que murió… Se la jugó porque no solo le apostó a obras de virtuosismo estratosférico, como las Rapsodias húngaras 6 y 15 sino también a piezas de hondo lirismo y dificultades técnicas secretas, que el público no alcanza a valorar a primera vista, como la transcripción de la Serenata de Schubert, que en cierto momento genera la sensación de que hay tres, y no dos manos sobre el piano, bueno, es que hasta se permite terminar con el Ave María y el auditorio enloquece.

Si se hace caso omiso de toda la tramoya, sencillamente es otro grandísimo recital de Lang Lang. Que consiga incrementar las 'bajadas'de música clásica es otro asunto.
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