Martes, 21 de febrero de 2017

| 1999/02/22 00:00

CONTRA EL ENEMIGO

Desaparecido el fantasma del comunismo, ahora la amenaza llega del Medio Oriente.

CONTRA EL ENEMIGO

Director: Edward Zwick Protagonistas: Denzel Washington, Bruce Willis, Annette Bening
Bruce Willis ha hecho todo lo posible por ganarse un lugar de honor dentro de la galería de héroes de acción
contemporáneos. De audaz policía en Duro de matar a temerario terrorista en El Chacal, el actor
estadounidense ha patentado en el celuloide su rostro seco, su parpadeo lento y su boca apretada como
símbolos de la hombría cinematográfica. Su más reciente demostración ocurre en Contra el enemigo, una
película de acción y suspenso en la que Willis interpreta a un general del ejército norteamericano _muy
cercano al presidente de la República_ que llega a declarar la ley marcial en Nueva York con tal de atrapar a
un peligroso grupo de terroristas árabes. Su rival de turno no es ni siquiera el jefe de la banda de delincuentes
internacionales. Es Denzel Washington quien, en el papel del agente del FBI responsable del caso, se opone
constantemente y mientras puede a los planes del general, al lado de una agente de la CIA (Annette Bening)
experta en grupos extremistas. El hecho es que de un momento a otro una célula de terroristas árabes
empieza a hacer de las suyas en Nueva York. Primero bajo amenazas como la de hacer explotar pintura en
un bus lleno de pasajeros. Pero después con toda la frialdad del caso, cambiando la pintura por verdaderos
explosivos y acabando con la vida de decenas de personas. Ante semejante situación, poco controlada por
el agente del FBI y su compañera de la CIA, sobre todo porque no saben la verdad, el ejército entra en
acción. Aunque Washington, quien ya había trabajado con el director Edward Zwick en Valor bajo fuego, y
Bening aparezcan como personajes principales, quien se roba el espectáculo es Willis. Pero no porque su
caracterización se devore la pantalla. Más bien porque la ridiculez de sus posturas llama demasiado la
atención. Sus gestos son suficientes para comprender que no hacen sino seguir un guión con más de una
inconsecuencia. A pesar de algunas buenas secuencias de acción, como la del estallido del bus _sin duda
la más escalofriante_, la película no se sale del molde tradicional de su género, algo que puede no ser un error
pero que puede llegar a aburrir a sus seguidores.

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