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| 12/26/1994 12:00:00 AM

Conservar, un compromiso

La casa de Guillermo Wiedemann, uno de sus legados, corre el riesgo de desaparecer.

TRADICIONALmente los lugares que han habitado, visitado o marcado con algún hecho los grandes artistas, reciben protección o han sido consagrados como patrimonio histórico para la salvaguarda, la comprensión y la difusión de sus obras.

Con este sentido se visitan hoy, casi como templos, la pequeña habitación de Van Gogh en Arles, la residencia de Mozart, en Viena, o el antiguo taller de Rodin en París.

Difícilmente se podría citar en Colombia ejemplos de tan amplia significación. Sin embargo abundan situaciones que merecen atención, pues darían lugar a que en un futuro el país lograra, en este sentido, una tradición digna de presentar.

Un caso concreto es la casa que, a lo largo de su vida en Colombia, fue habitación del pintor Guillermo Wiedemann, quien contribuyó, junto con el denominado grupo 'arabista', al que pertenecieron Alejandro Obregón y Fernando Botero, a la introducción de códigos modernos al arte colombiano.

Se trata de uno de los primeros inmuebles construidos en Bogotá conforme a los parámetros arquitectónicos modernos. Fue diseñado por José de Recasens y Manuel de Vengoechea, quienes se preocuparon por estimular en la arquitectura colombiana la utilización de nuevos modelos creativos.

La casa, aunque de reducidas proporciones, es una joya en su estilo y una de las pocas que queda en pie de tantas otras que fueron producto del trabajo de los dos arquitectos. Preservarla como un valor histórico y arquitectónico fue un deseo de la viuda del pintor, quien a su muerte la donó a la Universidad de los Andes para que ésta, a través de su programa de artes plásticas, estimulara el estudio del arte en el país.

Realizar esta voluntad ha sido un compromiso que aún no ha podido atender la institución, pues no cuenta con los recursos que ello implica. No obstante, ha realizado algunas actividades de importancia, como la exposición Esto no es una pipa, la cual reunió a casi 50 artistas bajo la idea de creación con utilidad cotidiana.

Sería importante, entonces, que las entidades con capacidad de hacerlo brindaran apoyo a la universidad en el desarrollo de esta tarea, lo cual, de paso, ofrecería a los colombianos una oportunidad para conservar su patrimonio arquitectónico y serviría al país para que comenzara a entenderse en una tradición que a diario reclama.-
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