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| 6/11/2011 12:00:00 AM

Corazón de tambor

Totó la Momposina ofrece ahora su música en DVD: un concierto emocionante y varias imágenes de su tierra natal.

Al comienzo del documental La cantadora, vemos a Totó la Momposina navegando en una chalupa por el río Magdalena y entonando las estrofas de La mojana. La grabación de audio es tan fiel que alcanzamos a sentir la resonancia de su voz aguda sobre la superficie del agua (un fenómeno que ya han explicado folcloristas como Michael Birenbaum) y un eco que, al final de cada verso, resuena entre los manglares. Con el reciente fallecimiento de Esthercita Forero, la compositora de La mojana, la escena se enriquece y nos produce nuevos escalofríos.

No obstante, el documental se ocupa primordialmente de registrar un concierto de Totó en Inglaterra en 2005. Once canciones nos ilustran la dinámica de esta cantadora y su banda, dentro de la cual hay algunos integrantes de su familia: "Nacimos ensayados", diría en broma en una presentación en Barranquilla el pasado mes de febrero, refiriéndose a la facilidad musical que exhiben sobre el escenario. Al final de La cantadora sabemos que no es así. La hemos visto supervisando talleres de percusión y dirigiendo a sus músicos con una mezcla nada fácil de mano firme y sabrosura que, quizá, sea el secreto de todo.

Las cámaras la siguen por Cartagena, Mompox y Barranquilla, la acompañan todo el tiempo en el escenario de Inglaterra y aún en el remate de concierto que se parece más a una rueda de cumbia que a un recital formal. ¿Qué tan fácil fue permitir esa intrusión en cada instante de su vida? "Había que hacer como si las cámaras no estuvieran ahí", me contestó con ese pragmatismo alegre que exhibe siempre, y lo cierto es que el documental está bañado de naturalidad.

Los especialistas y los más fanáticos, incluso, podrán hacerse a una idea del momento creativo por el que pasaba Totó cuando estas imágenes fueron captadas: ya ideaba el repertorio del que sería su siguiente disco, La bodega. Tres canciones, entre ellas un homenaje a Pablo Flórez (quien aparece en una escena muy emotiva del documental), empezaban a probarse frente al público antes de entrar formalmente al estudio de grabación.

Tal vez el único reparo es que, al final del DVD, uno quisiera haber visto más. La música es magnífica, pero las secuencias sobre la vida de Totó en su natal Talaigua, sus reflexiones sobre la importancia del baile y su lección sobre los ritmos afrocolombianos resultan en extremo cortos, pensados apenas como interludios para la música y no como temas completos.

Hay una secuencia fascinante sobre la fabricación del tambor alegre, comenzando con la tala de un árbol y la reflexión del percusionista Marco Vinicio acerca de cómo el árbol muere para luego vivir en el sonido de la música. Antes hemos visto a Totó sentada frente al tambor ya terminado, explicando que "hablar del tambor es hablar del corazón, de algo sagrado". De haber profundizado en más momentos así, sería sin duda una producción entrañable. Pero, claro, está la música: once canciones completas (incluida una versión de nueve minutos de Prende la vela), con sonido óptimo, resultan siendo lo más cercano a un concierto en vivo de Totó la Momposina, con todo lo que esto significa para el corazón.
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