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| 2/25/2013 12:00:00 AM

Comprobado: Ben Affleck es mejor director que actor

Con el triunfo de Argo en los Óscar como Mejor Película el actor vuelve a la cima, esta vez como director.

Ben Affleck, a quien hasta hace poco nadie tomaba en serio, se convirtió en el nuevo fenómeno del cine como productor, director y actor de ‘Argo’, un drama político sobre el rescate de seis funcionarios de la Embajada de Estados Unidos. Su película venció a ‘Lincoln’ de Steven Spielberg marcando su resurrección en la 85 edición de los premios de la Academia.

El propio Affleck lo reconoció en su discurso. Señaló que cuando ganó su primer Óscar hace quince años como guionista de ‘Good Will Hunting’ no sabía "lo que estaba haciendo". Y remató señalando que lo importante no son los golpes de la vida, "lo que importa es levantarse".

Y es que cada vez que Affleck habla sobre su pasado reconoce con algo de vergüenza que 2003 fue su annus horribilis. Primero, porque su tormentosa relación con Jennifer López lo convirtió en el invitado habitual de cuanta revista de farándula existía. Y segundo, porque actuó en Gigli, considerada una de las peores películas de la historia. "Estaba perdido. Me sentía asfixiado, miserable y sucio -dijo a la revista Details-. Me encasillaron. Mucha gente acabó harta de mí y eso me perjudicó, así que decidí darme un tiempo".

La estrategia le dio resultado y poco después se lanzó al agua como director. Affleck, uno de los hombres más atractivos del planeta, estaba de regreso y ahora sí había llegado para quedarse.

Sus dos primeras cintas, Gone Baby Gone (Desapareció una noche) y The Town (Atracción peligrosa), recibieron el beneplácito de la crítica y le devolvieron la credibilidad.

Al principio algunos pensaban que había sido un golpe de suerte, pero Argo, su nueva producción, demuestra que esa buena racha no es pasajera. "Es la película que lo convertirá en un jugador destacado de Hollywood delante y detrás de las cámaras, la que hará que olvidemos su pasado de playboy", auguraba The New York Times poco antes de su estreno.

Argo ha cumplido con todas las expectativas. Inspirada en la crisis de los rehenes tras la toma de la embajada estadounidense en Teherán, la cinta se centra en seis diplomáticos que lograron escapar de la turba enfurecida que quería juzgar al Sha con sus propias manos en 1979. Los funcionarios se escondieron en la casa del embajador de Canadá a la espera de que el gobierno los rescatara, pero como el ambiente estaba tan tenso, al agente de la CIA Tony Méndez, interpretado por Affleck, se le ocurre un plan: sacarlos de Irán haciéndolos pasar por realizadores de una película de ciencia ficción.

En resumidas cuentas, una trama arriesgada que se aleja por completo de sus anteriores proyectos basados en historias de crímenes y ambientados en Boston. Como él mismo lo explica, "si no tomas riesgos, tu trabajo se vuelve monótono y predecible".

Dejar su zona de confort le ha significado toda clase de elogios de la prensa. "Con 'Argo' llegó la hora de reconocer que todos estábamos equivocados sobre Affleck -escribió la revista digital Slate-. Es uno de los directores más interesantes del siglo XXI".

Algo similar afirmó El País de Madrid: "Muchos han llegado al convencimiento de que aquí hay otro Clint Eastwood salvando las distancias; es decir, un actor mediano convertido en cineasta de fuste". De hecho, ya hay quienes creen que será nominado a los premios Óscar el próximo año, un reconocimiento que definitivamente lo consolidaría como una de las figuras más respetados de la industria.

Sin embargo, no sería la primera vez que Affleck acaricia una estatuilla dorada. A mediados de los noventa escribió con su mejor amigo, Matt Damon, Good Will Hunting (En busca del destino), una película sobre un joven superdotado y rebelde que trabaja como aseador en la universidad de MIT.

La productora Miramax Films les pagó 1 millón de dólares por la idea y en 1998 recibieron el Óscar a Mejor Guion Original. "Fue un poco abrumador para dos chicos que nunca en la vida habían ganado siquiera una rifa", dijo Affleck hace unos años.

El repentino salto a la fama les abrió las puertas de Hollywood. Ambos se habían conocido a los 12 años y habían ido a la misma escuela de teatro. Ahora tenían una oportunidad de oro, pero mientras Damon se convertía en una estrella en ascenso con su papel en Rescatando al soldado Ryan y el protagónico de la célebre serie de películas Bourne, Affleck se quedaba atrás.

Aunque se anotó un par de éxitos en taquilla con Armageddon, Shakespeare enamorado y Pearl Harbor, al final no pudo con la fama y en 2001 terminó en un centro de rehabilitación para alcohólicos. Después de recuperarse y cuando todo indicaba que iba a retomar su camino, apareció J-Lo y su vergonzosa interpretación en Gigli.

Era tal su desprestigio en esa época que incluso el crítico David Thomson advertía en su Diccionario biográfico del cine que Affleck jamás lograría mayor cosa: "Es aburrido, complaciente y terriblemente afortunado de haber llegado tan lejos". Semejante descripción, sumada a su hastío de los tabloides, hizo que el actor tomara las riendas de su carrera de una vez por todas.

Debutó detrás de cámaras en 2007 con Gone Baby Gone, una cinta que narra la historia de una niña desaparecida y los esfuerzos de una pareja de detectives privados por encontrarla.

Era la primera prueba de que el hombre por el que nadie daba un centavo podía ser más que una cara bonita. Su siguiente película, The Town, sobre una banda de asaltantes de banco volvió a sorprender al público y a la crítica en 2010. "Cuando por fin se tomó su trabajo en serio, los demás también empezaron a tomarlo en serio", dijo a SEMANA el periodista Marshall Fine, miembro del New York Film Critics Circle.

Con Argo Affleck ya tiene las credenciales para ingresar al grupo de actores convertidos en cineastas del que hacen parte desde Charles Chaplin, Robert Redford y Woody Allen hasta Warren Beatty, George Clooney y Clint Eastwood.

Este último es precisamente con quien más lo comparan a pesar de que sus trayectorias son muy diferentes -Affleck tiene 40 años y Eastwood 82-. La razón es sencilla: mientras que la estrella de westerns apenas dirigió su primera película a los 41, a esa edad Affleck ya grabó tres que superan con creces el éxito que tuvieron en su momento las del protagonista de Harry el sucio. Así las cosas, parece que al joven actor todavía le queda un largo trecho.

"La gente siempre recuerda 2003 y toda la mierda que ocurrió. Pero, saben, ¡en ese entonces Barack Obama apenas era senador! -explicó en una entrevista reciente-. Desde entonces me han pasado muchas cosas buenas. Tal vez no tantas como a Obama, pero al menos siento que el resto ya es historia patria".

Affleck reconoce que se ha vuelto cada vez más exigente con su trabajo delante y detrás de cámaras. Dice que ya no se deja tentar por el dinero fácil ni deslumbrar por cualquier guión: "He rechazado varias ofertas. No porque de repente haya refinado mi gusto, sino porque creo que he madurado".

Aunque algunos coinciden en que casi siempre le va mejor en la silla de director, se niega a dejar de actuar. Prueba de ello es que hace poco protagonizó To the Wonder de Terrence Malick, y pese a los compromisos, galas y festivales para promocionar Argo, ya está tras la pista de una nueva historia para dirigir.

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