Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2010/08/14 00:00

Contra todo protocolo

La banda Puerto Candelaria avanza sobre la fórmula que creó hace casi una década: humor y repentismo paisa aplicado al jazz.

Contra todo protocolo

“¿Sabes dónde queda Puerto Can-delaria?”, suele preguntar el pianista Juancho Valencia al comenzar los conciertos. A lo que los demás músicos responden al unísono, llevándose un dedo a la cabeza: “En la imaginación de los músicos de Puerto Candelaria”.

Está todo dicho. Cuando un artista es capaz de crear un mundo propio ya no tiene obligación de parecerse a nada ni a nadie, y solo se somete a las reglas que él mismo va creando o quebrantando. En ese juego anda Puerto Candelaria desde hace casi una década, cuando irrumpió en la escena del jazz nacional aportando su dosis de irreverencia. Todavía se recuerdan sus disfraces, sus chistes y ese vanguardismo un poco altanero que le valió la descalificación del Festival Mono Núñez en 2001.

Vuelta Canela, su más reciente producción, se parece mucho al disco anterior. Si quisiéramos aplicar los viejos términos disqueros, diríamos que es ‘el lado B’ de Llegó la banda: una continuidad en su decisión de hacer reír al tiempo que nos ofrecen buena música y alguna reflexión cargada de ironía. Los elementos nacidos de la imaginación de sus músicos siguen estando presentes y suenan aún bastante frescos.
Hay humor de toda clase, desde el juego de escribir una canción entera solo con la letra o (“rompo todo protocolo / compongo joropo poco ortodoxo”) hasta imaginativos ejercicios musicales, como tocar una cumbia soplando diez botellas (que es un éxito en sus presentaciones en vivo).

No obstante, a la salida de un concierto alguien preguntaba: “¿Eso es jazz?”. ¡Ah, la pregunta del millón! Si el jazz es improvisación, digamos que esta aparece más en los chistes que en las melodías. Por instantes se parece más a esos ritmos encaprichados y pegajosos que creaba el maestro Pacho Galán, como el merecumbé, el tuqui-tuqui y el mecemece. Pero ahí está justamente la ventaja de crear un mundo propio: Vuelta Canela es un dolor de cabeza para los obsesivos de las definiciones y un despreocupado deleite para los buscadores de nuevas formas.

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