Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/02/13 00:00

CON TODA LA FLEMA

Nominada a tres globos de oro, "Los enredos de Wanda" tiene todo el encanto del humor británico.

CON TODA LA FLEMA

Si el lector se entusiasma con las comedias procaces, agresivas, rápidas y venenosas, trate de mezclar los siguientes elementos para conformar una película cómica, si es capaz de soportar tanto desorden: un pez a rayas llamado Wanda; una muchacha rubia, sensual y hermosa también llamada Wanda; un estricto abogado londinense llamado Archie Leach, quien será seducido por Wanda un ladrón que permanece en la cárcel que és el único que sabe dónde estan unas joyas robadas y está siendo defendido por el abogado; un hampón norteamericano que habla italiano, se hace llamar Otto, lee a Aristóteles y pasa por hermano de Wanda; un hombre atormentado que tiene muchos peces, incluyendo a Wanda, que goza matando los perros de las ancianas que atraviesan la calle y que se llama Ken Pile.

La muchacha llamada Wanda, los dos ladrones y el abogado son los protagonistas de una comedia inglesa llamada, obviamente, "Los enredos de Wanda". Aquí la nacionalidad de la película es demasiado importante porque es el producto de la imaginación caótica, irreverente, procaz y talentosa de un grupo de escritores, artistas y realizadores que, durante los últimos 20 años han estremecido, volteado al revés y escandalizado la televisión, el cine, el periodismo y el teatro británicos. Se trata del grupo Monty Python el mismo que ha conseguido películas desternillantes como The Holy Grial, The life of Brian y The meaning of life. En la segunda se burlaban limpiamente de la vida de Cristo. Algunos de los gestores de Monty Python son los responsables de estos enredos de Wanda: John Cleese, Charles Crichton y Michael Palin, apoyados por la hermosa actriz Jamie Lee Curtis y el norteamericano Kevin Kline.

Quizás-el espectador, acostumbrado al humor típicamente norteamericano, se sienta agredido ante esta descarga de veneno a la inglesa y sorprendido ante el erotismo, la patanería, la vulgaridad y el caos puestos en marcha desde el momento en que los tres hombres y la muchacha cometen el robo; uno de ellos es denunciado por sus compinches y el más famoso abogado es el encargado de demostrar su inocencia. A partir de ahí se genera una serie de escenas enloquecedoras que mostrará cómo Wanda, utilizando sus encantos salvajes, intenta engañar a todos y sacar el mejor provecho de un robo que fue realizado matemáticamente.

Hubo una época durante la cual las comedias inglesas (aquellas precedidas por el atleta golpeando el gong), marcaban la pauta del humor y los juegos de palabras. El apogeo del cinismo, la burla contra sus costumbres y, sobre todo, los equívocos que nacían de la pronunciación de ciertas expresiones y conformaban elementos muy divertidos. Con la decadencia del cine británico, el desplazamiento de la mayoría de sus realizadores a Hollywood y otras circunstancias adversas, los únicos que mantuvieron este humor especial, que no respeta nada y es un despliegue de inteligencia y agresividad, fueron los integrantes del grupo Monty Python. Esto es evidente en "Los enredos de Wanda" .

Los contrastes entre los personajes ingleses y los norteamericanos, el uso de la moral por parte de cada uno, la seducción escandalosa que Wanda pone en marcha contra sus propios compinches, la capacidad de engaño que todos ejercen, la sensación de que apelan a la complicidad de ese espectador ahí sentado -indefenso como el abogado seducido-, la atmósfera de una ciudad como Londres donde, aparentemente, nada fuera de lo normal debería ocurrir, convierten esta comedia en un ejemplo de un cine fresco, donde todo puede suceder. El guión es sorprendente y ameno, con personajes extravagantes que se burlan de ellos mismos, con diálogos cargados de malicia y escenas delirantes que van desencadenando otros momentos más enloquecidos.

Mientras los compinches se engañan mutuamente, mientras Wanda estrecha el cerco contra ese abogado incorruptible y conservador, mientras los errores se hacen más insalvables y las equivocaciones más peligrosas, el espectador comprende que se encuentra ante una comedia deliciosa, que está apelando a las formas más primitivas del humor para lograr la risa del público. Y lo consigue desde las primeras escenas, desde cuando es evidente que ninguno de los personajes confía en los demás, que todos tratarán de engañar a todos, hasta ese final estrepitoso.

La gran estrella de "Los enredos de Wanda" es este hombre que ya pasa los 50 años, John Cleese, guionista, productor ejecutivo y actor que interpreta al abogado, Archie Leach (el verdadero nombre de Cary Grant), la quinta esencia del caballero británico, inconmovible e incorruptible, enredado por la belleza de Wanda y sumergido en esa cacería de unas joyas que todos quieren tener.

Será en esa conciencia de todo un pueblo, será en esa elegancia que jamás pierde la compostura, ni siquiera cuando es sorprendido en adulterio por la esposa, en la que la película encuentre su mayor fuerza de cinismo y procacidad. -

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