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| 7/10/1989 12:00:00 AM

CONTRA LA CORRIENTE

La historia de un constructor de carros atacado por todos, en la última película de Coppola.

"Tucker, un hombre y su sueño"
Dirigida por Francis Coppola
Con Jeff Bridges y Martin Landau
El protagonista de "Tucker" es un inventor de automóviles. Logra, en los años cuarenta, un modelo grande, poderoso, veloz y elegante que bautiza como el "carro actual del futuro", para la gente que quiere soñar. Preston Tucker, interpretado con ganas por Jeff Bridges, es un rebelde y a los pocos días de estar diseñando ese modelo, acompañado por la mujer, los hijos, los parientes y un inversionista que se convierte en su mentor administrativo (es Martin Landau, candidatizado al Oscar por este papel), descubre que está caminando por un sendero prohibido porque tanto el gobierno federal como los grandes industriales lo miran como un intruso, como un enemigo peligroso que debe ser aplastado enseguida. Es que no le perdonan su imaginación agresiva, su sentido del humor y la buena vida, sus ganas de estar contento todo el tiempo mientras en un taller improvisado va surgiendo esa hermosa máquina de la cual se llegarán a construir unos pocos ejemplares, que algunos románticos guardan en sus garajes todavía. Coppola entre ellos.
Para quienes conozcan la carrera y la vida del director Francis Coppola, no les será difícil comprender que esta película es más que la historia de un constructor de automóviles de colección. Coppola, a través de este hombre y sus sueños, ha contado también la historia de su vida como director en un Hollywood que no lo entiende, le da la espalda y en ocasiones frena sus mejores proyectos sólo porque no garantízan antícipadamente un buen recaudo en la taquilla. Coppola, quebrado financieramente muchas veces y vuelto a levantar, autor de películas como "Apocalipsis ahora", "El padrino", "La gente de la lluvia", "La conversación", "Jardines de piedra" y otras obras maestras de sensibilidad y audacia, promotor de nuevos talentos y actualmente radicado en Italia -donde piensa que lo entienden más-, ha sido un segundo Tucker, enfrentado a esa maquinaria de los grandes estudios de cine mientras otros realizadores, más complacientes y menos rebeldes, han sido financiados para proyectos mediocres. La hermosa e inquietante fotografía de Vittorio Storaro, con esa cámara que nunca está quieta, que busca incansablemente la acción, convierte la película en uno de los grandes acontecimientos de los últimos meses. Para repetirla.

"Un policía fuera de serie"
Dirigida por Pat O'Connor
Con Kevin Kline, Susan Sarandon y Mary Elizabeth Mastrantonio
Antes de mirar esta divertida película, el lector debe saber que el guíonista se llama John Patrick Shanley y se ganó un Oscar hace un año por su trabajo en "Moonstruck" o sea que, "Un policía fuera de seríe" está apoyada en una generosa atmósfera humorística, romántica y hasta excéntrica. Es que sus personajes no son comunes, viven bajo presión y reaccionan como animales excitados. Está el protagonista, Nick Starkey, un bombero convertido en héroe al rescatar una niña de un edificio en llamas, antiguo policía y ahora llamado a descubrir una serie de crímenes contra mujeres solitarias; está su hermano, el comisionado (Harvey Keitel), casado con la mujer (Susan Sarandon) por quien el otro sigue enloquecido; y está el alcalde de la ciudad (Rod Steiger), y su hija rebelde (Mary Elizabeth Mastrantonio, todavía se le recuerda por su papel iniciático en "El color del dinero", de Scorsese). Son personajes que chillan, gritan, hacen trampas, presionan a los demás, se esconden, se asoman y sobreviven a sus propios fantasmas.
Aparentemente la película es del género policíaco, con este bombero que recupera su chapa de policía y su pístola y le tiende la trampa al asesino. Aparentemente porque el protagonista es un auténtico loco y le exige al hermano que, para aceptar la investigación, debe permitir a su esposa que cene con él en su apartamento. Y cuando el espectador, torpemente, piensa que estará ante una escena sexual se topa con un momento que habla demasiado de la sensibilidad del guionista y el director: Starkey le prepara a la hermosa y sensual mujer una cena curiosa, compuesta por rodajas de pulpo en su tinta mientras haciéndola callar con un gesto sutil, la invita a que escuche cómo el vino respira, está vivo.
La verdad es que los crímenes de ese maniático que ataca durante el mes de enero en una zona específica de Nueva York, la cacería, el suspenso, el miedo, las escenas de los cadáveres y todo lo demás, son un simple pretexto para la otra crónica, la crónica de los sentimientos y las vivencias de un solitario como Starkey para quien ni el miedo ni el peligro ni la sangre ni los disparos ni la violencia tienen tanta importancia como el cuerpo tibio de esas mujeres que lo adoran porque tiene el aspecto de un gato asustado, bajo la lluvia de un invierno inacabable.
Es grato encontrarse, como en un paréntesis de la cartelera de mitad de año, con dos películas tan sensibles y tan inteligentes como estas, con personajes que se rebelan y aman, y no le temen sino a los sueños perdidos.









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