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| 6/20/1988 12:00:00 AM

A COOPERAR

Toda la problemática del desarrollo cooperativo en el país, en el libro de John Sudarsky.

Las utopías sociales recorren la historia de la humanidad desde los más remotos tiempos de la antiguedad. El espíritu humano, elevándose sobre las contingencias terrenas, ha imaginado en todo tiempo formas de organización comunal inspiradas en el idealismo y a la vez en una alta noción de la libertad. Algunas utopías han estado determinadas por aspiraciones religiosas y morales, otras por conjeturas de asociación matrimonial y las más realistas por consideraciones en el orden de la justicia social. Los esfuerzos orientados a hacer de tales utopías proyectos posibles de una realidad, en el siglo XX, se han traducido en la experiencia cooperativa. Puede decirse que la idea de las cooperativas es una consecuencia directa y legítima de tales utopías. Y es quizás el proyecto comunitario más realista en nuestra época, dentro del sistema capitalista. Pero aun así no ha dejado de ser un proyecto útopico, en su sincronización ideal con el desarrollo social común. Esta es en el fondo la conclusión a la que puede llegarse tras la lectura del libro de John Sudarsky acerca de "El caso de las cooperativas". Desde su título el autor señala una de las razones capitales del posible fracaso de estas formas de desarrollo comunal: "Clientelismo y desarrollo social", o sea, como quien con el título establece como hipótesis dos fuerzas antagónicas en conflicto. Según Sudarsky, la puesta en marcha de las cooperativas puede llegar a ser un importante motor de desarrollo, siempre y cuando supere el mal endémico del clientelismo que se opone al desarrollo social.
Redactado como tesis doctoral en la Universidad de Harvard, el libro de Sudarsky es un estudio amplio y minucioso de las teorías que acerca de las cooperativas se han venido formulando en los últimos 30 años, especialmente en Estados Unidos; pero es también una descripción crítica de cómo los proyectos cooperativos emprendidos en Colombia han tropezado con no pocos obstáculos. Estableciendo el marco sociológico de la sociedad colombiana actual, Sudarsky estudia a la luz de los autores clásicos en la materia, las variadas formas como la acción de las cooperativas puede llegar a ser un elemento activo en los programas de desarrollo del país. En este sentido el libro es el primer aporte serio, sistematico y significativo que conocemos en el campo del cooperativismo. El caso de las cooperativas promovidas por la Corporación Financiera Popular, sirvió al autor para presentar un modelo de "investigación-acción", con sus consecuentes observaciones y conclusiones. Su experiencia durante varios años, lo autoriza para hablar con propiedad de la forma como estas organizaciones han podido conformarse, pero también lo autoriza para señalar cómo se han disuelto en su fracaso. Hay en el libro ejemplos alarmantes. Ellos nos dejan ver cómo el oportunismo, la política mal entendida y peor practicada, la politiquería, el clientelismo, el síndrome del fracaso, el egoísmo, la mala fe y otros cuantos vicios nacionales, son elementos disolventes frente a proyectos que buscan a través de las organizaciones cooperativas, el bien común.
Si las cooperativas quieren, como afirma el autor, servir de instrumento para el desarrollo equitativo, con su capacidad de formar ahorro, crear "economías de escala" y cumplir con su función de articulación social y económica, también hay que ver en ellas su capacidad propiciadora de significativos procesos de "aprendizaje social". Y es que ésta es una importante noción: que pueden desarrollar su fuerza cohesionadora en un país cada vez más disociado en su incapacidad de fijar metas comunes y en su miopía para reconocer que lo que conviene a la sociedad conviene al individuo.
Como si fuera poco, el Estado interventor, como lo señala el autor, es otro factor que al actuar sobre los proyectos cooperativos tiene, generalmente, un efecto desvertebrador. La burocracia, nuevamente el clientelismo y el desvío de recursos son entre otros, los efectos de la acción del Estado sobre organizaciones cooperativas que buscan su propia dinámica.
Sólo habría que reprochar al libro de Sudarsky algunas bases para sus conclusiones. Ellas provienen, en buena medida, de las teorias norteamericanas (de donde proviene su doctorado). Allí el tipo de estructura organizacional tiene, obviamente, unas características muy diferentes a las nuestras. Así difícilmente puede pensarse que en la aplicación de modelos que pertenecen a otra racionalidad y a otro grado de desarrollo -incluso a otra mentalidad-, esté la solución para ser trasplantada a nuestro medio, aunque en aquellos modelos veamos la posible realización de una utopía.

E.P.
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