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| 6/4/2011 12:00:00 AM

Conocerás al hombre de tus sueños

Woody Allen suma a su gran obra, de 44 películas, este pequeño drama sobre lo mucho que nos cuesta dejar de mentirnos. ***1/2

Título original: You Will Meet A Tall Dark Stranger

Año de estreno: 2010

Género: Comedia dramática

Guion y dirección: Woody Allen

Actores: Gemma Jones, Anthony Hopkins, Naomi Watts, Josh Brolin, Freida Pinto, Antonio Banderas, Lucy Punch

Woody Allen es un hecho: como un autor del siglo XIX o un museo abierto de lunes a domingo. Una película regular de Woody Allen es una película muy buena: el drama coral Conocerás al hombre de tus sueños, filmado en Londres hace ya un par de años, se ve menor al lado de Manhattan (1979) o Hannah y sus hermanas (1986) o Crímenes y pecados (1988) o Maridos y esposas (1992), pero no deja de ser un capítulo conmovedor en ese gran relato de lo humano -el relato lleno de humor que Allen ha ido haciendo en los últimos cincuenta años como dejando constancia- sobre lo mucho que nos cuesta dejar de decirnos mentiras, hacer las paces con el que vemos en el espejo y obrar por encima de la mesa.

La estupenda comedia neoyorquina Whatever Works, la anterior entrega de esa obra, la obra de Allen, que desde 1971 ha dado un episodio por año, es una conmovedora encogida de hombros: su misántropo protagonista, rodeado, al final, por una serie de amigos entrañables que le llevan la contraria a su pesimismo, reconoce a la cámara que existe algo semejante a un buen destino. Conocerás al hombre de tus sueños es lo opuesto: un drama cansado, cínico y triste. Sus personajes principales, que giran al alrededor de una familia de ególatras, son incapaces de dejar sus vidas en manos de la misteriosa justicia de la vida. Se detestan. Se mienten. Se dan pequeñas puñaladas por la espalda. Confirman punto por punto las peores sospechas de ese narrador irónico -esa distante voz en off- que desde la primera escena nos anuncia: "Shakespeare dijo que la vida está llena de ruido y furia y al final no significa nada".

Solo Helena Shebritch, que acaba de ser abandonada por su marido de toda una vida, se ve obligada a creer en algo. Pero su fe no es fe sino autoengaño: un gesto ridículo. Porque no hay compasión por nuestras torpezas, ni solidaridad frente a nuestras vanidades, sino resignación a lo humano en Conocerás al hombre de tus sueños.

Es un dominó que cae despiadadamente. El viejo Alfie Shebritch deja a Helena para llevar a cabo la patética búsqueda de la juventud perdida. La triste Helena encuentra consuelo en una vidente que, entre otros secretos, le revela que el problema de fondo de su hija Sally es ese esposo escritor que no le sirve para nada. El marido novelista, Joe, trata de seducir a la guitarrista india de enfrente mientras Sally se va enamorando del jefe de la galería en la que trabaja. Y así sucesivamente, puro ruido y pura furia, hasta llegar a nada. El placer está, esta vez, en ser testigo de la fluidez con la que avanza el relato: los giros inesperados, los planos largos, los diálogos inteligentes, las actuaciones impecables y la mirada de siempre -esas gafas gruesas que nos dan a la entrada de esas películas- nos llevan de la mano hasta el final para recordarnos a todos que Woody Allen es, a estas alturas, un lugar del mundo.
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