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| 1/8/2011 12:00:00 AM

Conciertos al por mayor

En 2010 se rompieron todos los récords en Colombia de visitas de bandas de grandes ligas del rock. Para 2011 ya se anuncia, entre otros, a Ozzy Osbourne y el regreso de Iron Maiden. Un auge que se da en medio de quejas de los empresarios y una tibia respuesta del público. ¿Por qué?

La noche del pasado 27 de noviembre los fanáticos del rock en Bogotá tuvieron que decidir entre ir al concierto de The Smashing Pumpkins, una banda que se convirtió en leyenda del rock alternativo de la década de los noventa, o al de Hot Chip, agrupación inglesa que hoy hace lo propio con su música electrónica. Ocho días después el dilema era escoger entre el guitarrista Jeff Beck, considerado uno de los diez mejores del planeta, y Rammstein, agrupación alemana de culto para los amantes del metal. Dos coincidencias que dan buenas pistas sobre el auge de conciertos que vivió el país y sobre todo la capital en 2010, año en que también vinieron Aerosmith, Coldplay, Franz Ferdinand y hasta Sting. Y otros como Metallica, Placebo, Guns 'N Roses o Moby repitieron presentación.

Hasta hace muy poco, el número de eventos de este tipo en Colombia no superaba los dos o tres por año. Por eso, 2010 marcó la diferencia. Fue un año en el que estrellas pop que apenas rozan la mayoría de edad -Demi Lovato y The Jonas Brothers- tocaron casi en simultánea con clásicos que pronto se despedirán de los escenarios, como Scorpions o Aerosmith.

Por el lado del metal, Therion, Gamma Ray y Lamb of God engrosaron la lista. Para los simpatizantes de la música electrónica alternativa y la nueva ola independiente vinieron Belle & Sebastian y Crystal Castles. Mientras que los seguidores del virtuosismo instrumental tuvieron al célebre trío neoyorquino de jazz Medeski, Martin & Wood y a la ya mencionada leyenda de la guitarra eléctrica inglesa Jeff Beck. También estuvieron íconos del rock de los noventa, como Stone Temple Pilots, Korn y Axl Rose.

A los conciertos se sumó el año pasado un nuevo formato: los festivales al aire libre que reúnen a varias agrupaciones. Stereo Picnic (con Matisyahu), Nem-Catacoa (con Green Day y Jamiroquai), Soma (con Hot Chip y Rinôçérôse) y el Festival Centro (con Telefunka y Russian Red) surgieron en 2010 como respuesta a la falta de espacios para las propuestas independientes. Son eventos que ponen a Colombia en el mapa de los grandes países en la actividad de la música en directo. "Esto hacía falta en el país, sobre todo los festivales de índole privada", sostiene Philippe Siegenthaler, a cargo de Soma, evento que el año pasado, en su primera edición, reunió 12 agrupaciones de música electrónica, entre ellas Hot Chip y la francesa Rinôçérôse.

Pero esa agenda tan abultada contrasta con los reclamos de los empresarios, que no cesan. Se quejan por la falta de escenarios: al no poder contar con el estadio El Campín, les ha correspondido llenar el vacío con el Parque Simón Bolívar y el Coliseo Cubierto El Campín, pero ambos cumplen esa tarea a medias. El Coliseo, además de sus problemas de acústica, el año pasado mostró avances en el deterioro de su cubierta. Y en cuanto al Simón Bolívar, bandas como AC/DC, U2 o The Cure ya han declinado propuestas para tocar allí con el argumento de que este no es un sitio apropiado para sus exigentes puestas en escena. En este escenario, además, no todos los asistentes pueden disfrutar a gusto del espectáculo.

La otra queja es por los impuestos, razón por la cual en Colombia las boletas son mucho más caras que en países como México y Argentina. "Mientras el mercado crece y hay más 'shows' importantes, la carga tributaria sigue siendo inequitativa, tanto que parece que fuera un castigo del gobierno contra los espectáculos -explica el empresario Juan Pablo Ospina-. Mientras a nosotros nos toca retenerle el 33 por ciento a un artista, los que traen maquinaria e insumos solo pagan el 13 por ciento". Ospina pide un tratamiento equitativo: "El Mundial juvenil no le va a dejar nada al país y está exento de impuestos. Yo, en cambio, puedo demostrar que para el concierto de Roger Waters se vendieron 3.000 boletas en el exterior". Este empresario también lamenta que no haya sido aprobada el año pasado en el Congreso la ley de espectáculos que reduciría trámites y gravámenes, cosa que permitiría que las boletas bajaran su precio hasta en un 15 por ciento.

Y es que en Bogotá, a los costos de adecuar escenarios se añaden tres impuestos, cada uno del 10 por ciento sobre los ingresos brutos: el de Hacienda y de Pobres, el de Industria y Comercio y el de Derechos de Autor (que incluye también IVA). Además, el empresario debe asumir el 16 por ciento del IVA sobre el valor del contrato y el 33 por ciento de Impuesto a la Renta. La utilidad, cuando la hay, no suele superar el 4 por ciento de los ingresos. Por eso, productoras como Evenpro optaron por construir su propia infraestructura en municipios aledaños, donde son más bajos los impuestos. "Sin escenario y con tanta tramitomanía, no queda más que mirar alternativas fuera de la ciudad, una vergüenza para la capital colombiana", apunta Ricardo Leyva, empresario con décadas de trayectoria en la industria. Así las cosas, sin escenarios, con tantos impuestos y tan cortas utilidades, ¿por qué tantos conciertos? ¿por qué los empresarios se arriesgan por una ganancia tan incierta?

Es un hecho que los grupos ya no viven de las ventas de sus discos, sino de los ingresos que les reportan sus presentaciones en vivo, por eso han intensificado su búsqueda de nuevos mercados, y Colombia muestra un potencial importante con una ubicación geográfica que facilita su inserción en las giras. Esa nueva realidad de la industria de la música coincide con los cambios que se han visto en la capacidad adquisitiva y el consumo de los colombianos: según el Dane, el porcentaje de sus ingresos que la gente invierte en cultura y recreación viene creciendo a una tasa del 12 por ciento, cifra superior a la de todos los demás rubros. Y en últimas, a pesar de las quejas de los empresarios, como dice Ospina: "Es lo que sabemos hacer. Somos un renglón serio de la economía y seguimos adelante. La de los conciertos es una industria en crecimiento".

Sin embargo, es claro que aún falta camino para consolidar un mercado como el de Argentina, Brasil o México, lugares en donde la gente asiste con mucha más regularidad a los conciertos, contrario a lo que ocurre aquí. El año pasado se canceló la venida de agrupaciones como Rage Against the Machine, Limp Bizkit y Linkin Park, por el temor de que no convocaran público suficiente. Una incertidumbre que se traduce en que las agencias que representan a los grupos todavía no les dan a los empresarios colombianos el mismo tratamiento que a los de estos países a la hora de negociar las presentaciones, porque saben que no van a la fija. Temores que se confirman al ver la asistencia moderada que tuvieron el año pasado agrupaciones como Placebo, Air o Massive Attack y los festivales al aire libre.

Pero a pesar de todas esas dificultades, la movida sigue. Grandes nombres como Red Hot Chili Peppers, Pink, Paul McCartney y AC/DC figuran en la lista de posibles visitas de 2011, mientras otros como Ozzy Osbourne, Slash, Paramore!, Iron Maiden y LCD Soundsystem ya están confirmados para el primer semestre. En la cantidad de asistentes que convoquen estará la clave para saber si esta industria echó raíces en Colombia o si, al contrario, este buen momento es flor de un día.
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