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| 7/22/1996 12:00:00 AM

CON AROMA DE MUJER

LA EXPOSICION ARTISTAS LATINOAMERICANAS: 1915-1995 CONFIRMO QUE EL ARTE FEMENINO EN EL CONTINENTE ES POR LO MENOS IGUAL DE FRUCTIFERO QUE EL DE LOS HOMBRES., 29457

Alguna vez, durante una entrevista, el historiador de arte H. W. Janson le comentó a su interlocutor: "No he podido encontrar a una mujer que pueda clasificarse claramente en un libro completo de historia del arte". Por su parte, William A. Henry III, en su libro Defense of Elitism, registró el fenómeno de manera más contundente: "Se podría eliminar a cada escritora, pintora y compositora, desde la era del hombre de las cavernas hasta el presente, y no deformar el curso de la cultura occidental significativamente". Estas y otras implacables sentencias acerca del quehacer artístico de la mujer fueron de alguna manera las inspiradoras de una de las más ambiciosas exposiciones que por cerca de dos años ha recorrido Estados Unidos intentando demostrar, por lo menos en cuanto al arte latinoamericano se refiere, lo contrario. Organizada por el Milwaukee Art Museum, bajo la curaduría de Geraldine Biller y el patrocinio de la Philip Morris, la exposición, que inició su ciclo itinerante en Milwaukee y continuó por Phoenix, Denver, Washington hasta llegar a Miami, reúne 150 obras de 34 artistas que de una u otra forma contribuyeron a forjar, al lado de los hombres, el arte moderno latinoamericano. Desde la brasileña Tarsila do Amaral, que importó las tendencias europeas para mezclarlas con la realidad cotidiana del Brasil de principios de siglo, pasando por María Izquierdo y Frida Kahlo, dos mexicanas que con sus referencias al pasado prehispánico ejercieron una indiscutible influencia en el desarrollo del arte autóctono de la región, hasta el expresionismo totémico de la argentina Raquel Forner y el abstraccionismo geométrico de la colombiana Fanny Sanín, las etapas cumplidas del arte moderno latinoamericano están expuestas a los ojos del observador desde la sutil mirada femenina; una mirada que, sin embargo, está lejos de querer clasificarse como independiente del arte de los grandes maestros hombres. El objetivo de la exposición, que actualmente ocupa los espacios del Center For The Fine Arts, de Miami, hasta el mes de agosto, es, según su curadora, Geraldine Biller, enfrentar al público ante la realidad abrumadora de que el arte femenino ha ganado un espacio igual de representativo que el masculino en el desarrollo del arte latinoamericano. "Al lado de Frida Kahlo, quien por diversas circunstancias es la más popular de las artistas de su región comenta Biller, hay una multitud de creadoras que influyeron de pronto de manera más contundente en el arte de su país. Eso es lo que queremos demostrar con esta muestra, en la cual Kahlo es apenas una artista más -aunque no menos importante- en el panorama histórico latinoamericano".

¿Arte femenino?
Sin embargo, por encima de esta llamada de atención sobre el papel de la mujer en el desarrollo del arte, la gran pregunta que ha generado la exposición del Milwaukee Art Museum es si en realidad las obras dan cuenta de un arte femenino. La profesora de arte de la Universidad de la Florida, Carol Damian, confiesa que en sus constantes conferencias al público en general la expresión más común del espectador al observar muchas de las obras ha sido: "Esto no parece hecho por una mujer". Según Damian, la creencia generalizada de que el arte femenino sólo se asocia a bodegones, paisajes y autorretratos ha perjudicado una visión más amplia sobre el papel de la mujer en la evolución artística. Y la verdad es que si una cosa ha demostrado la exposición es que, con contadas excepciones, la expresión artística de la mujer latinoamericana se ha enriquecido de los mismos elementos étnicos, sociales y políticos que sus colegas varones. En la artista latinoamericana se nota también la deliberada intención de captar una realidad ligada a su tierra y a su tradición, aflora en su obra la preocupación por asumir las tendencias artísticas universales para mostrar por medio de ellas su expresión más auténtica en concordancia con sus raíces locales. En ella, en fin, como en los grandes maestros hombres, ha estado presente a través del siglo la constante búsqueda del equilibrio entre el reflejo autóctono del significado local y la influencia externa de las vanguardias mundiales, ese conflicto entre el arte popular, colmado de ritos y supersticiones, y el arte culto, donado por la civilización occidental, un conflicto que, entre otras cosas, ha permitido que el arte latinoamericano haya madurado hasta el punto de haber hecho volver la mirada del mundo sobre él en los últimos 50 años. Así las cosas, la diferencia entre el arte femenino y el masculino pareciera imperceptible. Pero la pregunta todavía circunda el aire. Como lo afirma Geraldine Biller: "¿Expresan las artistas de esta exposición esta constante en una forma diferente a los hombres? ¿Podrían los poderosos autorretratos de Frida Kahlo o de Mari Mater O'Neill haber sido creados por un hombre? ¿Revelan los íntimos retratos y escenas interiores pintadas por María Izquierdo, Olga Costa y Elena Climent, o las definiciones del cuerpo femenino tan delicadamente construidas por Rocío Maldonado o Ana Mendieta el género del artista? ¿Habría elegido un hombre representar una casa para definir su espacio, como Elba Damast hace de ella, o una cocina, como Leonora Carrington?". La respuesta tal vez no la puedan ofrecer con exactitud los críticos. Pero lo cierto es que el arte femenino latinoamericano, tantas veces desplazado por maestros como Rivera, Matta, Lam y Torres-García, ha demostrado ser por lo menos igual de fructífero.
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