Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1982/11/08 00:00

CORTO CAMINO AL CINE COLOMBIANO

Focine impulsa política para mejorar la calidad de los cortometrajes colombianos

CORTO CAMINO AL CINE COLOMBIANO

Nada más desalentador que llegar a cine temprano y ver los actuales cortometrajes. Prefiere uno quedarse charlando en la puerta, fumando o mirando los"cuadros" de los próximos estrenos. Mucha gente se pregunta: ¿"Por qué este martirio"? y algunos desean que se los trague la tierra.
Contra lo que se piensa, la culpa de la calidad, casi en su totalidad, es del gobierno, no de los cortos mismos, porque el estímulo que se creó para protegerlos como lo que son (escuelas de cine) no paso de ser una ayuda económica, que ha caído en malas manos, y unas leyes que se establecieron para su desarrollo y evolución hacia el largometraje que si se publicaron no se han controlado jamás.
El "sobreprecio" se creó en 1972 y fue manejado por la Corporación Financiera Popular y el Fondo de Fomento Cinematográfico al pie de la letra económica: recaudar el impuesto para prestar a los largometrajes. Los costos se dejaron al libre albedríó de una junta de calidad que calificaba aparte el montaje y la edición (siendo sólo sinónimos).
A la deriva, las pequeñas películas de doce minutos quedaron reducidas a siete por efecto de los distribuidores y proyeccionistas, los unos por querer menos para más y los otros por salir más rápido del trabajo; se estancaron en "documentales" tipo Villa de Leyva, porque es más barato ir con una cámara y un ayudante que montar un cuento de época pagando actores, sonidistas, luces, etc; y produciéndose a la velocidad del rayo para poder recuperar la inversion a un año vista con mínimas ganancias. Se dan casos de cortos que han durado realizándose más de seis meses, han costado $450.000 y se han tenido que vender por $550.000, siendo la utilidad real de más o menos un millón de pesos y de algún otro que por ser para mayores de 18 años no fue comprado, pero sí distribuido, recibiendo al año tan sólo $180.000 habiendo costado tres veces más.
La promoción del cine nacional es una labor del gobierno. Nadie más puede hacerlo. Quizás por ésto, hacia 1979, se creó Focine, la Cía. de fomento cinematográfico. Durante casi tres años, su labor se remitió a publicar revistas especializadas en crítica y a prestar para largometrajes paladeando apenas la necesidad de una experiencia general en todos los ramos de la producción.
Aunque en aumento, y así debe ser, los largos se convirtieron en escuelas mucho más costosas que los sobreprecios. De esta manera, el espectador quedó condenado a ver cortos de baratillo y a pagar, cuando se conseguía la distribución y exhibición, por "planas" mal hechas de largometrajes.
Hoy en día el mismo FOCINE arregla las cargas y lo hace de una manera tan vigorosa que si los proyectos se llevan a cabo, los veinte años que Embrafilme de Brasil sufrió para conseguir el nivel de calidad promedio que ostentan en su cine, se convertirán, para nosotros, en mucho menos de la mitad de acuerdo con la rapidez con que se pongan en práctica las nuevas políticas.
Alberto Forero, abogado javeriano, miembro anterior de la junta directiva de Focine, llegó a esta institución a arreglar todas las tres patas del trípode: producción, distribución y exhibición y a interrelacionar los dos aspectos más importantes del cine: los cortos para los largos.
El decreto que conozco se refiere a los cortometrajes, pero no es otra cosa que un trampolín para caer directo en la piscina de las historias bien contadas que nos permitirán presentar nuestra propia propuesta a latinoamérica y después al mundo.
El decreto comienza por definir el sobreprecio: "Es un sistema especial de asignación porcentual de una parte del precio de la boleta de entrada a las salas de cine establecido con el fin de fomentar y estimular la producción cinematográfica nacional".
La política que presenta tiende a mejorar, de hecho, la calidad del cortometraje en general y del argumental en particular y esta es la primera gran ventaja. Hasta el momento, los documentos (con honrosas excepciones) apenas si tienen como materia de investigación los libros de turismo o los informes de los Ministerios e Instituciones Descentralizadas. Un verdadero documental como los que usted ve en los episodios del National Geographic o en Naturalia ha demorado meses y aún años en su realización no sólo utilizando un equipo técnico, sino también acudiendo a verdaderos expertos en la materia, con lo cual los costos suben aún más que las películas comerciales corrientes. Aquí se "raspa" el tema y tan contentos.
Favorecido el argumental, el cine comercial próximo a aparecer en las pantallas en el próximo año, va a recibir directamente los impulsos de calidad de un medio experimentado, permitiendo a los directores elementos de trabajo con los cuales poder ocuparse más de lo suyo y redundando en un cine sin errores técnicos y con ideas propias. No se pretende de ninguna manera que desaparezcan los documentales, se busca que estos realmente lo sean. La única manera será invertir dinero.
La parte más interesante del decreto es, quizás, la relacionada con la producción: cada productor tendrá asegurado el reembolso de su dinero y una cantidad determinada de utilidad para incentivar más producciones; y cada cortometraje debe tener el máximo de trabajadores del cine que el mismo permita: director, artistas, guionistas, editores, sonidistas, maquilladores, etc..., eliminándose así las películas de un solo autor, el hombre que lo hace todo, y permitiendo que cada persona desarrolle en forma permanente su trabajo. Aquí comienza a configurarse una verdadera "escuela de cine".
Lo anterior borra los grupos cerrados que hasta el momento no han producido nada excepcional, pero abre las puertas a la magia del cine: artistas, directores y demás personal comenzarán a brillar, unos para el público que los podrá distinguir, otros (los técnicos) entre ellos mismos como sucede en cualquier país del mundo. Desaparece la clasificación 1A y 1B. La junta de calidad queda facultada para aprobar o rechazar (?) un cortometraje. El peligro es que a la larga esta nueva junta sera quien decida "qué" es cine nacional. Los cortos que tengan calidad de exhibición entrarán en concurso cada seis meses, siendo premiados los de excelente calidad con mejores ganancias. Los cortos tendrán un número límite de copias con lo cual los espectadores no tendrán que estar viendo la misma película de por vida. Lo anterior explica que habrá más producción porque cada sector de la producción estará realmente estimulado.
Por ahora, lo cierto es que los espectadores tienen que prepararse. Se van a presentar cortos muy raros, vendrán siete o quince minutos de película que en nada le tendrán que envidiar a Cantinflas. Se van a reir mucho viendo estos ejercicios colombianos. Pero, de pronto, un día allí entre el barro y la maleza, una esmeralda verde y refulgente comenzará a brillar. Para ése entonces tendrá una alternativa nacional para ir a ver en nocturna entre semana. No tendrá que leer cine, lo verá.--
Henry Laguado.

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