Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/08/09 00:00

Con ferocidad

Pablo Ramos escribe con el dolor de una vida marginal. ‘El origen de la tristeza’ y ‘La ley de la ferocidad’, libros que ya están en Colombia.

Pablo Ramos: una vida marcada por los excesos

Pablo Ramos trabajó en un supermercado, fue cadete, vivió la pobreza y la crisis argentina, la insatisfacción de no tener y se alimentó de rabia en la niñez. De adulto, creó dos empresas exitosas, pero también vivió el acabóse cuando su padre murió. Cayó en el alcohol y la cocaína y tuvo que ser internado para rehabilitarse. En una vida marcada por los extremos, escribió para salvarse. Y lo logró, aunque en su obra queda el dolor interno. Hizo literatura con sus naufragios. Tomó los detalles vitales de su vida y construyó libros intensos: El origen de la tristeza y La ley de la ferocidad. SEMANA habló con el autor sobre ellos. Sus frases contracorrientes, valiosas e intensas, son su testimonio.

“La novela La ley de la ferocidad tiene 32 versiones. Soy un trabajador incansable. Vendí el auto, le di el dinero a mi novia y no hice nada más que escribir la novela. Subí 12 kilos. La barba se me puso larga. Era como una aventura”.

“Un escritor brillante y uno pésimo escriben de la misma manera, de la única manera en que pueden: como pueden”.

“Empiezo la literatura desde mi personaje. ¿Qué necesita? ¿Qué tipo de lenguaje tiene? ¿Qué le interesa? Desde el personaje construyo la literatura. El mundo no necesita ideas literarias, sino protagonistas”.

“No hay detalles de mi vida privada en mis libros, sino un mapa de mi alma. Como decía Sartre, un escritor dinamita su vida y construye con los escombros de su biografía los ladrillos de su literatura”.

“Mi maestra literaria, cuando me leyó, me dijo: ‘esta novela no podías no haberla escrito. A partir de ahora eres libre de lo que quieras’”.

“Los grandes escritores que admiré no escribían como escribían. Eran como escribían. Eso no se inventa. Es una antología del ego, del yo. Cada vez que se intenta simular, el yo sale por otros lados”.

“El mal camino es malo porque duele al caminarlo. Pero igual por el buen o por el mal camino se paga un precio, siempre”.
 

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