Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/11/03 00:00

Contra los fanatismos

Adriana Puerta, corresponsal en Israel, habló con Amos Oz, el mejor escritor israelí del momento, ganador del premio Príncipe de Asturias 2007.

Aunque participó en dos guerras, Amos Oz es uno de los mayores pacifistas. Autor de la novela Una historia de amor y oscuridad

Con la sencillez que lo caracteriza, Amos Oz levanta el teléfono en el sótano repleto de libros donde trabaja. Allí recibe llamadas de periodistas, amigos o interesados en que dicte una conferencia. Es preciso en sus palabras y ordenado con los objetos, horarios y citas. Cuando pide que se le llame a cierta hora está atento al otro lado del teléfono.
Aunque es amable, no se extiende más de lo necesario y últimamente prefiere las entrevistas por teléfono. Dice estar ocupado en la escritura de su nuevo libro y en otras actividades, sin mencionar que desde 2005, cuando publicó su novela Una historia de amor y oscuridad, decenas de periodistas han llamado para entrevistarlo o pedirle una cita en su casa de Arad, en el desierto del Neguev, a casi dos horas de viaje desde Jerusalén.

Oz recibió el premio Israel de Literatura en 1988, el Goethe en 2005 y el 22 de octubre recibió el Príncipe de Asturias. Muchos israelíes y críticos literarios piensan que Oz será el segundo escritor israelí que recibirá el premio Nobel después de Shai Agnon, quien lo recibió en 1966.

Adora caminar y observar el desierto, sale a pagar sus cuentas en la oficina de correos, prefiere que al salir de casa lo llamen al teléfono móvil de Nili, su mujer, y le encanta tomarse un café en el centro comercial que tiene cerca de su casa. Habla con la gente que lo reconoce en la calle y nunca duda en expresar su posición política cuando la situación en Israel pasa por un momento decisivo.

Es hijo de Yehuda Klausner y Fania Musman, dos judíos sionistas que huyeron de Europa antes del holocausto nazi y llegaron a Jerusalén. Allí nació, en 1939. Después del suicidio de su madre en 1952 y de abandonar el hogar, cambio su apellido por el de Oz, que en hebreo significa fortaleza, y se mudó al kibutz Hulda.

Luego de terminar el servicio militar obligatorio de tres años inició sus estudios de literatura en la Universidad Hebrea de Jerusalén y escribió sus primeros cuentos. Al igual que muchos de los hombres israelíes que se alistaron en el Ejército, participó en las Guerras de los Seis Días (1967) y Yom Kipur (1973) y fue uno de los fundadores del movimiento pacifista israelí Shalom Akshav, que en hebreo significa Paz Ahora. Oz se ha destacado por su lucha en favor de la paz y en contra de los fanatismos, hasta el punto de que el gobierno sueco distribuye en las escuelas de ese país su libro Cómo curar un fanático.

En una entrevista a Oz le preguntaron sobre cómo una persona común puede tener impacto en genocidios como el de Darfur o el hambre en África y respondió con una historia de un incendio: “Una posibilidad es escapar y dejar a todos quemarse. Otra es escribir una carta de indignación al gobierno y la otra es lanzar un balde de agua sobre el incendio y extinguirlo. Si esa persona dice que no tiene un balde, puede usar un vaso y si no tiene uno, puede usar una cuchara. Si hay decenas de personas con cucharas, finalmente podrán apagar el incendio”.

SEMANA: ¿A qué cree usted que se debe el éxito de su último libro ‘Una historia de amor y oscuridad’?
AMOS OZ: Creo que la literatura cuanto más provincial sea, es más universal. Y ese es el caso de este libro. En el caso de las novelas, creo que no hay universales. Cada novela pertenece a un tiempo y a un espacio precisos. También es un libro cercano. Intenté que el lector se sintiera en el mismo sitio con mis padres y los demás personajes que aparecen en Jerusalén.

