Viernes, 20 de enero de 2017

| 1990/12/10 00:00

CONTRA-DANZA

El grupo experimental "Danza Abierta", de Cuba, reta las formas tradicionales del movimiento.

CONTRA-DANZA


Tal era la carga de insatisfacción, el hartazgo de reiteraciones y el deseo de emprender reformas a la danza pura, que Marianela Boán, directora del grupo cubano "Danza Abierta" -nombre inspirado en la "obra abierta" de Umberto Eco-, ha logrado en dos años erizar viejas mentalidades y agrupar en torno suyo jóvenes incontaminados, entre pupilos, admiradores y seguidores.

Al reclutar a los nueve muchachos que forman su troupe, les exigió trabajo continuo con ella, a fin de evitar transformaciones sicofísicas si acudían a otros coreógrafos que impondrían con cepciones unipersonales. Uno de los planteamientos inmediatos de Marianela es que cada bailarín tiene personalidad única, carisma yoísta y alta calidad, lograda por él mismo. Eso les da seguridad para subir a un escenario a exhibir movimientos que no se habían visto antes, descubrir posibilidades ignoradas a la expresión corporal y recodificar ejes del movimiento, ajenos a los habituales. Hoy no tendría nada de extraño que uno de éstos fuera un codo, en vez del dorso.

La propuesta de "Danza abierta" apunta sin miedo directamente al detrito cotidiano, a la basura consuetudinaria dignificada- de hombres próximos al siglo XXI que consideran ingenua la emoción, toda vez que palabra y gestos no coinciden con lo que piensan y sienten. Ese lenguaje de ahora es el que retoman, trabajan a su modo y remiten a la concurrencia.

En esta ocasión enseñan al público dos programas. Uno, formado por "Godot" y " Una cuna" . Otro, integrado por "Dos para cero", "Godot", "Un árbol un poco vibratorio" y "Cruce sobre el Niágara". Los mecanismos que emplean pueden resultar acá novedosos: en países desarrollados son conocidos desde hace dos décadas. El ejemplo más claro de la innovación es "Un árbol un poco vibratorio" ( 12 minutos), de Gabri Christa, que interpreta la propia Marianela Boán.

Ahí se ve a la bailarina repercutiendo una relación con su cuerpo, opuesta a la acostumbrada. Trabaja el peso de sus propios huesos, sus músculos, la respiración paralela a la velocidad, y descarta emoción y raciocinio, considerados limitantes, para que su cuerpo pueda "hacer" libremente.

Lleva otra escuela en su propio ser. Baila por dentro. No cierra los ojos, para sentir impresiones desconocidas. No permite expresión a su rostro, porque le restaría energía. Hay ulilización de palabra, gesto, postura y experimenta con sus propias dudas, expectativas y proyecciones. En el fondo, vislumbres de humor y de filosofía.

"Godot" (15 minutos), de Víctor Varela, coloca a dos personajes en situación desestabilizadora: sus propias imágenes reflejadas en un espejo imaginario. Se explota la espera como recurso teatral y la incomunicación es la línea conductora de la obra, basada en "Esperando a Godot", de Samuel Beckett.

"Dos para cero" (ocho minutos), de José Angel Hevia, es la contradicción de un par de seres que rivalizan por protagonizar su propio momento. Es un trabajo de sensaciones. Golpea, es desapacible y su final sorprende.
"Una cuna" (una hora, diez minutos), de Marianela Boán, entrega sonido irritante, exasperante. Hay expectativa constante y fascinación. Objetivo: crear lo no aceptado, para evitar la muerte de la inquietud.

"Cruce sobre el Niágara" (veinticinco minutos), también de Marianela, es ballet sutil, con gran proporción de estética de la provocación. Silencios habituales. Otro ritmo.

El grupo "Danza libre" hace todo bien y no le interesa si cuenta con el afecto del espectador o no. Se distancia para que el asistente se acerque. Lo quieren inquieto, que piense más. Cuando este grupo se sienta aceptado, instintivamente buscará algo para ser rechazado. La emoción no es cuenta del bailarín, sino del público.

Ese antiexpresionismo, antivirtuosismo, hacer que el danzarín cante, hable, emita sonidos guturales, violente constantes, no implica depredación cultural ni caprichos gratuitos. Detrás de todo hay taller, laboratorio, lectura, seguimiento a maestros que han recorrido la senda del neovanguardismo. Buscan amplitud de significados. La propia Marianela Boán explica: "Hay que dominar muy bien la academia, para poder negarla" .

Hollmann Morales

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