Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 2012/12/27 00:00

Cosecha de Bolívar y Ferrera en el festival

Faena de conocimiento y temple del torero colombiano, mientras que el diestro español dejó ver en todos los tercios esa personalidad que bulle. Desigual comportamiento del encierro de Fuentelapeña.

. Foto: Archivo Semana

Dos triunfadores, sí, solo que con un peso específico diferente. Por un lado, el relumbrón y la puesta en escena de Antonio Ferrera, aquellos con los que pone a hervir las plazas y que nace de lo más hondo de su corazón torero. Por el otro, esas dos orejas que Luis Bolívar recogió en sus manos y que no parecían pesar tanto como lo que valen en realidad, porque las hizo, paso a paso, hasta quedarse con ellas, en un dictado en el que bien se resume el oficio de una temporada, la suya.

Así las cosas, bien vale comenzar a mirar la historia de la noche desde el cuarto de la corrida – una corrida desigual esta de Fuentelapeña, mírese como se mire -, aquel al que Luis estudió, mientras le iba metiendo mano para hacerlo suyo, lo que consiguió, no de cualquier manera.

Porque hubo un abismo entre ese animal suelto de salida y ese otro, aquel que, por momentos, se dejó ver bien en la muleta del torero nacional. Y para llegar a esa meta, hubo un prólogo fundamental: la suavidad en los lances. Fue ese el primer toque para advertir que había de dónde. Y con esa convicción, aunada a ese estar siempre con el toro, en total función de él, surgió esa otra parte de la faena: la de la ligazón y el temple, unidos los dos conceptos en la lentitud, la de las cosas grandes.

Sólo que alguien vio más de lo que sucedía y asomaron las exageradas peticiones de indulto, que el mismo toro se encargó de apagar, cuando eligió las tablas a la hora del cierre. Vino el espadazo y ese premio justo y merecido para quien mostró cuánto de lidiador yace ya en la joven cabeza de Bolívar.

Lo de Antonio tuvo otros rasgos. Desempolvó suertes del capote rodillas en tierra y pegó después tres verónicas que sacaron algunos suspiros de colegas en el callejón. Se trepó enseguida en el caballo y picó a ley. Puso las banderillas con esa marca ‘made in Ferrera’ que es célebre hace rato y vino entonces el desafío de buscar la comba a un madero que comenzó a torcerse: la del toro que ahora buscaba cortar caminos. En medio de esas circunstancias, hubo mérito los redondos que consiguió sacar. Dos orejas, también a ley; eso sí, en lo suyo.

Del resto, poco que contar. Javier Castaño distó mucho de su estreno. Guardó tantas precauciones con el tercero que terminó más movido y alejado de la cuenta. La gente fue generosa con él y levantó una tibia petición que la Presidencia compró de contado. Una oreja. Excesivo premio.

Paco Perlaza puso todo en el asador y mereció mejor suerte que ese segundo ejemplar del festival, un animal rebrincado y mirón que le tocó en, mala, suerte. Su esfuerzo encontró una ovación con la que se premió, además, esa variada sesión de capa que alegró los tendidos.

David Mora intentó sacar más que las medias arrancadas del sexto y por eso logró arrancar oles atragantados en su turno. Vuelta al ruedo en agradecimiento. Mientras que Iván Fandiño encontró lo más parecido a una alimaña. Lo que, para nada, justifica su determinación de salir de ella de cualquier manera con la espada. Justos pitos los que la clientela dejó caer sobre él.

Ficha del festival

Feria de Cali 2012

Seis ejemplares de Fuentelapeña, desiguales de presentación y comportamiento. De menos a más el cuarto, que al final se rajó. Con movilidad el primero, aunque complicado al final. Mansos segundo y quinto. El tercero sin trascender y de medias arrancadas el sexto.

492, 440, 468, 450, 468 y 480 kgrs

Antonio Ferrera

Dos orejas

Paco Perlaza

Ovación

Javier Castaño

Una oreja

Luis Bolívar

Dos orejas

Iván Fandiño

Pitos tras aviso

David Mora

Vuelta al ruedo

Detalles:

Media entrada en noche calurosa.                                               

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