Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1990/07/09 00:00

COSAS DE LA VIDA

Llegan dos cintas que se burlan de las pequeñas tragedias cotidianas.

COSAS DE LA VIDA

El escenario está ubicado en un club nocturno. Un grupo numeroso de parejas está bailando mientras la cantante rubia, acompañada por uno de los hermanos Baker, interpreta una canción melosa, pegajosa, romántica. La cámara que viene colgando del techo logra una toma panorámica desde arriba y sin que el espectador lo note, comienza a descender, a espaldas de la cantante, sin un solo corte, sin una sola duda.
Luego la sigue hasta cuando se trepa, vestida de rojo, al piano y canta y baila y se mueve como un animal en celo y el público, el que está en la oscuridad de la sala y el que está dentro de la película, siente la carga de electricidad, se siente conmovido. La escena queda como uno de los gratos y numerosos recuerdos de una película que le sirvió a la actriz, Michelle Pfeiffer, para ser nominada al Oscar y al director de fotografía Michael Balhaus con la misma distinción.

El tema no es nuevo, pero está tratado con tanto humor, con tanta delicadeza, con tanto gusto, que el espectador es atrapado por la crónica que sigue de cerca las andanzas de estos hermanos Baker (los actores Jeff y Beau Bridges actuando juntos por primera vez), quienes 15 años después de tocar ante bailarines y contertulios que no los miran, que los oyen en hoteles lujosos y centros de mala muerte, deciden tomar una cantante y luego de escuchar más de 30 desastrosas aspirantes se inclinan por esta rubia que también es prostituta.
A través de ella, de su cuerpo, de su sentido de supervivencia, de sus ganas de esquivar los nuevos golpes, comprenden que esos 15 años han sido malgastados. A través de esta mujer, llamada Susie Diamond, reexaminan sus vidas, se miran al espejo y comprenden que están en medio del fracaso más rotundo. La película ha sido realizada por alguien que tiene 27 años de edad y ninguna experiencia en el cine. Por eso la historia y el tratamiento son románticos, delicados, llenos de humor y música y soledad. Michelle Pfeiffer opaca con su personaje a los otros dos, y éstos, como en la historia contada, se dejan arrastrar por tan hermoso ser.

"Sorpresa de amor" Dirigida por Alan Rudolph Con Tom Berenger, Elizsbeth Parkins.

El cine del norteamericano Alan Rudolph (director de "Los modernos" y "Wellcome to L.A.", entre otras) es así, un laberinto divertido, un juego, una mirada a las apariencias de la vida. Es también una búsqueda de respuestas que nunca son dadas y por eso su nueva película contagia al espectador con esa carga de humor negro que desde las primeras consecuencias ya anticipa la diversión.

Una mujer seductora y exquisita contrata a una detective privada para que siga a un hombre de pelo blanco.
El detective se equivoca y organiza la cacería de otro y descubre lo que no debía descubrir. Y mientras organiza esa información, la vida cotidiana se le enreda cada vez más.

Un clavo saca otro clavo, dice el refrán, y en este caso un enredo provoca otro enredo porque el detective, ayudado por una ingenua y preciosa colega, descubre que a su vez, él también está siendo seguido pero por otros motivos. Rudolph se burla de los detectives, las esposas engañadas, los maridos infieles, los policías curiosos y las ciudades llenas de sombras y vericuetos peligrosos.
Berenger (el estupendo actor de películas como "traicionados" y "Ritos satánicos", mal utilizado en otras situaciones), es el típico detective con su voz ronca, su gabardina y ese aire de Columbo que Rudolph resalta cada vez más. Anne Archer (la esposa de "Atracción fatal"), es una caricatura de las típicas mujeres que piden que sus maridos sean vigilados. Y el otro marido, el que mantiene su casa en la ciudad y al mismo tiempo se emociona con la rubia que lo espera en una finca, se convierte poco a poco en un auténtico enigma, enigma que no inquieta a los detectives sagaces. Será el mismo espectador quien desde la butaca aporte las pistas y elementos que hacen falta para completar el paisaje.-

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