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| 11/11/1985 12:00:00 AM

COMO MURIO LA VIEJA SEMANA

Hace 25 años, con motivo de la publicación de una carátula de Fidel Castro en esta revista, se creo una crisis que habría de dar lugar a la renuncia de su director y de todo el personal, quienes en su gran mayoría se fueron ...

Usted, estimado lector, seguramente está al tanto de que existe una crisis en le seno de la junta directiva de SEMANA. En el número anterior le informé sobre las presiones de que era objeto, con motivo de la presentación hecha por esta revista sobre el caso de Cuba, y durante el curso de los últimos días, varias emisoras de la capital y algunos diarios de los departamentos así como el semanario "La Calle", se refirieron a los problemas que enfrenta hoy esta redacción. Me creo pues, obligado a darle a Usted, estimado lector,una explicación.
En los últimos dos años ha sido Usted uno de los millares de colombianos que me han acompañado en esta aventura intelectual para resucitar a SEMANA. Los éxitos de la revista en estos veinticuatro meses se deben en buena parte a Usted.
Quiero, entonces, rendirle cuentas y explicarle cuáles son los peligros que se ciernen sobre el futuro de esta empresa y sobre el presente de la libertad de expresión e información en Colombia.
Datos concretos: en dos años, a partir del momento de mi nombramiento como director de la revista, los ingresos por circulación y por publicidad se triplicaron, SEMANA pudo adquirir maquinaria propia y por primera vez, después de siete años, la empresa mostró balances financieros favorables en 1960 así como perspectivas económicas inmejorables, según los expertos que han estudiado nuestros balances. Ese éxito material se debió, como es obvio, a un éxito intelectual.
Nuestros lectores respondieron a la nueva fórmula periodística que les presentábamos y siguieron con entusiasmo nuestras campañas de información. A su vez, las Agencias Publicitarias y sus clientes se convencieron de la utilidad de SEMANA como el más adecuado medio para el conocimiento y difusión de muchos de sus productos. En tal situación, SEMANA parecía tener frente a sí un panorama libre de obstáculos y prometedor de brillantes desarrollos.
Sin embargo la política editorial de SEMANA le creó muchos adversarios--peor aún, muchos enemigos--a los cuales perjudicaba y perjudica el hecho de que exista una publicación dispuesta a informar seria y honestamente sobre todos los problemas nacionales e internacionales.
Acostumbrados a entenderse en capillas cerradas, con la complicidad de los grandes diarios, la presencia de periodistas dispuestos a decir la verdad les era demasiado incómoda. Al comienzo, SEMANA no pasaba de ser eso: una revista incómoda. Pero luego se produjeron hechos de extraordinaria trascendencia: la caída del gabinete inmovilista, la demostración inequívoca de los fraudes informativos de la ex Gran Prensa, la denuncia del tráfico de influencias de conocidos políticos, la publicación de la historia de Indalecio Liévano, el llamamiento a la Iglesia para una misión de paz en el Tolima, la revelación del atentado contra Juan de la Cruz Varela, la abstención electoral anunciada con meses de anticipación y, por fin, la verdad sobre Cuba, es decir, el cómo y el por qué se había empujado a Castro hacia el campo comunista. SEMANA dejó, así, de ser incómoda para volverse "peligrosa" .
Varias veces algunos de los accionistas de SEMANA trataron de intervenir para obtener el cambio del director o por lo menos la transformación del criterio informativo de la revista. Uno de los socios llegó hasta el extremo de visitar al señor Presidente de la República para acusarme de pertenecer al partido comunista, como si el señor Lleras estuviera vinculado en forma alguna a ese partido o a esta revista. En marzo pasado, un grupo de dicho sector de accionistas pretendió solicitar nada menos que la liquidación de la empresa. Finalmente se llegó a la crisis actual, la más grave y, es de esperar, definitiva.
SEMANA, como lo he señalado varias veces en estas columnas, es una sociedad de responsabilidad limitada formada por los siguientes socios en las proporciones:
VISION, Inc................................... 55%
Alberto Zalamea............................... 20%
Julio Mario Santodomingo......................2.5%
Ricardo Samper................................2.5%
Frank Thompson................................2.5%
Eduardo Zuleta Angel..........................2.5%
Alfonso Davila Ortiz..........................2.5%
Jaime Dávila Ortiz............................2.5%
Jacques Torfs.................................2.5%
Hernando Vergara Galvis y
Julio Vergara Méndez..........................2.5%