SEMANA: En ese libro usted cuenta la historia de su madre, que se suicidó cuando usted tenía tan sólo 13 años. ¿Cómo fue relatar esa experiencia?
A.O.: La historia se narra a través de los ojos de un niño que cuenta las cosas que su madre hacía y que no entiende todas las razones que llevaron a su madre a tomar esa decisión. Mi padre y yo no hablábamos del tema después de su muerte. Con el tiempo entendí que entre las razones de su muerte estaban los traumas, el peso de la historia, el temor por el futuro.

SEMANA: Usted ha sido nominado varios veces al premio Nobel de Literatura. ¿Le ilusiona recibir ese galardón?
A.O.: Es un premio de gran importancia, pero ahora no pienso en eso. No sé qué pasara después.

SEMANA: ¿Qué lo llevó a ser escritor?
A.O.: Mi madre me contaba historias cuando era niño que alimentaban mi imaginación, y mi padre era un erudito que me enseñaba cosas. Ellos marcaron mi vida en ese sentido.

SEMANA: Siempre ha estado rodeado de libros, ellos también fueron una gran influencia en su vida.
A.O.: En nuestra casa nunca hubo opulencia o lujos, pero sí muchos libros. En aquellos tiempos en que se hablaba de la difícil situación en Palestina y de otro genocidio de los judíos, pensé en convertirme en un libro y no en crecer y ser un hombre. La casa estaba repleta de libros escritos por hombres muertos y pensé que si yo me convertía en un libro, podría sobrevivir en caso de otro genocidio. Aun si se quema un libro, algunas copias pueden sobrevivir en una biblioteca lejana. Me alegra saber que no me convertí en un libro.

SEMANA: ¿Qué le llama la atención de Latinoamérica, de Colombia?
A.O.: A Colombia la recuerdo por García Márquez, uno de los escritores galardonados más importantes. Es magnífico. Tiene la capacidad de ser cómico y trágico al mismo tiempo. También tengo mucha admiración por España y Latinoamérica, me siento cercano a su temperamento, siento una conexión especial con ellos.

SEMANA: Usted recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras. ¿Cómo se siente?
A.O.: Honrado. Es un premio importante para mí porque viene de una cultura a la que admiro.
 
SEMANA: Usted también se ha esforzado por la paz de la región. Y hace unos días firmó una carta junto a otros escritores en la que pidieron el cese del fuego. Ahora cuando israelíes y palestinos han vuelto a reunirse, ¿cómo ve la situación en la region?
A.O.: Veo que ahora hay una esperanza de paz. Los palestinos han asumido posiciones más pragmáticas y moderadas y están entendiendo que con el fanatismo de Hamás no hay esperanza.

SEMANA: Usted se ha pronunciado en contra del fanatismo en varias oportunidades.
A.O.: El fanatismo no conduce a ninguna parte, es un mal. Los fanáticos palestinos e israelíes son quienes le han hecho gran daño a la paz. Una persona que piensa que el fin justifica los medios es peligrosa.

SEMANA: En este momento palestinos e israelíes tienen diferentes ideas de la paz, ¿cuál es la suya? ¿Se debe dividir Jerusalén?
A.O.: Creo en una solución de dos Estados, más o menos en las fronteras del 67 porque tal vez habrá que hacer algunos cambios e intercambiar tierras. Jerusalén será la capital de ambos Estados, el palestino tendrá su capital al este de Israel y al oeste de la ciudad.

SEMANA: ¿Cuál es su opinión frente a Irán y a su presidente, Mahmud Ahmadineyad, que ha hablado de usar sus armas nucleares y de borrar a Israel del mapa?
A.O.: Irán es un peligro no sólo para Israel, sino para la humanidad.

SEMANA: Aunque usted ha vivido por temporadas en algunos países, siempre regresa a Israel. ¿Se siente satisfecho en el país?
A.O.: Aquí están mi familia, mis amigos y ha sido muy emocionante vivir. Presencié el nacimiento del país y he crecido con él. Hay estabilidad, aunque aún no se hayan trazado fronteras definitivas.

SEMANA: Trabaja en un nuevo libro, ¿de qué tratará?
A.O.: Prefiero no dar detalles.

SEMANA: ¿Qué sueño personal le gustaría cumplir?
A.O.: Que mi familia sea feliz y que mi país esté en paz.

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