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| 7/5/1982 12:00:00 AM

COSA DE MAGOS... O DE BRUJAS

"Las Brujas de Salem": una inteligente diatriba contra el dogmatismo, montada en Bogotá con excesiva prisa.

"Las brujas de Salem"... de Arthur Miller. Montaje: Teatro Libre de Bogotá.
Dirección: Ricardo Camacho y Germán Moure.
En la pequeña población de Salem, estado de Massachusetts, se presentó a mediados del siglo diecisiete un sonado caso de persecución contra varias familias acusadas de brujería. Dentro de la sociedad puritana y calvinista de esa época en los Estados Unidos, la brujería y las prácticas ocultas eran castigadas con la pena de muerte, lo mismo que en la España católica e inquisitorial y en la América colonizada por ésta.
El dramaturgo norteamericano Arthur Miller tomó los antecedentes de esta cacería de brujas y escribió una obra de teatro en 1953, justo en la época cuando el senador McCarthy desataba una intensa campaña contra los simpatizantes o adeptos del Partido Comunista en Norteamérica. Según las declaraciones de Miller cuando estuvo en Colombia en abril pasado, escribir y hacer el montaje de "Las brujas de Salem" representaba su mínimo aporte contra el atosigamiento político del macartismo.
En un bosque cercano a la villa de Salem, varias muchachas provincianas se entregan a la danza en medio de la noche. El clérigo Samuel Parris, nuevo vicario de la comarca, sorprende a las muchachas en el ritual y ellas huyen despavoridas. Al día siguiente, Betty Parris. La sobrina de Parris, quien tomó parte en la fiesta del bosque, cae enferma con extraños ataques y alucinaciones que todo el, pueblo enterado de lo que ocurrió la noche anterior atribuye a una posesión satánica. Este es el punto de partida de la obra de Miller, que se extiende a lo largo de tres horas. En la confusión de la enfermedad de Betty Parris y de otras muchachas que también participaron en el baile (prohibido en la sociedad puritana), comienzan a acusarse entre sí, hasta que interviene la fuerza civil.
Sigue un proceso en el que cada vez son involucradas más personas y todo el pueblo resulta convicto de tomar parte en aquelarres demoníacos. Hay muchas cosas que quedan ambiguas en la obra de Miller. Hay en ella lugar para los escépticos y para los que creen en realidad en las travesuras de Satán. Pero es esa ambiguedad, precisamente, la que da el tono al drama y lo constituye en una pieza de actualidad.
El grupo de planta del Teatro Libre de Bogotá (TLB) viene presentando la obra de Miller la más representada de este dramaturgo en su sede de la Candelaria y ahora en el Teatro Nacional hasta el 13 de junio. Según Germán Moure, uno de los directores del TLB, se decidió el montaje de esta obra por dos razones: "Una, por ser una excelente pieza de teatro contemporáneo y dos, por el interés del tema que trata de la intransigencia y el dogmatismo exacerbado y ciego."
La puesta en escena de "Las brujas" le requirió al TLB un estudio de seis meses y la participación total de 20 actores de planta. Todo este trabajo, sin embargo, no se ve compensado a satisfacción y presenta muchas deficiencias. Aunque el argumento podría presentarse para algunas libertades interpretativas, el grupo optó por una gran rigidez y fidelidad al texto de Miller, que descomponen el montaje y después de hora y media el espectador comienza a sentirse incómodo y cansado. El desarrollo de la trama se pierde en algún momento por falta de una mayor claridad en los diálogos y los personajes se hacen difusos y no tipifican verdaderos caracteres.
Una escena --cuando las muchachas acusadas de brujería prorrumpen a gritos en la corte-- es más apropiada para una obra de teatro de colegio que un montaje serio y profesional. Esta misma escena podría presentarse con efectos más creativos que un aspaviento desordenado e infantil que busca la hilaridad entre el público. Dos o tres actores hacen más soportable la obra: Héctor Bayona (el campesino Thomas Putnam), Cristina Penagos (la criada Mary Warren) y Humberto Dorado (el juez Danforth, quien luce demasiado profesional comparado con el resto de actores).
Uno de los problemas con que se enfrenta el TLB es su afán de montar demasiadas obras en poco tiempo. Mientras presentaban "El rey Lear" ensayaban "Las brujas de Salem". Mientras presentaban "Las brujas de Salem" ensayaban "La farsa y licencia de la reina castiza" y preparan el reestreno de otras dos. Hacer buenas cosas a ese ritmo es cosa de magos. O de brujas.
Valentín González.
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