Ricardo Uribe Olguín..........................2.5%
Alberto González Ortiz,
Carlos Urdaneta, Alberto Pardo.
Hernándo Vargas, Enrique Liévano..............2.5%
Según el acuerdo original entre el grupo de accionistas colombianos que posee el 42,5%, y el grupo de VISION que tiene el 55% y el señor Frank Thompson, dueña de un 2,5%, los accionistas extranjeros no podían ni pueden intervenir en forma alguna en los problemas editoriales y políticos de la empresa. Era la única forma de impedir una intervención extranjera en la política nacional. Ese acuerdo ha sido respetado hasta hoy en su integridad.
Según el artículo 32 de la escritura de constitución de la empresa "SEMANA LTDA.", el director de la publicación posee "completa autonomía" para dirigir y orientar la revista. Además existe una "junta asesora" que puede y debe asesorar al director cuando éste lo crea conveniente o cuando ella lo crea necesario. En dos años convoqué dicha junta numerosas veces, como queda testimonio en los archivos de SEMANA, sin tener la fortuna de que se reuniera una sola vez con más de un socio.
En consecuencia, es el grupo colombiano, el grupo de accionistas colombianos, el único que puede discutir la politica editorial de la revista. Ahora bien, dentro de ese grupo tengo mayoría: el 25% asegurado (mi 20%, el 2,5% del señor Santodomingo, a quien yo mismo represento y quien me comunicó su apoyo, y el 2,5% del señor Ricardo Samper).
El otro grupo contaría, pues, de lograr unanimidad, con sólo 17,5% (sin embargo uno -de los miembros de ese grupo me ha felicitado personalmente por la política informativa de la revista y especialmente por la presentación del caso cubano).
En estas circunstancias, normalmente no habria problema alguno. Pero los accionistas colombianos minoritarios han solicitado el apoyo de los votos de VISION. Es decir, han pedido la intervención de los votos extranjeros para solucionar una crisis interna colombiana. VISION, hasta el momento de escribir estas lineas, no ha adoptado decisiones, o al menos yo no las conozco. No creo, por mi parte, que rompa el compromiso original e intervenga en la dirección de la política de la reyista. Sé, empero, que ha sido informada tendenciosamente sobre los acontecimientos .
En la actualidad, pues, estoy a la espera de esa decisión que de inclinarse del lado del grupo minoritario colombiano, llevaría a mi destitución del cargo de director de SEMANA, ya que no estoy dispuesto a renunciar como lo estuve hace algunos días, antes de que se desencadenara contra la revista una campaña en la que no ha faltado ni el retiro de algunos anunciadores (que, sin duda, serán inmediatamente remplazados por otros nacionales) ni presiones escritas ni amenazas telefónicas.
Como ha podido verse, tampoco existe unanimidad ni acuerdo de los accionistas colombianos respecto a la definición que pueda darse a las informaciones de la revista sobre el caso cubano. Unos las consideran castristas y otros simplemente objetivas. Lo lógico sería que los socios minoritarios que no están de acuerdo con las normas de ética periodística que guían a la redacción de SEMANA se retiraran de la empresa y propusieran la venta de sus acciones. Hay accionistas colombianos, y también personas que no pertenecen actualmente a la empresa, dispuestos a comprarlas. Por infortunio, no se trata aquí de un problema comercial sino de la satisfacción de una arraigada necesidad de ciertos intereses politico-periodisticos: la liquidación de SEMANA o por lo menos de su actual espiritu. Todo lo que ha ocurrido, en efecto, habia sido previsto y prácticamente ordenado por el señor Rafael Delgado Barreneche en la amenazante carta que contra mi y contra SEMANA publicó hace algún tiempo en los órganos de la ex Gran Prensa, a raíz del escándalo de la loteria del Huila, hoy naturalmente ya olvidado.
La campaña contra SEMANA y contra mi dirección, es decir, contra lo que ella pueda significar y haya significado en el panorama de la prensa nacional, no obedece, como se quiere hacer creer, a unos simples árticulos sobre la situacion cubana. Estos no han sido más que la excusa, que por fin creyeron buena, para coartar la libertad de expresión de un periodista al que la señal de clausura de su programa de televisión "Variedades de las Once" marcó como dejado de la mano del Altísimo.
De que la información sobre Cuba y las grotescas acusaciones de "castrismo" y "comunismo" que se me hacen, son sólo un pretexto, tengo pruebas escritas. Lo importante, lo fundamental, no es Cuba no es Castro. Es la ex Gran Prensa, con todo su "ominoso y rampante" poder. --
Alberto Zalamea -
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